Escribe Aldana González
"El caso argentino".
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A instancias del gobierno de Milei, Argentina se incorporó a la Pax Silica. Se trata de un acuerdo estratégico para coordinar a países aliados en torno a las cadenas de suministro de la inteligencia artificial: semiconductores, minerales críticos, energía, centros de datos y manufactura avanzada. El principal escollo que ha encontrado Estados Unidos para dominar el mercado mundial de la IA ha sido la dependencia del suministro de tierras raras por parte de China.
Alrededor de veinticuatro países han suscripto el acuerdo, que cuenta con observadores y socios institucionales, como la Unión Europea. El armador del acuerdo a nivel global es Jacob Helberg, un subsecretario de Trump designado a dedo por Peter Thiel, el CEO de Palantir. Helberg es el fundador de The Hill & Valley Forum, un centro de lobby de los tecnomillonarios de Silicon Valley para influir sobre las políticas de Washington.
La Pax Silica está pensada para que Estados Unidos controle la cadena de producción y de valor de la Inteligencia Artificial. La Argentina quedaría relegada al papel de productora de materias primas y receptora de centros de datos. La coartada para el caso es la lógica de las ventajas comparativas: Argentina sería buena para proveer minerales críticos y energía. El esquema de las "ventajas comparativas 2.0" es funcional a una monopolización de las fuerzas productivas sin paralelo en la historia. El gobierno de Milei pone todos sus esfuerzos en privatizar la universidad pública, el CONICET, el INTI, el INTA y la CNEA. Para los Trump y los Milei, Argentina ocupa el eslabón de proveedor de materias primas.
El secreto empresario y los derechos de patente son otro lastre para la humanidad propio del capitalismo, cuando la socialización del conocimiento multiplicaría las posibilidades de desarrollo. La Pax Silica aparece como un sistema de listas negras, listas preferenciales y sanciones. Es solo un engranaje más de una máquina que explica el desarrollo de una guerra mundial.
Apenas asumió la presidencia, Trump anunció que dejaría de aplicar la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA), que sanciona a los capitales estadounidenses que pagan coimas para obtener licitaciones y otros beneficios en el extranjero. Para el fascista, la ley generaba una desigualdad de oportunidades para los capitales norteamericanos. El abandono de esta ley opera, al mismo tiempo, como una protección mafiosa para los gobiernos corruptos. Gobiernos como el de Milei han recibido autorización para ejercer el latrocinio de los recursos públicos e incluso de los privados.
La primera privatización de Milei fue Industrias Metalúrgicas Pescarmona (IMPSA), que fabricaba equipos de alta complejidad. La compró un consorcio liderado por la estadounidense Arc Energy. Para obtener la licitación de la Hidrovía, la belga Jan de Nul se comprometió ante la embajada estadounidense a utilizar exclusivamente tecnología de ese país.
En 2024, el Departamento de Estado y la Cancillería argentina ya habían firmado un memorándum para la explotación de los minerales críticos. En uno de sus puntos, la Argentina se compromete a brindar información a Estados Unidos sobre potenciales licitaciones y proyectos para "garantizar que las empresas con sede en los Estados Unidos y los socios de la Asociación para la Seguridad de los Minerales tengan suficiente tiempo para participar". Pero la idea general es que sea el capital norteamericano, o de algún país asociado, el que se quede con esos recursos.
Esto está claramente vinculado con el Súper RIGI, a partir del cual esas empresas podrán llevarse los recursos sin dejar prácticamente nada en el país. El RIGI original ya "logró" inversiones en proyectos mineros que hoy buscan pasarse al Súper RIGI para maximizar sus beneficios. Algunos ejemplos son las minas de cobre de Los Azules, las de oro y plata de Veladero y la mina de oro de Gualcamayo. Lo que cambia con la Pax Silica es que Estados Unidos puede exigir un lugar preferencial, si no para las concesiones, al menos para la reserva de los recursos extraídos. Desde que Milei asumió el Gobierno se crearon treinta y una empresas mineras –el mismo número que cierra por día en la industria, según el Instituto Argentina Grande-.
Las cadenas internacionales de producción y de valor son instrumentos para superar las barreras nacionales al desarrollo de las fuerzas productivas bajo una forma imperialista, o sea bajo el dominio internacional de una oligarquía nacional dominante. Lejos de superar aquella contradicción, la agudiza bajo la forma de una guerra mundial de una letalidad humana y política sin precedentes por el carácter de la tecnología militar en presencia, que combina el desarrollo nuclear con el de la Inteligencia Artificial.
