Escribe Marcelo Ramal
Las privatizaciones desatan otra guerra interna del clan liberticida.
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Sin que se haya apagado el escándalo de las propiedades de Adorni, la pelea de bandas liberticidas ha sumado un nuevo capítulo. El “asesor sin cartera” Santiago Caputo ha ventilado una larga lista de posteos provocadores contra él y su camarilla, emitidos por Martín Menem y los trolls de Karina Milei. La pelea volvió a paralizar al Gobierno y a su “mesa política”, que levantó sin fecha una reunión. Si es cierto que se trataría de un choque de apetitos personales, no lo es menos que Caputo, Milei o Menem son sólo comisionistas de corporaciones capitalistas que se disputan el mercado mundial, incluso con misiles. Detrás de la “interna” del gobierno, está la pelea por el destino de las privatizaciones y concesiones que han anunciado Milei y Caputo. El ingreso de dinero por estos remates, para cumplir con las “metas fiscales”, ha sido la justificación que ha dado el Gobierno, como si hubiera alguna relación entre el bajo aporte de las privatizaciones, por un lado, y el agujero creciente del déficit fiscal, por el otro, a consecuencia de una hemorragia cotidiana de recaudación. El mayor privatista de la historia, Carlos Menem, gobernó una década con un déficit fiscal ‘indomable’, que financió, como Milei, con deuda pública. En torno a las ventas del patrimonio público, se ha desatado un choque de intereses capitalistas que se cruza con la múltiple guerra internacional arancelaria, financiera y militar.
El primer botín a rematarse ha sido la transportadora de energía Transener, donde el Estado vendió su parte por unos 350 millones de dólares. La adjudicataria fue la empresa Edison Energía, que tiene como principales accionistas a los hermanos Neuss. Este clan familiar, estrechamente ligado a Santiago Caputo, ha venido comprando centrales eléctricas en diferentes puntos del país. Pero los Neuss se asoman en otra concesión privada de mayor alcance, el mantenimiento de la Hidrovía. Este estratégico corredor fluvial, por donde pasa el 80 % del comercio exterior argentino y de los países tributarios, acaba de abrir los sobres de una licitación donde compiten dos empresas de origen belga, Jan de Nul y Deme. De Nul ha sido la operadora privada tradicional de la Hidrovía. Según diversas denuncias los pliegos de la licitación, redactados por funcionarios que responden a Santiago Caputo, están hechos a la medida de De Nul. Entre los subcontratistas de este operador, estarían empresas “ad hoc” pertenecientes a los hermanos Neuss. Pero la pelea envuelve a intereses de mayor envergadura: en la redacción de los pliegos, el Gobierno vetó la participación de empresas con “accionistas soberanos” (estatales), una forma de eliminar del pliego a China. Este veto ha sido refrendado con insistencia por funcionarios norteamericanos. Pero la diplomacia del gobierno chino puso el grito en el cielo, reclamando injerencia en una ruta fluvial cuyo principal comprador de los productos transportados es el país asiático.
A pesar del veto, China habría encontrado la forma de filtrarse en la hidrovía, a través del socio local de la belga De Nul. Ese socio es la empresa de logística Román que, a su vez, actúa en tándem con la china SDC. Este contratista, oriundo de Shanghai, actúa en el mar de China Meridional en directa colaboración con los intereses “geopolíticos” del gobierno chino. Según ha revelado Perfil, la posible presencia de SDC en la Hidrovía despertó reclamos por parte de Estados Unidos. A partir del acuerdo comercial y tecnológico suscripto a fines del año pasado, la diplomacia norteamericana le sugirió a Milei-Caputo la creación de un “Comité de Inversiones” local, a imagen y semejanza del que funciona en el Norte y cuya misión sería vetar inversiones de China. El competidor de De Nul en la Hidrovía, la firma Deme, esgrime a su favor la presencia de empresas norteamericanas en su consorcio, y un posible financiamiento de ese origen para la renovación de los equipos de dragado. Detrás o adelante de Deme, está la “banda” de Martín Menem y Karina Milei. Días atrás, el periodista Marcelo Longobardi, que recogió estas versiones, calificó a la Hidrovía como el “estrecho de Ormuz” de Argentina. Por el “tranquilo” corredor de los ríos Paraná y Uruguay, sube la impronta de la guerra imperialista.
La pelea por las privatizaciones tendrá otros episodios. Es el caso del ferrocarril Belgrano Cargas, ligado también a las exportaciones cerealeras. Acá, se enfrentan un consorcio ferroviario mexicano contra una eventual coalición de los monopolios exportadores del mercado local, donde jugaría un papel destacado la china Cofco., una de las principales exportadoras de soja y, recientemente, de trigo. Es de prever acá otro mortal enfrentamiento de camarillas, con repercusiones en el gabinete nacional. En este marco ‘competitivo’, el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, ha anunciado que pagaría a China la porción utilizada del ‘swap’ de 18.000 millones de dólares y negociaría su extensión por otros tres años. Xi Jinping tiene agarrado a Milei por un canje de monedas, cuya derogación provocaría una crisis cambiaria frontal.
La guerra de las privatizaciones, que condiciona al gobierno libertario, se ha agravado, naturalmente, ante la perspectiva de que la reelección de Milei no tenga lugar. La división del peronismo, que se acentúa con la aparición de nuevas corrientes, sigue el trazo de los proyanquis y prochinos; el mismo ‘renacimiento’ del macrismo se encuadra en conciliar las exigencias de Trump con los intereses de China. Por debajo del radar de esta guerra por el alineamiento de Argentina en la guerra, se desarrolla un enorme derrumbe social. Sólo en los primeros cuatro meses del año, los trabajadores formales sufrieron una caída de entre el 6 y 8 % de sus salarios reales, que se suma a los derrumbes de los últimos años. El consumo personal de los asalariados se vino sosteniendo en base al crédito de consumo (préstamos y tarjetas). Pero los intereses usurarios y la caída del salario han empujado a miles de familias a la insolvencia. La “caída de imagen” de Milei, en este cuadro, es una forma diplomática de aludir al distanciamiento de las masas del gobierno y el conjunto del régimen político.
La banda lumpen que gobierna la Argentina se ha alineado sin vacilaciones detrás de Trump, pero las inversiones recientes de China superan largamente a las norteamericanas. La burocracia de China valora muy positivamente a Milei en cuanto a la contrarreforma laboral, que China ha exportado junto con sus inversiones.
El abismo descomunal que se ha abierto entre el régimen político y social, de un lado, y las masas del otro, está haciendo dudar a los analistas políticos y especialmente a los inversores, acerca de su sustentabilidad. Es lo que un patrón de la UIA ha vuelto a llamar la “falta de “previsibilidad”. Los bloqueos en rutas en Bolivia están advirtiendo del surgimiento de una nueva etapa de rebeliones en América Latina.
