Ébola: Los estragos de la guerra imperialista y el desfinanciamiento de la Salud

Escribe Daniela Magoc

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Ha pasado más de un mes desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara el brote de ébola de Bundibugyo en África central como Emergencia de Salud Pública de Interés Internacional. Los casos siguen aumentando, alcanzando los 1.048. Se registraron, hasta ahora, 264 fallecimientos en la República Democrática del Congo (RDC) de acuerdo a la información brindada por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC por sus siglas en inglés). Las autoridades congoleñas admiten que podría haber muchos más casos de infección que aún desconocen y que el punto máximo del brote todavía está por delante, siendo el rastreo de personas que han estado en contacto con pacientes el mayor desafío. El director general de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, el doctor Jean Kaseya declaró la semana pasada a The Associated Press que todavía necesitan rastrear a más de 35.000 personas que han tenido contacto con individuos infectados. En Uganda se registraron 20 casos y 1 muerte hasta el 23 de junio de este año. Por su parte, Francia confirmó este martes 23 un caso de ébola en su territorio continental -el de un médico que regresó recientemente de una misión humanitaria en la República de Congo-. Varios países, incluidos Estados Unidos, Canadá y las Bahamas, han impuesto prohibiciones de viaje a las personas de la región.

En el campamento de refugiados de Kigonze en Bunia, la capital de la provincia de Ituri, Congo, diez personas murieron la semana pasada en circunstancias inusuales, lo que aumenta el temor de un posible brote en el campamento de más de 20.000 personas desplazadas (Clarín, 22/06). En este campamento ya contabilizan 30 muertes desde el mes de mayo, sin poder comprobar las causas al momento por la imposibilidad de realizar los estudios correspondientes. De acuerdo a la agencia de la ONU para los refugiados, al menos 2 millones de personas desplazadas por la fuerza de sus hogares, incluidos más de 320.000 refugiados, viven en zonas en riesgo de ébola en Congo. En un comunicado, la agencia dijo que estaba “profundamente preocupada por la propagación acelerada” del virus y “los crecientes riesgos que plantea para las comunidades desplazadas en toda la región” (ídem, 22/06).

La infiltración del virus Bundibugyo en los campos de desplazados internos del este de la República congoleña marcaría una nueva y peligrosa fase de la epidemia, debido a las precarias condiciones en las que vive la población allí, que favorecen la propagación del virus. Los residentes sufren un hacinamiento severo y una sanidad inadecuada, cientos de personas son obligadas a compartir un solo baño mientras la defecación al aire libre sigue siendo común. Caitlin Brady, directora nacional del Consejo Danés de Refugiados, advirtió que el virus se propagará extremadamente rápido en estas condiciones, provocando pánico y huidas masivas (WSWS, 20/06).

Por su parte, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió que el virus se está moviendo mucho más rápido que la respuesta y que las intervenciones críticas están fracasando, con tasas de rastreo de contactos que han caído recientemente hasta un 28 por ciento, muy por debajo del nivel necesario para aislar a los enfermos y detener las cadenas de transmisión (WSWS, 14/06). Además, señaló que las comunidades ven al ébola como una de muchas amenazas mortales. Desde Naciones Unidas (ONU) se encendieron las alarmas sobre la amenaza hacia los más jóvenes y vulnerables. Y desde UNICEF advirtieron que, a medida que el brote se traslade hacia la transmisión en los hogares, los niños serán cada vez con mayor frecuencia los más afectados por la enfermedad. Y estiman que 2,95 millones de niños y adolescentes de 18 años o menos están en riesgo por el propio ébola y la ruptura de servicios esenciales. Más de la mitad de los niños menores de cinco años en la provincia de Ituri sufren desnutrición crónica, y más de uno de cada cinco son niños que nunca han recibido una sola vacuna rutinaria contra enfermedades prevenibles como la difteria, el tétanos o el sarampión, según datos brindados por dicho organismo. Además de las condiciones en las que viven las familias de RDC, las prácticas tradicionales de entierro, que frecuentemente implican lavar y tocar al difunto, están asociadas con un alto número de infecciones secundarias. Familias locales expresan que equipos anónimos de entierro intentan impedir los ritos funerarios habituales y niegan el acceso a los cuerpos de los difuntos.

Frente a esta situación, diversos profesionales expresan que es poco probable que el ébola sea la causa de la próxima pandemia, ya que el virus actúa con una velocidad tan aterradora, causando pérdida de líquidos, sangrados y fallo orgánico, que mata en semanas, incluso días. Pero sí expresan que el brote congoleño es un ensayo general para lo que podría venir en una era en la que la financiación internacional para la salud global se está reduciendo. (Financial Times, 13/06). La eliminación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y su cartera de seguridad sanitaria global ha provocado cientos de miles de muertes evitables y ha aumentado drásticamente la vulnerabilidad global a las epidemias. Así lo expresa un estudio publicado en The Lancet, que estima que más de 600.000 personas, en su mayoría niños, han muerto por causas evitables en poco más de un año. Se desmantelaron programas críticos para la prevención del ébola, la vigilancia de enfermedades y las pruebas de laboratorio, lo que debilitó directamente las redes de vigilancia, la detección temprana y la capacidad de aumento médico en países como Congo y Uganda. Por su parte, la financiación destinada a aseos y puntos de lavado de manos en el Congo se redujo a menos de la mitad entre 2024 y 2025, hasta situarse en unos 38 millones de dólares, y la solicitud de este año, de 80 millones de dólares, solo cuenta con un 21 % de financiación. Privados de pruebas diagnósticas y recursos esenciales, los sistemas sanitarios locales quedaron incapaces de rastrear, aislar y tratar a los pacientes mientras el virus se propaga.

De fondo, también aparece la guerra como agravante, ya que la RDC posee una inmensa riqueza en oro, cobalto, coltán y otros minerales críticos, lo que ubica a la región en un centro de disputa para el imperialismo. En las últimas dos décadas, China ha ampliado enormemente su presencia económica en África, concentrando sus inversiones en energía, minería e infraestructuras. En este contexto, el brote del ébola ha servido de excusa para el reforzamiento militar del imperialismo norteamericano en África. Un plan estadounidense para evacuar a pacientes estadounidenses de ébola a un centro de cuarentena en Kenia, manteniéndolos así fuera de los Estados Unidos, desató una oleada de protestas callejeras en este país. Mientras tanto, los sistemas de salud pública en la RDC, Uganda y países vecinos están sistemáticamente privados de fondos.

El imperialismo destruye las condiciones existenciales de la clase obrera.

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