Escribe Juan Ferro
Primera nota.
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Para simplificar el juicio sobre el Mundial se puede afirmar que lo patrocinan y dirigen un tándem político y económico de la FIFA y el gobierno de los Estados Unidos. Juntos han armado el negocio del siglo: la FIFA obtendrá beneficios estimados en 9.000 millones de dólares.
Las sedes de Canadá y México son de segundo orden en el esquema trazado para la organización del evento. De los 48 países participantes sólo dos selecciones se hospedarán en Canadá (la propia y la de Panamá) y seis lo harán en México. Entre ellas, y no por casualidad, Irán, Túnez, Sudáfrica, Corea del Sur y Uruguay (Marcelo Bielsa, DT de la selección uruguaya, fue crítico de toda la organización de la Copa América realizada en EEUU en 2024). Los 40 países restantes se albergarán en territorio estadounidense. En los últimos años, Estados Unidos ha sido sede de la Copa América, el Mundial de Clubes, ahora el mundial de futbol y, en dos años, tendrán lugar los Juegos Olímpicos en Los Ángeles.
Casi la mitad de ingresos que genera el Mundial son los derechos televisivos. En total, 3.900 millones de dólares se recaudarán por este concepto, generando 6.000 millones de interacciones, contando plataformas de televisión y servicios digitales. Este es el principal motivo del impulso de la FIFA a sumar indiscriminadamente cada vez más países al evento mundial y la proliferación de todo tipo de campeonatos en Europa, América Latina y África, así como en el resto del mundo.
Las estimaciones iniciales hablan de que el ingreso por venta de entradas rondaría el 10% del “negocio total”, o sea alrededor de 950 millones de dólares. La menor de las preocupaciones de la FIFA es la concurrencia masiva a las canchas. El precio de los tickets es prohibitivo.
Las entradas para el Mundial 2026 son las más caras de la historia. Duplican largamente los valores de Qatar 2022. La FIFA implementó un sistema de precios variables. Para los partidos iniciales, las entradas pueden llegar a comprarse por 60 dólares; luego, para el resto de los partidos de la fase de grupos, pasan a 2.000 dólares; alcanzan los 20.000 dólares en las semifinales y llegan a 35.000 dólares para ver la final - con el adicional de permitir una reventa oficial y lo que supone de hecho que habrá otra reventa “no oficial”. En este mundial, sólo gente muy adinerada podrá ver el futbol en “vivo y en directo”.
El gobierno estadounidense aplica al torneo mundial de fútbol la política de Trump. Les negaron el campamento en Arizona a Irán sin argumento alguno. La FIFA tuvo que pedirle a México que les diera asilo. La selección de Irán va a tener que dormir, comer y entrenar en Tijuana, en la frontera, teniendo que cruzar la aduana de San Diego cada vez que deba ir a jugar sus partidos de fase en Los Ángeles y Seattle.
El Servicio de Control e Inmigración de Aduanas (ICE) será "protagonista" en el torneo. Ha militarizado los estadios y escudriña con lupa las visas de todo aquel que no sea rubio. Deportaron al árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, considerado el mejor árbitro de toda África. No otorgan visa a decenas de haitianos, africanos y asiáticos y hasta mexicanos, con el argumento de que luego se quedarían ilegalmente, cuando México es uno de los anfitriones del evento.
Decenas de organizaciones de defensa de los inmigrantes han denunciado a ICE no sólo por la acción policiaca frente a los que quieren ingresar a EE.UU. a ver el Mundial, sino además porque reprimen huelgas y reclamos de los trabajadores que se desempeñan en el control de entradas y en áreas gastronómicas y administrativas en los estadios. Los trabajadores reclaman salarios acordes a los siderales precios de las entradas que se cobran. La mayoría de ellos no son estadounidenses y son explotados como “mano de obra barata” en las empresas organizadoras.
El Mundial tendrá por completo la impronta que le marca la política internacional de Donald Trump. Gianni Infantino -el "Papa de la FIFA"- lo ha señalado claramente: “Agradezco al presidente estadounidense Donald Trump. Sin su compromiso y participación la realización del torneo hubiera sido imposible” (Eyewitnes News).
La FIFA se asocia a esta política en función de sus negocios. Por 30 días pasarán a segundo lugar las agresiones del imperialismo sobre Irán, Cuba, Venezuela y los ataques criminales de Israel sobre la franja de Gaza y El Líbano, desmintiendo aquella frase, llena de buenas intenciones, de Diego Maradona - “la pelota no se mancha”.
¿Y el futbol? ¿Y la selección? También estarán presentes en próximas notas.
