Bolivia nos marca el camino

Por una huelga general contra el serrucho de Milei. Nota de tapa de Política Obrera N° 144 edición impresa.

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La rebelión de los trabajadores y campesinos de Bolivia aún se encuentra en desarrollo. Pero ya nos deja conclusiones.

En primer lugar, es una bofetada al mundo de los lugares comunes, que atribuían una victoria ‘cultural’ a la ultraderecha, o sea a una conquista ‘ideológica’ de las masas.

La salida ‘monotributista’ del individualismo se ha pulverizado con el ascenso espectacular de la miseria social y del avance mundial de la guerra imperialista.

En Argentina, las burocracias sindicales de todos los pelajes, y sus mandantes políticos en el peronismo, el kirchnerismo e incluso en la “izquierda” se montaron en el argumento de que Milei había “conquistado” a la población trabajadora, para promover el inmovilismo. “La situación no da”; este pretexto ha servido para llevar a la derrota a los obreros de FATE.

Pero al “Milei boliviano”, la ‘victoria cultural’ no le ha durado seis meses. Los tarifazos en los combustibles y la perspectiva de una vasta confiscación de tierras agrarias ha desatado un movimiento de huelgas y piquetes, que desafía al gobierno derechista de Paz Pereira. El fascistoide boliviano ha respondido en su ley: con maniobras de cooptación hacia las direcciones de lucha, por un lado, y acciones represivas contra los obreros y campesinos de los piquetes, por el otro.

Milei ha respondido a esta rebelión como lo hicieran Bullrich y Macri en 2019: enviando pertrechos para la represión, disfrazados de supuesta “ayuda humanitaria”. Ahora lo hace bajo los términos del “Escudo de las Américas”, el acuerdo militar pergeñado por Trump para colocar a las Fuerzas Armadas y de Seguridad de los gobiernos derechistas bajo la batuta del Pentágono.

En los valientes bloqueos de los explotados del Altiplano, aflora la memoria revolucionaria de su clase obrera. En Bolivia avanza la huelga general, o sea, la huelga política de masas. Es también la consigna más oída en las columnas de las marchas masivas en Argentina.

Es precisamente cuando la lucha adquiere un carácter de masas, que se manifiesta con fuerza su crisis de dirección revolucionaria. En lugar de militar los bloqueos y las huelgas para crear un poder obrero frente al poder del Estado, las corrientes ‘nacionales y populares’ de Bolivia, e incluso las izquierdistas, buscan una salida dentro del sistema. Por encima de estas corrientes operan Trump, China y Alemania para quedarse con el cobre, el oro, el litio y los minerales raros de Bolivia.

En oposición a las roscas ‘nacionales, populares’ e izquierdistas, es necesario desarrollar en el curso de la lucha a las organizaciones “de doble poder” -comités, coordinadoras, asambleas autoconvocadas-. En Bolivia no está planteado el destino de un gobierno, sino una cuestión de poder político.

Movilicemos con toda fuerza la solidaridad internacionalista con los trabajadores de Bolivia.

Fuera Trump de América Latina, rechacemos el asalto imperialista a Cuba.

Por la Unidad Socialista de América Latina.

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