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En el lapso de algunas semanas o incluso de días, Brasil ha sido objeto de una furiosa intervención política de Trump, en la línea de convertir a América Latina en un Protectorado global del imperialismo norteamericano. En el marco de una guerra ilimitada contra Irán y una asistencia militar creciente de la OTAN a la guerra contra Rusia, este objetivo de colonización responde al propósito de que América Latina sirva como una retaguardia de Estados Unidos en la guerra mundial. Los aprestos para una invasión de Cuba, por medio de desembarcos costeros y tropas aerotransportadas, avanzan a todo ritmo.
Las elecciones que tendrán lugar en octubre próximo son un accidente o un pretexto de una ofensiva de mayor alcance., o sea que no se limita a promover un improbable triunfo de Flavio Bolsonaro. La decisión de Trump de designar a las dos organizaciones criminales de Brasil – el Primer Comando de la Capital y el Comando Vermelho – como terroristas, autoriza a las fuerzas armadas de Estados Unidos a incursionar en Brasil en oposición a todo el llamado derecho internacional. La misma designación para los carteles de la droga que operan en México ha servido para operaciones militares norteamericanas dentro del país, que en las recientes semanas han tenido lugar con la participación de los militares mexicanos. La determinación de Trump de convertir a México en un protectorado no ha amenguado en ningún momento; en el caso de Canadá no ha retrocedido del declarado propósito de anexarla a Estados Unidos. En el mismo Brasil, un grupo de gobernadores, en especial del estado de São Paulo y Río de Janeiro, desarrolló un brutal operativo de represión contra las favelas, con el propósito de provocar la declaración de Estado de Excepción y la militarización urbana. El operativo fue impulsado a espaldas del gobierno nacional y de Suprema Corte. Un sector fundamental de la ultraderecha de Brasil se había adelantado a la designación de terroristas de las organizaciones criminales mencionadas, por parte de Trump, aunque con el conocimiento y apoyo de éste.
Javier Milei ha entendido esto. No así, claro, el Congreso de la Nación, que no ha vetado su viaje a São Paulo en calidad de marioneta de Trump. Milei se lanzó a una metralla de insultos contra Lula y la izquierda, en una señal típica del propósito de dar un carácter fascista a la candidatura de Bolsonaro (h), o sea, con el apoyo y la movilización de los sectores desclasados del país. Jair Messias padre ha sido condenado a 27 años de prisión por los tribunales brasileños por la promoción de un golpe de estado contra el gobierno legal de Lula, en enero de 2023, y por numerosos casos de corrupción, como la retención de oxígeno para la población de Manaos, durante la pandemia, que causó la muerte evitable de decenas de miles de personas. Los Estados Unidos del primer gobierno de Trump y el Brasil de Bolsonaro padre han registrado el mayor número de muertos por Covid de todo el mundo. La actividad de Milei en apoyo a Bolsonaro (h) reafirma su condición fascista, algo que es negado por un variado círculo de politólogos en Argentina. Mussolini, el padre del fascismo, gobernó Italia durante un período en un marco pseudoconstitucional, à la Milei, para finalmente convertir al país en un estado totalitario.
Flavio Bolsonaro va atrás en las encuestas (43%), frente a Lula (48%), cuando se desconoce aún el alineamiento de la derecha y centroderecha, que dominan el Congreso, en lo que será una disputa entre dos frentes políticos. El gobierno de Lula es una coalición con la derecha brasileña, aunque no solamente con la que se profesa “liberal”. De modo que el “presidiario” e “izquierdista sucio”, como lo calificó el presidente de Argentina con varias causas abiertas, junto a numerosos subordinados, gobierna con numerosos derechistas. Para quebrar esta alianza política, Trump ha desatado una guerra de aranceles contra Brasil, con el cual registra, sin embargo, un superávit comercial. El 25% arancelario impuesto al vecino de Argentina supera los niveles aplicados a otros países. Los aranceles afectan al 18% de las exportaciones de Brasil. Pareciera, en principio, que el gabinete apoya la respuesta de Lula – “aranceles recíprocos” – en oposición a la respuesta servil de Bolsonaro, que ha “pedido” a Trump una reconsideración del ‘arancelazo’. Si el frente burgués oficialista mantiene esta postura, Lula tendría asegurada la delantera en la primera vuelta, pero no podría evitar el balotaje. El otro tema fundamental es la exigencia de Trump de que Brasil anule la billetera pública virtual Pix del Banco Central, cuyas transacciones son gratuitas, en defensa de Visa y Mastercard que, como consecuencia, han perdido mercado en Brasil. El choque por los sistemas internacionales de pago, otrora monopolizado por Estados Unidos y el dólar, se propaga por todo el mundo.
Lula resiste, digamos, la ofensiva y el asalto de Trump, pero en el marco superestructural y diplomático, de ninguna mediante una movilización de masas y el desarrollo de una comprensión política de conjunto, que no es otra que la dominancia del colonialismo político y la guerra imperialista. Es muy frecuente en la prensa y en los mentideros políticos decir que Brasil “é grande demais” para que el imperialismo pueda imponerle su política, lo que no pasa de una irresponsabilidad. La intervención de las masas es un temor que comparten todos los partidos, incluido los de izquierda como el PSOL, que colabora con el ‘lulismo’. En Argentina, es necesario que la lucha para poner fin al gobierno criminal de Milei sea, además de masiva, internacional. Es hora de incorporar la lucha contra el fascismo imperialista, una agenda de agitación y manifestaciones, para que las masas decidan en ella con toda determinación.
