Escribe El Be
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Treinta años después de que el gobierno cubano derribara dos aviones de la organización Hermanos al Rescate, con sede en Miami, la fiscalía federal estadounidense ha presentado una acusación formal contra Raúl Castro por su presunta participación en la autorización del ataque. Raúl, de 95 años, fungía entonces como ministro de Cuba
La organización Hermanos al Rescate se fundó en 1991, pleno “período especial” de la isla. Su fundador fue José Basulto, piloto, exagente de la CIA y veterano de la fallida invasión de Bahía de Cochinos. El gobierno cubano ya había acusado a Basulto de disparar un cañón desde una embarcación en alta mar en 1962 contra un hotel cubano que era frecuentado por Fidel Castro. La fachada de la organización Hermanos al Rescate era socorrer a cubanos lanzados al mar en balsas desde Cuba para llegar a Estados Unidos. Desde 1995 existía un acuerdo de emigración legal hacia los Estados Unidos, que fue firmado entre Clinton y Fidel Castro, con el objetivo de poner fin a la salida clandestina. Según informó el New York Times (15/5), “el grupo no solo buscaba migrantes varados en el mar, sino que a veces provocaba al entonces presidente Fidel Castro sobrevolando Cuba o incluso lanzando folletos con extractos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU. En 1995, la Administración Federal de Aviación anunció que estaba investigando a la organización por violar el espacio aéreo cubano”.
El informe del Times sobre el hecho es contundente: “Como piloto, le habían advertido que no cruzara el paralelo 24, una línea situada entre 40 y 60 millas al norte de la costa cubana. Si bien forma parte de aguas y espacio aéreo internacionales, Cuba considera la zona que se extiende hasta dicha línea como su zona de defensa. El espacio aéreo cubano se extiende 12 millas mar adentro.
El día en que derribaron los aviones, Basulto había presentado un plan de vuelo ante la FAA, planeando un viaje de cinco horas hasta el límite de esa línea. Se presentó ante el control de tráfico aéreo de La Habana, indicando que cruzaría el paralelo 24 y volaría al norte de la isla durante varias horas. Envió un cordial saludo. «Recibido, señor», respondió el control de tráfico aéreo cubano, según las transcripciones que se hicieron públicas posteriormente. «Le informamos que la zona al norte de La Habana está activada. Corre un riesgo al volar al sur de la ruta 24». A las 14:58, el Sr. Basulto respondió: “Sabemos que corremos peligro cada vez que volamos a la zona al sur de la carretera 24, pero estamos dispuestos a hacerlo como cubanos libres”. A las 3:20, el Sr. Basulto comentó que era un día precioso. "La Habana se ve muy bien desde aquí arriba", dijo” (ídem).
Pero esta información tampoco es nueva. Incluso el Wall Street Journal ya había informado en el momento de los hechos que “no cabe duda que Hermanos del Rescate, grupo de exiliados propietario de los aviones derribados, había provocado a Castro. Dos veces este año, el grupo sobrevoló la capital cubana y lanzó volantes anticastristas. Y por lo menos uno de los aviones del grupo de tres que fue atacado penetró en el espacio aéreo cubano, dicen funcionarios gubernamentales” (WSJ, 27/2/96). Las afirmaciones de estos diarios norteamericanos, insospechados de “castrismo”, no dejan dudas sobre la verdad de los acontecimientos, aunque el interés de estos diarios en sacar la verdad a la luz estaba relacionado con que no se detenga el proceso de negociaciones de apertura al mercado internacional que el gobierno cubano sostenía con el de Estados Unidos en ese entonces.
Pero, como respuesta al derribo de los aviones, el gobierno de Clinton frenó el proceso de penetración del capital en la isla, que se había iniciado unos años antes, y reimpuso las sanciones económicas. La drástica respuesta del gobierno cubano a la incursión provocadora de los aviones norteamericanos estuvo ligada a ese proceso de negociaciones y presiones que se habían abierto entre el gobierno cubano y el capital internacional para la apertura de la isla al ingreso de capitales extranjeros. En ese entonces, desde las páginas de Prensa Obrera (29/2/1996), sostuvimos que “todo parece indicar que Fidel Castro tomó la decisión más drástica de las que disponía [frente a los aviones] en función de contrarrestar una presión creciente de Estados Unidos y de la Unión Europea para proceder a una ‘democratización’ política. Pocas horas antes de este incidente, las fuerzas de seguridad de Cuba desmantelaron una reunión prevista por un frente de organizaciones disidentes, Concilio Cubano, arrestando a numerosas personas que tenían la intención de participar”. Según el Financial Times (24/2/96) una portavoz del ministerio de relaciones exteriores de Cuba acusó en ese entonces a Estados Unidos de “apoyar y financiar al movimiento disidente”. El mismo diario agregaba que “la Unión Europea ha urgido al presidente Fidel Castro a considerar la reforma política del sistema comunista cubano como parte de las conversaciones previstas para un futuro acuerdo de cooperación entre Europa y Cuba”. El artículo de Prensa Obrera concluía que lo ocurrido con el derribo de los aviones “ha sacado a luz una dura negociación internacional en torno a Cuba y servirá como ocasión para replanteos que en ningún caso cuestionarán la decisión estratégica de reconvertir a Cuba en una arena de acumulación del capitalismo mundial. Es natural que el gobierno de Cuba considere a la incursión de las avionetas como una provocación, cuando una reciente ley cubana autoriza a los exiliados a participar de los procesos de privatización y a viajar libremente a la isla, además de otorgarles garantías impecables en lo relativo a la propiedad privada. Un importante sector del imperialismo norteamericano comparte con Castro la tesis de que la penetración capitalista no debe ir acompañada de la llamada ‘democratización’ política; el año pasado el Pentágono emitió un documento en el que señala que la permanencia del régimen actual es la única garantía de una ‘transición pacífica’ en Cuba.
Ahora Raúl Castro enfrenta cuatro cargos de asesinato, así como conspiración para matar a ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves, según anunció este miércoles el fiscal general interino de EEUU, Todd Blanche. Algunos medios norteamericanos aseguran que, a pesar de encontrarse retirado hace más de una década y no ostentar ningún cargo oficial en el gobierno, Raúl Castro seguiría siendo el poder en las sombras del régimen cubano. Incluso a pesar de sus 94 años y sus conocidos problemas de salud que se encuentra atravesando. Para el NYT, la imagen de un hombre en ese estado secuestrado por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos dejaría una imagen muy distinta a la que el gobierno de Estados Unidos buscó proyectar con el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro. Estados Unidos lanza esta acusación formal contra Raúl, cuando el portaaviones USS Nimitz en el Caribe ingresa en aguas del sur del mar Caribe. El buque de guerra y su grupo de ataque ingresaron al sur del mar Caribe en un despliegue naval de aviones de combate que significa una seria amenaza para la isla. A principios de este año, el portaaviones USS Gerald R. Ford cumplió un papel operativo durante la captura del presidente venezolano.
En Estados Unidos, el ala derecha del partido Republicano llama cada vez más abiertamente a la intervención militar en Cuba. Para el Foreign Policy (21/5), “los rumores de una posible guerra de Estados Unidos contra Cuba se han intensificado”. Los legisladores más beligerantes citaron un informe reciente del medio de noticias Axios que indicaba que La Habana posee cientos de drones de ataque recibidos de Irán y Rusia. “Esos 300 drones, si son parecidos a los que se utilizan en la guerra de Ucrania [por Rusia] o a los que Irán está utilizando ahora mismo, tienen la capacidad de llegar a casi cualquier parte del sureste de Estados Unidos; y por eso Cuba representa una amenaza directa para Estados Unidos”, dijo uno de los legisladores republicanos. El gobierno cubano desmintió por completo el informe de Axios.
Mientras Estados Unidos acrecienta sus amenazas contra Cuba, es más necesario que nunca que se hagan públicas las negociaciones secretas que el gobierno cubano se encuentra llevando adelante con la administración Trump.
