Andy Burnham, otro primer ministro del ajuste y de la guerra contra Rusia

Escribe Joaquín Antúnez

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Andy Burnham acaba de asumir la primera magistratura del Reino Unido de Gran Bretaña. Su súbito ascenso político en las elecciones del Gran Manchester para diputado, en junio, precipitó la renuncia de su predecesor Keir Starmer y lo convirtió en el principal candidato para reemplazarlo. La presentación de Burnham como un candidato de la izquierda laborista había encendido las alarmas en toda la City de Londres y la prensa financiera aseguraba que la llegada Burnham a la primera magistratura sería un terremoto para la bolsa londinense.

La campaña electoral de Burnham había estado centrada en las necesidades obreras insatisfechas, las de quienes la crisis atraviesa Gran Bretaña viene golpeando con crudeza desde hace años. La inflación y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios generó el mayor resurgimiento de las huelgas desde finales de los años 80. Ya en 2023 se había registrado el mayor número de jornadas laborales perdidas por huelgas en décadas. Burnham hizo su campaña electoral con el eje puesto en fortalecer el sistema de salud, criticar la austeridad de su predecesor, plantear mayor inversión en el sector público, mejoras salariales y mayores derechos laborales.

Tras asumir, sin embargo, Burnham parece haber abandonado sus promesas de campaña y haberlas reemplazado por medidas cosméticas. Una limitación del precio máximo del boleto de colectivo urbano a 2 libras -ya aplicado por Burnham en Gran Manchester- así como un descuento del IVA en las boletas del gas, que no supera los 87 centavos diarios y por sólo 6 meses, no traerán un ápice de alivio. En el caso de la Asistencia Social, Burnham ha declarado que no aumentará el presupuesto, por el contrario, realizará “controles más estrictos” para que el dinero destinado sea mejor aprovechado. Esta política es el resultado del mentado “control estatal sobre los bienes públicos”.

La formación del nuevo gabinete también desmintió cualquier giro a la izquierda. En los principales lugares figuran los mismos funcionarios derechistas del gobierno Starmer, que ha sido uno de los pilares de la guerra de la OTAN contra Rusia. El sucesor de Starmer es tan partidario o más que su antecesor de la escalada bélica. Totalmente alineado con la guerra, Burnham tomó contacto con Donald Trump inmediatamente al asumir su cargo. Las declaraciones que hizo Burnham en apoyo a Zelensky fueron respondidas por Rusia con ejercicios militares en el Canal de La Mancha, a solo 40 km de aguas británicas.

Entre los funcionarios del gobierno saliente que continuarán en el cargo, el más importante es John Healey, quien fuera Secretario para la Defensa bajo Starmer, ahora nombrado Chancellor de Hacienda. Healey representaba el ala derecha del gobierno de Starmer, a quien reclamaba aumentar los gastos militares. Ahora será él quien maneje las finanzas.

En el tópico de mayor agitación fascista, el de la inmigración, Burnham ha reconocido públicamente que comparte varias de las definiciones del ultraderechista Farage, para recuperar “el control” de las fronteras. Ha planteado revisar las solicitudes de inmigración y aumentar el rechazo de un mayor porcentaje de las mismas. “Necesitamos hacer un mayor uso de la detención para que las personas que no tienen fundamento para una reclamación no sean admitidas en el país”, aseguró (The Independent, 10/06).

Burnham está tratando de dar tranquilidad a los mercados. La City de Londres había amenazado con una huida de capitales si Burnham intentaba relanzar la economía por medio de un mayor gasto fiscal. La bolsa también había hecho ver su rechazo con una caída de los bonos del Tesoro durante semanas y la devaluación de la libra esterlina. Sin embargo, el Financial Times ha virado sus editoriales hacia una componenda con el nuevo gobierno. El Secretario de Negocios, Jonathan Reynolds, aseguró al diario que Burnham es “pro empresas”

La clase obrera Gran Bretaña enfrenta un deterioro de las condiciones de vida. Los niveles de empobrecimiento, sobre todo el infantil, baten todos los récords. El otrora baluarte nacional, el Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) se encuentra vaciado y en proceso de privatización. El salario se ha visto demolido. El problema de la vivienda ha llevado los niveles de personas en situación de calle a cifras nunca vistas. La deuda pública de Gran Bretaña es insostenible y todos los planes de ajuste han fracasado, no sin dejar un tendal mayor de pobreza. Burnham enfrentará, además, la desintegración de la OTAN y una nueva escalada de la guerra arancelaria impulsada por Estados Unidos. La crisis económica y política, que se llevó puestos seis primeros ministros en los últimos diez años, encuentra al gobierno entrante con las mismas recetas, y los mismos funcionarios, que llevaron al fracaso a sus antecesores.

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