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En diciembre pasado, las autoridades británicas aprobaron la comercialización del yacimiento Sea Lion, situado a 220 kilómetros de Puerto Argentino. Su desarrollo estuvo frenado durante quince años por sus costos y los riesgos jurídicos que conlleva su localización en una zona en disputa. Navitas -empresa de capitales israelíes- tiene el 65 % de la operación, mientras que el 35 % restante pertenece a su socia británica Rockhopper Exploration. Ambas empresas aprobaron la primera fase del proyecto para extraer 170 millones de barriles (entre 55.000 y 80.000 diarios); en una segunda etapa alcanzaría los 319 millones de barriles, de un total estimado de 917 millones. Esto representa un tercio de la producción de Vaca Muerta. Se estima que la explotación se extendería durante más de treinta años.
Se trataría del principal yacimiento petrolero del Reino Unido, luego de la caída de la producción de sus bases ubicada en el Ártico. De ese modo, las Islas Malvinas pasarían a ser autosustentables, incluso superavitarias, a diferencia de lo ocurrido hasta ahora.
Las islas ocupan una posición estratégica en el Atlántico Sur, en el escenario de la guerra mundial, por el control que ofrecen de la conexión hacia el Pacífico, el acceso a la Antártida y a las rutas del Cabo de Hornos.
Desde 1985, Inglaterra mantiene en las islas la base de RAF Mount Pleasant, con capacidad para recibir aviones de combate, transporte estratégico y fuerzas de despliegue rápido. La explotación petrolera contribuiría a sostener esa presencia militar permanente e incluso aumentarla.
El gobierno de Milei se ha declarado que considera esto un asunto "entre privados y los isleños". Las empresas aseguran que el proyecto avanzó "sin ninguna interferencia" del gobierno argentino (La Nación, 5/8).
Hasta ahora, las islas cubren parte de su presupuesto gracias a las licencias de pesca. Con el proyecto Sea Lion, sus ingresos se multiplicarán.
Los proyectos de explotación petrolera en esta cuenca no son una novedad. Luego del restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre el Reino Unido y la Argentina en 1990, el gobierno de Carlos Menem allanó el camino. En julio de 1997, el gobierno británico y las autoridades coloniales de la isla otorgaron formalmente la licencia PL001 a un consorcio internacional liderado por la estadounidense Amerada Hess, en el que participaban Shell, Lasmo y la firma británica Argos Resources Limited. Tras perforar sin éxito en 1998, las multinacionales abandonaron el área, pero Argos retuvo la licencia. Recién en 2023, la empresa británica vendió la licencia a la canadiense JHI Associates. Finalmente, en 2026, la israelí Navitas Petroleum asumió el 65 % del control operativo y la británica Rockhopper Exploration absorbió el resto.
La petrolera israelí Navitas Petroleum fue fundada y es dirigida por Gideon Tadmor, quien se ha especializado en la explotación de territorios marítimos usurpados. Tadmor también es CEO de la empresa que explota gas en el Mediterráneo Oriental, en Leviatán, frente a las costas de Gaza, cuyo territorio se encuentra ocupado por las fuerzas armadas israelíes en un 70 %. Con ese yacimiento, Israel no solo cubre su consumo interno de gas, sino que exporta el excedente hacia Egipto y Jordania. Navitas, además, cuenta con instrumentos financieros en las bolsas de Tel Aviv, Londres y Estados Unidos. Tadmor se jacta abiertamente de saltarse las normas internacionales y las resoluciones de la ONU.
En abril se filtró un correo electrónico del Departamento de Guerra de Estados Unidos, publicada por la Agencia Reuters, donde se le sugería a la administración republicana la "suspensión" del apoyo a Reino Unido en el reclamo de las islas como represalia por no haber acompañado a Trump en su guerra con Irán. Aunque nunca fue reconocido oficialmente por el gobierno norteamericano, el gobierno de Milei se refiere a su posición rastrera frente al trumpismo como "la llave" para recuperar la soberanía argentina sobre las islas. En una entrevista radial reciente, Milei sostuvo: “Estados Unidos ha cambiado su visión estratégica del mundo” y agregó que Washington necesita “un aliado confiable -en referencia a su propio gobierno- en lo que es el paso del Atlántico al Pacífico”. La "doctrina Donroe" apunta a convertir el continente americano, desde el extremo sur hasta Groenlandia, en un protectorado del imperialismo yanqui.
