Escribe Marcelo Ramal
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En los últimos diez años, las jubilaciones perdieron el 45% de su poder de compra. Esta masacre previsional ha sido perpetrada, sin solución de continuidad, por Mauricio Macri, Alberto-Cristina Fernández y Milei-Caputo. Para lograrlo, modificaron los regímenes de movilidad en perjuicio de los jubilados, manipularon los haberes por decreto e impusieron bonos arbitrarios que -finalmente- congelaron en su valor. Por lo tanto, un jubilado vive hoy con la mitad de los recursos que disponía en 2017. Pero su condición vital es todavía peor cuando incorporamos el colapso del PAMI. El default a prestadores, la ausencia de vacunas, los faltantes de medicamentos y de prótesis y el éxodo de profesionales conforman un escenario letal. Mario Lugones, el ministro de Salud libertario, ha confesado que el “problema” es el elevado número de adultos mayores que “superan los 80 años”. Para los liberticidas, la “salida” a este “problema” es profundizar las carencias en aras de un superávit fiscal cuyo propósito es reciclar los vencimientos de la deuda pública. Las estadísticas del ministerio de Salud -recopiladas por el sanitarista Oscar Atienza- indican un aumento del 10% en el número de muertes de mayores de 65 años en los últimos dos años.
El gasto previsional “explica”, como es sabido, la mayor parte de la motosierra de Milei-Caputo. Pero no conforma al FMI, que se encuentra discutiendo con el gobierno una nueva reforma dirigida a dinamitar los restos del presente sistema jubilatorio. Por un lado, propugna un aumento de la edad para jubilarse en hombres y mujeres, hasta alcanzar los 70 y 65 años respectivamente. Además, quiere liquidar los llamados regímenes “especiales” conquistados por docentes nacionales, universitarios, judiciales y otros, que asocian la jubilación con el 82% móvil del salario, del cual excluyen los rubros “no remunerativos” en algunos casos. En rigor, estos regímenes no tienen nada de “especiales”. Pero la reforma fondomonetarista sólo apunta a nivelar hacia abajo.
Más ampliamente, lo que quieren el FMI y Milei-Caputo es la liquidación de la jubilación misma, a cambio de un régimen de “retiro proporcional” a los años trabajados y con un piso equivalente al 80% del de las actuales moratorias. Es la adaptación del sistema jubilatorio a la precarización laboral en boga. Consagra, también, la prolongación indefinida de la vida laboral más allá de la edad de retiro, pues nadie podrá vivir con los ingresos de algunos pocos años aportados. Estratégicamente, la reforma prevé separar a los haberes “contributivos” (con aportes) de los “no contributivos”, y, en este último caso, “fusionar a la jubilación mínima con la prestación universal (PUAM)”, que serán pagadas con los ingresos generales del Tesoro. Ello convertirá definitivamente a la jubilación mínima en un estipendio asistencial, con un nivel asimilable al de los actuales beneficiarios de la moratoria. En los papeles del Fondo, ese “haber” no supera el 20% del promedio de los actuales trabajadores registrados, unos 360.000 pesos – ¡13% menos que la actual jubilación mínima! Para los “contributivos”, el haber con 30 años de aportes no superará el 50% del salario al momento del retiro, pavimentando el filón de los seguros de retiro (jubilación privada) y de los seguros de salud, para aquellos que puedan evitar el colapso del PAMI. Este plan de guerra a los jubilados será la condición para que el FMI refinancie los grandes vencimientos de deuda que tiene por delante el estado argentino en el año 2027. La miseria jubilatoria definitiva es la gran ofrenda que preparan Milei y Caputo a los acreedores internacionales.
La CGT, con las CTA y movimientos sociales, han convocado a movilizar este miércoles 22 con la consigna “La Seguridad Social es un derecho”. Lo que no dice el flyer cegetista es que ese derecho está ligado a otro -el derecho al trabajo- que ha sido arrasado por el gobierno de Milei, sin que las burocracias sindicales se den por enteradas. La convocatoria cegetista tampoco establece un programa de reivindicaciones contra la miseria previsional y la reforma fondomonetarista. Sólo cuelga sus siglas a una lucha prestada, que no piensa desenvolver en ningún sentido. Sin perjuicio de ello, la movilización de jubilados de este 22 tendrá lugar en un escenario de atropellos a la clase obrera y de luchas extendidas. Los despidos en SIAT Tenaris, Granja Tres Arroyos, las textiles de Catamarca; los científicos el Conicet y la crisis irresuelta de la universidad pública. Los desocupados han sido privados hasta del miserable plan de 78.000 pesos, y se concentrarán en esa misma jornada en el puente Pueyrredón.
En este cuadro, llamamos a imprimirle un carácter masivo a la convocatoria de los jubilados, con un programa. Reivindicamos una jubilación mínima de 2.500.000 pesos, equivalente aproximadamente al 80% de una canasta familiar; la restitución incondicional de todas las prestaciones del PAMI, la defensa de los regímenes de jubilación conquistados por los trabajadores docentes, profesores, Luz y Fuerza, insalubridades; ningún aumento de la edad jubilatoria: el aumento de la “esperanza de vida”, que es el resultado de la ciencia y la técnica aportada por el trabajo, no debe ser confiscado por el capital.
Con este programa, nos movilizamos este miércoles, en la perspectiva de una huelga general indefinida por el salario, las jubilaciones y el derecho al trabajo.
