Las ‘sanciones’ de la FIFA

Escribe Comité de Redacción

Editorial de Política Obrera.

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En una ocasión le preguntaron a Aldo Rico, en un espacio de televisión, acerca de las consecuencias internacionales que acarrearía que Argentina repudiara la deuda externa, como él proponía, y dejara de pagarla. Rico, que había alcanzado el grado de Teniente Coronel bajo la última dictadura, era un clerical de ultraderecha que había combatido en Malvinas en 1982 y organizado dos golpes militares más adelante en el tiempo contra Raúl Alfonsín para reclamar la amnistía a los “grupos de tareas” del gobierno militar bajo la forma de “un punto final” y la aplicación de la ‘obediencia debida’. Rico incursionó luego en la política institucional y fue electo Intendente del partido de San Miguel.

La respuesta de Rico a la interpelación sobre el no pago de la deuda fue hilarante, dejó en orsai al periodista. “¿Nos van a expulsar de la FIFA?” retrucó sin gesticular. Años más tarde, en diciembre de 2001, la Asamblea Legislativa declaró el cese unilateral del pago de la deuda. La medida, votada entre los cánticos futboleros de los legisladores, sumió a Argentina en una enorme crisis social, pero fue recibida sin pestañeos por parte del FMI y de los acreedores internacionales, que se habían llevado 50 mil millones de dólares en la fuga de capitales que precedió al defol. Lo que Rico no había previsto es que Argentina podría ser sancionada por esa misma FIFA por ganarle un partidazo a Inglaterra con una sábana que llegó al campo de juego después de la victoria, con el lema “Las Malvinas son Argentina”. El interrogante que dejó planteada esta reacción nacional, saludada por los hinchas en Atlanta y la población en Argentina, es qué hubiera pasado si hubiéramos perdido la semifinal. Lo que demuestra que el oportunismo tiene varias facetas, y es necesario distinguir al revolucionario del contrarrevolucionario. El “banderazo” del miércoles ha desatado, como resultado, una crisis política en cuanto al fracaso del intento de imponer un estado de sitio a ese encuentro semifinal, para reprimir el intento de que el deporte refleje o acoja los reclamos emancipadores de las masas con independencia de su mayor o menor magnitud. A día siguiente, Donald Trump habló en el “prime time” de la televisión estadounidense para advertir que manipulará a su gusto las elecciones previstas en ese país para el martes 3 de noviembre, achacando a sus opositores nacionales y a sus enemigos internaciones planes de infiltración en los comicios con el propósito de provocar la derrota de los candidatos oficialistas. En los juegos deportivos internacionales es cada vez más frecuente que se levanten acciones de protesta como ha ocurrido en el último Super Bowl en California.

El imperialismo inglés ha puesto el grito en el cielo por el gesto de la hinchada y la selección argentina. La oligarquía comercial y financiera de Londres ha perdido la flema, la caballerosidad y la compostura. La agresión británica contra Malvinas en 1982 no fue llevada al Tribunal Penal Internacional para que fuera ‘sancionada’ como crimen de guerra, ni siquiera luego del torpedeo contra el crucero General Belgrano, que se encontraba fuera de la zona de exclusión, que se cobró la vida de 323 soldados de Argentina. El domingo próximo, Argentina pelea la Copa contra España –una ‘linda’ ocasión para que la hinchada del estado español denuncie los crímenes del franquismo, cuando en estos momentos hay un avance extraordinario de descubrimientos por grupos especializados en esa identificación-. Un grito a favor de la República sería una buena cosa, en especial para sacarse la bronca si España pierde.

El oportunismo del malo, como el colesterol, también existe. El kirchnerismo, por caso, está instrumentando la crisis a su favor, cuando en 16 años de gobierno llenaron las arcas de la City de Londres, mediante pagos cuantiosos de deuda en ese mercado. Los seguidores de Myriam Bregman se han pintado las mejillas con la celeste y blanca para ajustarse a su reciente Manifiesto, que aboga por “poner fin a la decadencia nacional”. El rechazo de Myriam Bregman al saludo a la bandera nacional deberá ceder a las conveniencias del oportunismo electoral. La escuela primaria es, en Argentina, el crisol donde se aprende a reconocer a Malvinas como territorio nacional, con la intención de seguir ocultando que Argentina sigue siendo una semicolonia financiera: “La Gran Deudora del Sur”. Pero en la primaria no enseñan acerca de las humillaciones, vejámenes y torturas sufridas por los soldados argentinos a manos de sus oficiales y generales ni de la completa falta de atención a los veteranos de guerra en 40 años. En términos sociales no existe mayor diferencia entre la Corona británica y los gobiernos “que supimos conseguir”. Nacionalistas como la videliana Villarruel y el vaticanista Guillermo Moreno, o el Alto mando que hoy trabaja para Trump, para el sometimiento de mil Malvinas: toda América Latina. Un buen agricultor es el que aprende a separar la paja del trigo. Esta es una tarea pendiente de la nueva generación de obreros que trabajan y son explotados en Argentina por el capital internacional (con el ‘argentino’ adentro).

La victoria contra Inglaterra equivale a la conquista de mucho más que media copa. Para el domingo hinchamos por la tetra Copa entera.

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