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La protesta contra la ley de “inviolabilidad de la propiedad privada” dejó, como uno de sus saldos, un incremento en la acción directa y la lucha callejera. El epicentro de esta confrontación ocurrió en las inmediaciones -y más allá- del Congreso Nacional, aunque tuvo sus réplicas en La Plata, Rosario, Córdoba, Mendoza y Salta. En Buenos Aires, y bajo una lluvia por momentos torrencial, masas de manifestantes cubrieron desde la avenida Callao hasta la avenida 9 de Julio. Este rechazo político ya venía anticipado por una amplia agitación “desde abajo”, con autoconvocatorias e incluso pronunciamientos de diversos artistas y figuras públicas. La misma se mantuvo a pesar del clima y de que el gobierno había retirado el comentadísimo capítulo de la venta de tierras. Un informe de la consultora INGOB sobre la conversación de estos temas en las redes sociales (X, instagram y facebook), midió 3.5 millones de interacciones y 31 millones de vistas y arrojó un 97% de negatividad para el gobierno. La exorbitante cifra de heridos (mil quinientos) no sólo da cuenta de la magnitud represiva -un ´clásico´ desde la sanción del “protocolo antipiquetes”- sino, y en este caso, de la persistencia y la combatividad que adquirió la jornada.
Frente al Congreso se desplegó el ´habitual´ operativo conjunto de la Policía de la Ciudad y fuerzas federales (Policía Federal, Gendarmería y Prefectura), que ese día contaron, al menos, con dos mil uniformados. Los primeros choques se registraron a las 16.45 horas. Un grupo de manifestantes logró derribar una de las vallas de seguridad instaladas en la calle Yirigoyen, lo que dio inicio a una respuesta represiva salvaje. En ese horario continuaba la afluencia a la marcha, la cual rodeaba cada vez más, por las calles laterales, al operativo represivo. La policía solo pudo ´despejar´ con un despliegue de fuego digno de una confrontación militar.
Antes de las 17hs, las fuerzas de seguridad ya habían avanzado sobre Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos, con carros hidrantes y una balacera de postas de goma que empujó a los manifestantes hacia las veredas. Mientras, en Callao y Bartolomé Mitre la Gendarmería salió desde detrás de las vallas -que nadie había volteado- disparando balas de goma y gases lacrimógenos. La policía utilizó también gas pimienta y aparecieron postas de byrnas, armas de aire comprimido que lanzan balas de plástico o proyectiles químicos. Cuando podían, también usaron los palos y los escudos para golpear a quien tuvieran cerca. El humo del gas tuvo que cubrir el conjunto de Plaza Congreso para dispersar a los grupos más numerosos. La represión hizo que los manifestantes fueran corridos unas diez cuadras, llevando la persecución hasta la avenida 9 de Julio, donde siguieron disparando entre peatones y colectivos. En paralelo, escuadrones motorizados realizaron razzias a lo largo de la Avenida de Mayo y las calles Rivadavia e Yrigoyen. Focos de represión y resistencia ocurrieron a lo largo de varias calles perpendiculares a las mencionadas.
A pesar de este despliegue de la represión, la firmeza de los manifestantes se mantuvo intacta. Muchos insistieron en volver al Congreso o a sus calles cercanas y se reorganizaron para intentar arremetidas contra la policía. Una columna organizada en el momento se dirigió a protestar a la Plaza de Mayo. En simultáneo, la represión se tuvo que expandir hasta las pizzerías de la Avenida Corrientes. Recién a las 22.30 horas se pudo hablar de una retirada, aunque los disturbios siguieron hasta las 23.30. Cerca de la medianoche, un nuevo cordón policial debió armarse para alejar del Congreso a los últimos.
La brutal represión dejó, al menos, 1500 heridos de un lado y el ´reporte´ de cuatro agentes lastimados. Treinta fueron detenidos, de los cuales dieciocho fueron liberados. Una fotógrafa resultó herida de gravedad y fue trasladada al Hospital Argerich tras recibir un proyectil policial que le fracturó el cráneo. Como ya ocurrió con Pablo Grillo, la prensa que registraba la represión fue arteramente atacada. El gobierno pretenderá acusar a los detenidos por los delitos de atentados al orden constitucional y a la vida democrática cuando es el mismo el que declara estados de sitio de facto y reprime salvajemente la protesta, que es un derecho constitucional explícito, aunque antes que nada un método de acción irrenunciable de los explotados en todo el mundo y todas las épocas.
