Escribe Marcelo Ramal
Milei agita la bandera de remate en el “Financial Times”.
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Javier Milei usó las páginas del Financial Times (FT) para dar a conocer los próximos pasos de su gobierno en materia de beneficios al capital. En un artículo publicado en ese diario, promete liberar de toda regulación a las eventuales inversiones en Inteligencia Artificial que pudieran producirse en la Argentina. Algunos días atrás, había anunciado un SuperRigi dirigido a la IA, al procesamiento de datos y a las industrias de defensa, con reducciones de impuestos, libertad para importar sin aranceles y remitir utilidades al exterior durante treinta años. Ahora, desde el FT, Milei promete “mantener a las IA sin la mano mortal de una regulación prematura y mal comprendida”. En Estados Unidos, Trump acaba de anunciar lo contrario: las primeras normas regulatorias, todavía “voluntarias”, para los modelos de IA a introducir en el mercado.
En el Financial Times, Milei anuncia un nuevo régimen societario para las firmas de IA, en línea con lo que Sturzenegger viene anticipando en el país. Por un lado, se habilitará a la conformación de “Corporaciones no Humanas” operadas por IA o robots; por el otro, se permitirá que las inversiones del rubro puedan realizarse como “sociedades de responsabilidad limitada”(SRL). A diferencia de las sociedades anónima, en las SRL los socios sólo responden con el capital aportado a esa sociedad, y no con su patrimonio. Si se tiene en cuenta, además, que el SuperRigi permite manotear beneficios fiscales con reducidos aportes iniciales de capital, los magnates digitales podrían acceder al mercado local arriesgando un mínimo de recursos propios, y sin comprometerse con los quebrantos provocados por deudas, fracasos empresarios o daños de otro carácter. Vale recordar que los centros de procesamientos de datos están dejando un gigantesco pasivo ambiental en otros lugares del mundo. Jerry Kaplan, uno de los pioneros de Sillicon Valley en el desarrollo de IA, declaró a la BBC que “Estamos creando un nuevo desastre ecológico provocado por el hombre: enormes centros de datos en lugares remotos como desiertos, que se oxidarán y filtrarán contaminantes al medio ambiente, sin que nadie rinda cuentas porque los constructores e inversores se habrán ido hace mucho tiempo". Esta es la operación que Milei y Sturzenegger auspician con el “nuevo marco legal”. .
No es un secreto que las finanzas mundiales han colocado bajo la lupa a la IA, en lo que tiene que ver con las acciones sobrevaloradas de sus compañías. El 80% de las alzas bursátiles del último período en Wall Street es explicado por las firmas de IA, lo que adelanta qué ocurriría en caso de que sufrieran un derrumbe de sus acciones. La demanda permanente de recursos de capital para financiar nuevas inversiones en IA tiene lugar sin que los gigantes del sector ofrezcan utilidades en sus balances. Pero adicionalmente, se yerguen sospechas sobre maniobras contables, con el objetivo de sostener artificialmente un flujo de ingresos y, por esa vía, mantener a salvo las expectativas bursátiles. Es lo que ocurre con la llamada “financiación circular”, donde algunas corporaciones prestan a sus clientes para que puedan seguir comprando sus productos y sostener así sus ventas. Los gigantes Nvidia y OpenAI están involucrados en estas operaciones. En el caso de Palantir, la firma de Peter Thiel, el magnate semi-radicado en la Argentina, las acusaciones apuntan a balances fraguados con el propósito de presentar utilidades que no existieron. Según algunos, el verdadero redactor del régimen societario que Milei publicó en el FT sería Thiel, con el propósito de obtener beneficios a partir de maniobras puramente contables. Las sociedades “digitales” o robotizadas podrían emplearse como pantalla para triangular operaciones, fingir “inversiones” en el país y remitir las utilidades afuera, tal como ocurre hoy en numerosos paraísos fiscales del mundo. Este es el “plan de inversiones” que Milei-Sturzenegger salieron a vociferar en el Financial Times.
Milei comparó a los Thiel y Musk con la Compañía Holandesa de Indias de los años 1600, que usufructuó de las especias de Indonesia, según él, porque contó con un “marco legal” adecuado. Pero lo que caracterizó a esa Compañía fue haber abierto su capital a la bolsa de valores -algo que no podría hacer una sociedad de “responsabilidad limitada”. Por lo demás, lo que engrandeció a la naviera holandesa que exalta el libertario Milei fue el monopolio colonial, además de constituir una suerte de Estado paralelo, con leyes propias y facultades para ajusticiar a empleados o nativos “retobados”. La grandeza del capitalismo tuvo como fundamentos al saqueo, la violencia y los privilegios estatales. Milei escribió en el “Financial Times” que “Buenos Aires sería para la IA lo que Ámsterdam fue para la navegación a vela”. No: Buenos Aires sería la Indonesia o la India del capitalismo digital, expoliada con la misma brutalidad que tuvo lugar 500 años atrás.
Milei le ofrece a Palantir un régimen económico especial, por fuera del marco nacional vigente. Las operaciones de Palantir se concentran en el ciberespionaje y en la inteligencia necesaria para la ejecución de operaciones de guerra. Su mentor Peter Thiel, es un fascista que considera a los regímenes políticos existentes como “contradictorios con el nuevo escenario tecnológico”. En los beneficios que exige para sus propias operaciones económicas, aspira a colocar en la Argentina los primeros cimientos de un “régimen de excepción”. La desregulación para la IA apunta al desarrollo del “Escudo de las Américas”, plantando en el país a un puntal del fascismo digital.
Más allá de estos anuncios, Milei aprovechó el espacio de FT para su deporte preferido -destilar ignorancia. Aseguró, por ejemplo, que, así como “la Revolución Industrial liberó a la humanidad de las limitaciones del músculo, la IA la liberará de las limitaciones del cerebro”. Pero el aprendiz de brujo ignora que la introducción de la máquina en la industria desató la más brutal e intensa explotación del “músculo” y del tiempo de trabajo, a expensas de la clase obrera. El capitalismo se resarció de las grandes inversiones en maquinaria por la vía de succionar hasta la última gota al trabajo humano, la única fuerza creadora de valor. En cuanto al cerebro, la “liberación” que Milei saluda ya tiene una larga historia, desde la automatización hasta las computadoras del último medio siglo. Pero de “liberación” tampoco tiene nada: bajo el capitalismo, la tecnología despoja al trabajador del conocimiento para convertirlo en un atributo del capital. El cerebro no es “liberado” sino cercenado: el concepto y el conocimiento pasan a manos de la gerencia empresarial, que confina a la fuerza laboral a la mera ejecución de una rutina. La Inteligencia Artificial es un salto cualitativo en esa confiscación del conocimiento, que pasa a ser apropiado y codificado por una oligarquía de capitalistas digitales. Pero esa confiscación acentúa hasta un extremo las contradicciones capitalistas preexistentes: La concentración del conocimiento en la IA reduce a un mínimo el trabajo “vivo”, creador de valor, y dificulta por lo tanto la extracción de un plusvalor o beneficio capaz de redituar a las gigantescas inversiones en curso. En la misma semana en que Milei le prometía el oro y el moro a la IA, The Wall Street Journal anunciaba que los quiméricos anuncios de inversiones en procesamiento de datos sufrirían un importante e inevitable retraso.
Al anunciar la conversión de Argentina en una zona franca para el capital de la “nube”, Milei cree que podrá asociarse a los Thiel o Musk y, por esa vía, encontrar una salida al impasse económico y político de su propio gobierno. Según la OCDE, Argentina figura a la cola de la inversión extranjera en América Latina en 2025; la consultora Profit acaba de revelar que, en el último bienio, todo el superávit comercial y los préstamos de organismos alimentaron la fuga de capitales (“formación de activos”) y el pago de intereses de deuda. Por otra parte, las calificadoras de riesgo estiman un riesgo de default del 35% para la deuda argentina. Milei quiere salir de ese pantano fabricando una zona franca para el fascismo digital y sus operaciones financieras y militares.
