Escribe Pablo Capo (trabajador de Siderca)
Crónica de un trabajador del cordón industrial de Zárate, Campana y Escobar.
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Todo esto arrancó en casa, en nuestra seccional. El 22 de mayo la Justicia intervino la Unión Obrera Metalúrgica por 180 días, anuló las elecciones y desplazó al secretario general, Abel Furlán. ¿El disparador? La Cámara dijo que la elección de la seccional Zárate-Campana, de marzo, no daba garantías de ser “confiable, segura ni transparente”. Con lo que pasó acá, en nuestra seccional, voltearon a toda la conducción nacional de un gremio de 250.000 trabajadores. Pero lo que pasó en estas últimas semanas es todavía más grave, y te toca directo el bolsillo. Prestá atención, porque es la parte que no te van a explicar.
Cuando intervinieron el gremio, el interventor que puso la Justicia, Alberto Biglieri, primero no podía firmar paritaria. Bien podría haberse quedado ahí, ordenando papeles y llamando a elecciones, que es para lo que supuestamente lo pusieron. Pero no. Sacó una resolución y armó su propia comisión paritaria: designó a cinco secretarios de seccionales, todos enfrentados con la conducción que habíamos votado, para que vayan a discutir NUESTROS salarios. Y el 6 de julio la misma Cámara le dio el visto bueno: dijeron que el interventor puede discutir la paritaria y elegir a los que negocian. Pará y masticá lo que significa esto. A la conducción que votaron los metalúrgicos la echó un fallo. Y ahora el sueldo tuyo, el aumento que te tiene que alcanzar para comer, lo van a negociar unos dirigentes que vos no elegiste, puestos por un abogado que puso la Justicia. No los votó nadie en una urna. Los eligió el interventor. Te sacaron la lapicera de la mano y se la dieron a gente que responde a quien te intervino. Esa es la jugada fina, y es mucho más grave que un simple congelamiento: es que decidan tu salario por vos, sin vos.
Conviene saber cómo se llegó hasta acá. La denuncia que volteó todo la metió la Lista Naranja de nuestra seccional, que encabeza Ángel Derosso, nada menos que exsecretario de Organización del propio Furlán, un exaliado que rompió y armó lista aparte. ¿Y cómo le fue en las urnas? Perdió por goleada: la lista de Furlán sacó más del 90 % en Campana y la de Derosso apenas una porción chica. Leelo de nuevo: la lista que perdió 9 a 1 es la que, por la vía judicial, terminó volteando a la conducción de todo el gremio. Lo que no se pudo en la votación, se consiguió en los tribunales.
Ahora, no compremos espejitos. El malestar que Derosso salió a capitalizar es real: los salarios están por el piso y la conducción de Furlán llegó débil a esta pelea, con paritarias arrastradas hace dos años y muchas veces negociando de espaldas a las bases. Ese descontento existe y es legítimo. Pero una cosa es el malestar de abajo, y otra es quién se monta arriba. Derosso no es ningún defensor de los trabajadores: es el que le deja la puerta abierta a la patronal para meterse en nuestro gremio. El propio Furlán lo dijo con todas las letras: en Campana la lista opositora fue propuesta por la patronal, Tenaris Siderca, que es el Grupo Techint. Un dirigente resentido que perdió, un descontento real de base y una patronal que aprovecha las dos cosas para colar su mano. Derosso puso la denuncia; Techint puso el interés.
Y no te olvides quién es hoy el secretario de Trabajo de la Nación, el que tendría que hacer de árbitro entre los metalúrgicos y las empresas: Julio Cordero, hombre del Grupo Techint. El que debería garantizar tus derechos viene de la empresa que te discute el sueldo. El mismo zorro cuidando el gallinero que ya vimos con la contaminación y con todo lo demás. Y los jueces que firmaron esto, Víctor Pesino y María Dora González, son los mismos que le dieron vía libre a la reforma laboral de Milei. Gobierno, patronal y jueces, todos remando para el mismo lado. No es casualidad que pase justo ahora: desde que asumió Milei, la UOM perdió miles de puestos por la desindustrialización y el ajuste.
Vamos a los números, que son un cachetazo. La rama siderúrgica, donde estamos nosotros, no cierra un aumento en paritaria desde hace más de dos años: el último acuerdo fue el de junio de 2024. Y según fuentes del propio gremio, más del 40 % de los trabajadores metalúrgicos cobra un básico por debajo de la línea de pobreza. Leélo despacio: cuatro de cada diez compañeros, en una de las industrias que más plata mueve del país, están bajo la línea de pobreza. Mientras tanto Paolo Rocca, el dueño de Techint, es el empresario más rico de la Argentina.
¿Y cómo nos vinieron pagando mientras tanto? Con sumas “a cuenta” que las empresas aplican de manera unilateral, o sea, poniendo ellas el número que se les canta, sin acuerdo con nadie. Y la Cámara Argentina del Acero ya avisó que, para ellos, con eso alcanza y no hace falta revisar nada hacia atrás. Traducido: te pagaron lo que quisieron durante dos años y encima dicen que estás en paz.
Ahora la paritaria se reactivó, sí, pero fijate cómo: la van a negociar los paritarios que puso el interventor, no los que vos votaste, y sobre escalas que vienen aplastadas hace dos años. Que se “destrabe” no quiere decir que se destrabe para tu lado. Y ojo con un detalle que están amasando: evalúan un esquema de aumentos que no siga mes a mes la inflación. Suena técnico, pero puede ser la trampa de que tu sueldo deje de correr detrás de los precios. Habrá que leer la letra chica, porque con esta gente sentada de tu lado, más vale desconfiar.
Fijate bien quién decide tu sueldo, porque esto lo pinta todo. Del lado de la patronal se sienta la Cámara Argentina del Acero. ¿Y quién conduce esa Cámara? Mirá la lista oficial: el vicepresidente primero es de Ternium, el vicepresidente segundo es de Tenaris Siderca, el secretario es de Tenaris Siderca, el protesorero es de Ternium. Y así una vocalía tras otra: Tenaris, Ternium, Tenaris, Ternium. Las dos empresas de Techint, las de Rocca, tienen la mayoría de la conducción de la “Cámara del Acero”. No es un tercero neutral que media entre las partes: es Techint con otro nombre.
Y hay uno que a los de Siderca nos suena, y mucho. En la delegación que fue a la mesa está Hugo Riva, que es el director de Recursos Humanos y Relaciones Laborales. Pará y pensá qué es ese cargo: es el hombre de la empresa cuyo laburo, todos los días, es manejar la relación con el sindicato, con los reclamos, con nosotros. La persona entrenada específicamente para lidiar con los trabajadores está sentada del otro lado de la mesa, decidiendo tu salario. No es un detalle de color: es la prueba de para qué está armada esta mesa.
¿Y del lado que supuestamente te representa a vos? Los cinco que designó el interventor. No son empleados de la empresa, son sindicalistas, pero a ninguno lo votaste vos para negociar la paritaria de todos los metalúrgicos del país. Los puso el abogado de la Justicia, y varios venían con bronca vieja contra la conducción que los trabajadores habíamos elegido. La foto de la mesa es esta: de un lado, el director de relaciones laborales de la empresa y los gerentes de las siderúrgicas de Techint; del otro, dirigentes que no elegiste. Preguntate una sola cosa: ¿de esa mesa puede salir algo bueno para tu bolsillo?
Y ahora hacé la cuenta completa, la que no te van a hacer en ningún diario. Primero intervienen el gremio y sacan a Furlán. ¿Y quién era Furlán para Siderca? Con todos los defectos que quieras ponerle, era el que le hacía ruido a la empresa, el que trababa los acuerdos a la baja, el que se plantaba en la paritaria. Lo sacaron a él. Y después, en la mesa que define tu sueldo, sientan de un lado a la gente de Tenaris y del otro a dirigentes que venían en contra de Furlán. Uno no necesita que le hagan un dibujo. Muchos compañeros sospechamos para dónde va todo esto: que el final del camino sea dejar la seccional de Zárate-Campana, y la conducción nacional, en manos cómodas para Siderca. No lo damos por seguro, pero atá los cabos vos mismo: sacan al que molestaba, ponen a los que no molestan, y del otro lado de la mesa se sienta la propia empresa. ¿A quién le sirve eso? A nosotros, seguro que no.
Hay una pieza más en este reparto, y es la de tu salud. La intervención no se conformó con el sindicato: avanzó también sobre la obra social, la OSUOMRA, esa que te atiende a vos y a tu familia. El interventor consiguió que la Cámara le ampliara los poderes para manejarla, algo que ni siquiera es tarea normal de una intervención, porque la obra social tiene conducción propia. Fue tan de prepo que la UOM tuvo que presentarse ante la Justicia para tratar de blindarla.
¿Y por qué tanto interés en la obra social? Acá aparece otro nombre. Hasta 2022, el manejo de la obra social metalúrgica estaba en manos de un grupo empresario ligado a Raúl Olmos, el dueño de Crónica. Cuando Furlán asumió, le sacó ese negocio y lo puso en otras manos. Y ahora, con la intervención, en el propio entorno del gremio sospechan que uno de los que empujó la movida es justamente el sector de Olmos, para recuperar lo que había perdido. O sea: sospechan que la intervención le viene a devolver a un empresario el negocio de tu salud. Otro más que se sienta a la mesa a repartirse lo nuestro. Techint quiere disciplinar la paritaria, el interventor responde a la vieja mesa judicial del macrismo, y el grupo que manejaba la obra social quiere su parte de vuelta. Todos los que Furlán había enfrentado, del mismo lado. Y vos, en el medio, con el sueldo y la salud en manos ajenas.
Que quede claro para no confundirse, porque acá hay que pensar como trabajador y no como hincha. Esta intervención no es ninguna “limpieza” a favor del laburante. Es el Estado, la Justicia y las patronales metiéndose en nuestro gremio para dejarnos sin poder de decisión sobre nuestro propio salario. Si hoy pueden voltear a la conducción de la UOM por una denuncia armada en una seccional y ponerte a negociar el sueldo gente que no votaste, mañana lo hacen con cualquier gremio que les moleste. Por eso hay que rechazar la intervención: es injerencia patronal y estatal en una organización que es de los trabajadores, de nadie más. Rechazarla no es firmarle un cheque en blanco a Furlán ni a ninguna conducción: es defender que seamos nosotros, y no un juez, los que decidamos quién nos representa.
Y hay una noticia buena en medio de todo esto: la salida ya está asomando por donde tiene que asomar. En varias seccionales, los delegados de base ya están evaluando asambleas en las fábricas y medidas para reclamar la actualización que nos deben. Ahí está la cosa. La fuerza para frenar esto no va a venir de un fallo que nos sea favorable ni de esperar a que la CGT se digne a reaccionar: va a venir de la asamblea en cada planta, de los delegados que conocés por su nombre, de los metalúrgicos de Campana, Zárate y Escobar decidiendo en serio cómo se pelea la paritaria y cómo se defiende el gremio. La pregunta que cada compañero tiene que hacerse no es “¿estoy con Furlán o con la oposición?”. Es otra: ¿a quién le conviene que estemos descabezados, con el sueldo negociado por otros y peleándonos entre nosotros, mientras Techint cuenta la plata que se ahorra? La respuesta la tenés delante de los ojos. Y la salida también: que decidan los que producen el acero, no los que se lo llevan ni los que los dejan hacer.
La UOM ya llevó el caso a la Corte Suprema para impugnar la intervención. Ojalá le vaya bien, porque frenar esto es de justicia. Pero no nos hagamos los distraídos: aunque un fallo la voltee, el problema de fondo va a seguir ahí. La única garantía verdadera de que el gremio sea nuestro es que estemos organizados y despiertos desde abajo, para que ningún juez, ningún interventor y ningún empresario pueda volver a decidir por nosotros. Eso no lo firma una Corte: lo construimos nosotros.
