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El inesperado empate del seleccionado de Cabo Verde con España en la fase de grupos fue una nota destacada del arranque del Mundial 2026. Cabo Verde es un archipiélago habitado por 500.000 personas, ubicado en el oeste africano. Se independizó de Portugal en 1975. Hasta ahora, su mayor logro deportivo había sido llegar hasta cuartos de final de la Copa Africana. Su presidente, José María Neves, consideró su presencia en el Mundial y el empate de su equipo -celebrado como un verdadero triunfo- con España constituyen la prueba de que "somos una nación viable".
Pero la performance caboverdiana trajo a la memoria también la llamada "diplomacia de estadios" desarrollada por China. Ocurre que el gigante asiático fue responsable de la construcción del Estadio Nacional de Cabo Verde, con capacidad para 15.000 personas. Y eso recordó que 16 naciones africanas que jugaron de locales en las eliminatorias del Mundial lo hicieron en estadios construidos y financiados por China. Entre ellos figuran Mozambique, Malí, Tanzania, República Democrática del Congo y Costa de Marfil. Muchas de estas naciones no se encuentran en condiciones de poder pagar en efectivo la construcción de estos estadios, algunos de los cuales se cuentan entre los más modernos del mundo. Pero la "diplomacia de los estadios" persigue otros intereses ´geopolíticos´.
Desde la década del 50, China ha construido 84 estadios alrededor del mundo, la mayoría de ellos en África y Asia, Oceanía y el Caribe. A ello se le deben agregar sedes deportivas más pequeñas, microestadios cubiertos del estilo arenas, que suman centenares. El primero gran estadio que construyó China fue en Mongolia, como retribución a la Unión Soviética por su apoyo en la reconstrucción de la república popular luego de la II Guerra Mundial. Pero realmente se comenzó a hablar de la “diplomacia de los estadios” a partir de 1971, cuando China se lanzó a una campaña global contra el reconocimiento internacional de Taiwán. No es casual, justamente, que esos 16 países africanos con estadios "made in China" no reconocen a Taiwán, entre ellos, casos recientes, como Burkina Faso, que cortó lazos con la isla en 2018. Con el tiempo la "diplomacia de los estadios" fue haciéndose cada vez menos frecuente, hasta que, en los últimos años, Xi Jinping la retomó. En la Copa África 2023 organizada en Costa de Marfil, tres de las seis sedes fueron ´donaciones´ de la potencia asiática.
Con esta estrategia, las empresas chinas -estatales y privadas- han logrado acaparar la explotación de prácticamente todos los yacimientos de tierras raras del continente africano, en disputa con el imperialismo norteamericano. Por citar un caso, vale el ejemplo de la República de Congo:
"Las ayudas del capital chino exceden lo deportivo, con la construcción de hospitales, escuelas y vías de tren, entre otros. De esta forma lograron abrir una puerta de entrada al negocio, ganándole la pulseada a Estados Unidos de la licitación para extraer cobalto en las minas congolesas, un mineral utilizado para baterías, armas y naves espaciales, por el que invirtieron más de 9.000 millones de dólares. Un punto clave en su búsqueda de convertirse en la mayor superpotencia mundial" (tycsports.com, 9/10/25).
Además de África, otro foco de atención de la diplomacia china fueron las naciones caribeñas y de Centroamérica. Logró incluso atraer al mismísimo Nayib Bukele, el reaccionario presidente de El Salvador y un aliado impensado de China dada su cercanía política e ideológica con Donald Trump. En 2019, Bukele viajó a Pekín para encontrarse personalmente con Xi Jinping, sellando aquel acercamiento. "El Salvador era hasta agosto de 2018 uno de los 18 países en el mundo que reconocían a Taiwán. El anterior Gobierno salvadoreño, el de Salvador Sánchez Cerén, decidió romper los lazos históricos con la isla considerada “provincia rebelde” por el partido comunista del gigante asiático" (aa.com.tr, 18/12/19). Luego de aquella entrevista, Bukele reconoció el “principio de una sola China”, que incluye a Taiwán como “parte inalienable del territorio”. Desde entonces, El Salvador “rechaza categóricamente cualquier acto contrario” y “cualquier forma de independencia de Taiwán”.
