El bombardeo a gran escala contra Crimea y al interior de Rusia abre una crisis política colosal en la guerra de la OTAN y Moscú

Escribe Redacción

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La península de Crimea, aceptada de hecho como territorio ruso por la OTAN en 2014, ha venido sufriendo un bombardeo feroz mediante drones y misiles, que la han convertido en una zona de emergencia. Ocupada por Rusia bajo el gobierno de Catalina la Grande, para servir como única vía de acceso al Mediterráneo y los mares y océanos contiguos, como alternativa al Mar Báltico y los congelamientos invernales, implicó la extradición del pueblo tártaro nativo y el repoblamiento con colonos rusos. En 1959, Nikita Kruschov la convirtió en parte de Ucrania, en el marco de la Unión Soviética. Cuando Rusia, Ucrania y Bielorusia se unieron para disolver la Unión Soviética, Crimea quedó como parte de Ucrania a cambio de la cesión a Rusia de los activos nucleares de la ex URSS y de la conservación del puerto de Sevastopol como base de la Armada rusa. En 2014, como consecuencia del derrocamiento del gobierno pro-ruso en Ucrania, impulsado por la OTAN, Putin invadió la península y la anexo a Rusia, como medida extrema de seguridad nacional. La intención de la “Operación Especial” de Rusia, como se denominó al propósito de anexar la región del Donbass, era crear una larga ruta marítima a lo largo del Mar Negro entre Rusia y Crimea, y ulteriormente hacia las costas de Modalvia y Rumania. Los ataques de la OTAN a esta plaza fuerte de Rusia, han forzado a la Armada a abandonar Sebastopol y buscar refugio en territorio ruso continental. Lo que une aun a Crimea con Rusia es el puente Kerch, un empalme extraordinario de 150 km ordenado por Putin, y varias veces atacado por Kiev y Bruselas. Volodomir Zelensky ha cambiado los métodos de guerra de Ucrania con la aparición de los drones, crecientemente sofisticados, bombardeando a de Rusia, miles de kilómetros adentro. La fisonomía militar y política de la guerra internacional por la anexión de Ucrania ha cambiado drásticamente.

Se está transformando en un gigantesco punto vulnerable que amenaza con desestabilizar toda la maquinaria de guerra rusa. El viernes pasado, las autoridades pro-rusas en Crimea se vieron obligadas a declarar el estado de emergencia ante la crisis de combustible y energía provocada por el bloqueo ucraniano mediante drones. Lo que era un paraíso subtropical para cientos de miles de colonos rusos y una formidable base militar se ha convertido en un cuello de botella asfixiante. Kiev, con el uso sistemático de nuevas tecnologías de drones, ha logrado aislar en gran medida la península, atacando sistemáticamente radares, baterías antiaéreas y logística. La Flota del Mar Negro de Rusia ha pagado un alto precio. Ruslan Pukhov, del Centro para el Análisis de Estrategias y Tecnologías de Moscú, admitió: “Con el creciente potencial de Ucrania, era solo cuestión de tiempo antes de que nos causara serios problemas, y ese momento ha llegado”. La situación es tan grave que, tras las cuotas, las autoridades prohibieron directamente la venta de combustible a civiles. Los habitantes deben recurrir al mercado negro, comprando a soldados a precios varias veces superiores. La frustración en los sectores ultranacionalistas rusos es explosiva. Konstantin Malofeyev, magnate ortodoxo y figura de la extrema derecha rusa, preguntó abiertamente tras el último ataque a una refinería cerca de Moscú: “¿Qué más tiene que pasar antes de que empecemos a luchar de verdad? ¿Por qué no utilizamos armas nucleares… precisamente para este fin?”. La utilización de armas atómicas en la guerra en Ucrania ha sido varias veces esgrimidas por Alemania y su jefe Friedrich Merz, que ha desplegado bases militares en los estados del Báltico.

“Algunos comentaristas nacionalistas han instado a Moscú a adoptar lo que consideran las efectivas tácticas militares y diplomáticas de Irán contra Estados Unidos” relata Reuters (26/6). Rusia ve a Trump, otrora un aliado de Putin contra los rivales de Estados Unidos de la Unión Europea, debilitado como consecuencia del fracaso estratégico inmediato del imperialismo norteamericano en Irán. Si la comparación con Irán guarda validez, los ataques a las bases militares norteamericana en los emiratos del Golfo y Arabia Saudita, en Ucrania y Crimea serían las bases militares de la Otan en el Báltico. El Ministerio de Defensa ruso ya publica las direcciones de fábricas en varios países europeos que, según alega, fabrican drones para Ucrania, en lo que parece ser una advertencia de que podrían ser objetivo de ataques fuera de Ucrania

El entierro de Anchorage

Tras la cumbre del G7 de la semana pasada, han surgido numerosas interpretaciones sobre la respuesta a la pregunta de si Zelensky y los europeos han logrado persuadir a Trump para que se alinee con las condiciones que estos han establecido para un cese del fuego “incondicional”. Trump había aceptado entregar el Donbás a Rusia, mientras que Ucrania y la UE reclaman que se alcance en los límites de la ocupación militar obtenida por cada bando, con una fuerza de intercepción internacional. Con un cese del fuego en las líneas de frente, Ucrania ingresaría en la UE, ‘reconstruiría’ su economía y podría convertirse en una lanza económica frente a Moscú, debilitada por derrotas y sanciones.

Políticos europeos, citando sus conversaciones con Trump, y medios de comunicación ucranianos y occidentales, coinciden en que Trump habría cambiado de opinión y ya no exige la retirada de las tropas ucranianas del Donbás ni otras condiciones negociadas con Putin en Alaska. Trump ha hecho una enorme incursión política en el Cáucaso Sur, - en Armenia y Azerbaiyan, con una enorme ruta que corre paralela a las fronteras de Rusia, al norte, e Irán, al sur.

Marco Rubio, el secretario de Estado, acaba de declarar que, en Alaska, durante la cumbre Trump-Putin, jamás se llegó a ningún acuerdo, “solo se presentó una propuesta para una posible solución del conflicto ucraniano”. Sergei Lavrov, el ministro de relaciones exteriores ruso contradijo: “Un hecho es un hecho: en Alaska se debatieron las propuestas de EE.UU., que fueron aceptadas por la parte rusa" (RT 26/7). La postura estadounidense ha experimentado cambios.

Los ataques de Ucrania (o sea, la OTAN) contra la infraestructura y la logística rusas, han alejado a Trump del "espíritu de Anchorage". Los europeos han destinado a Kiev 70 mil millones de dólares anuales en ayuda militar a Ucrania, que irán a compras en Estados Unidos, en gran parte. Zelensky le ha reclamado a Trump misiles Patriot y los Tommahawk. Una acentuación de la ofensiva militar de la OTAN contra Moscú tendría un efecto más demoledor sobre la economía mundial que el del bloqueo del Estrecho de Ormuz y los drones iraníes. Existe, al menos, una diferencia nada menor entre Rusia e Irán: la posesión de armas nucleares.

Este conflicto, que ya va en su quinto año, no es una “defensa de la patria” rusa ni una “lucha por la independencia y la democracia” ucraniana, donde gobierna un presidente con mandato vencido y con un arsenal de proscripciones. El fracaso estratégico de la invasión de Rusia está a la vista de todos; lo mismo ocurre con la OTAN y la UE, cuyos gobiernos van cayendo como piedra como consecuencia de la crisis mundial y de esta guerra. A medida que la guerra imperialista mundial se refracta en las crisis políticas de los regímenes en presencia, las masas encuentran un terreno más favorable para derrocar al imperialismo.

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