Escribe Comité Editorial
Las patronales y sus secuaces políticos quieren armar un recambio alternativo.
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La tentativa de Milei y Sturzenegger de lograr la media sanción del proyecto de “Inviolabilidad de la propiedad privada” ha fracasado en cuanto a que se vio obligado a retirar los capítulos relativos a la extranjerización de tierras y del cambio de uso de las afectadas por el fuego. La intención original había sido eliminar todo límite a la extranjerización, que luego fue sustituido por un tope del 25%, finalmente abandonado. En el caso del fuego avalaba la práctica de los incendios forestales para destinar el terreno a la actividad agropecuaria u otras. Lo cierto es que no hay ningún control en lo relativo al cambio de manos de la tierra, sometido en la actualidad a un tope del 15% promedio. El Financial Times ha señalado que la oligarquía financiera internacional está comprando tierras en Argentina, con énfasis en Mendoza, como lugar de refugio para el caso de una guerra atómica y para penetrar en la Patagonia para toda clase de negocios, en especial el agua o la instalación de centros de datos. A un año y medio de las próximas elecciones, creen que apuestan al ganador. Todo esto ocurre bajo los ojos del gobernador Cornejo y el presidente Milei, bajo la actual legislación kirchnnerista. El burro de proa es un millonario argentino, Martín Varsavsky, pero es también un testaferro de grupos internacionales. Lo que se registra en una escribanía no es lo más importante del ‘emprendimiento’.
El nacionalismo que se adjudica el adjetivo de popular, a pesar de perder millones de votos y co-gobernar con Milei, celebró estos resultados ficticios, muy interesado en que no se lo vea, a él mismo, como opositor a los desalojos exprés de quienes no pueden pagar sus alquileres – una promesa de que la ‘desregulación’ de la vivienda de alquiler no será mencionada en su programa electoral. Tampoco que se haya aprobado una deformación de la categoría de expropiación por utilidad pública, para convertirla en una jugosa ‘estatización’ del vaciamiento privado. Patricia Bullrich no logró la media sanción que quería, con todos los capítulos, porque los gobernadores de varias provincias no querían ceder autoridad para extranjerizar tierras (no para nacionalizarlas) y en repuesta a la tentativa de Milei (Karina) para puentearlos en las próximas elecciones nacionales. Esto ha llevado a un columnista de La Nación a la conclusión de que el gobierno está ‘desordenado’ y que Milei ‘no acompaña’ la gestión. En definitiva, el gobierno ha sufrido una derrota legislativa y, hasta cierto punto, política, pero los trabajadores no han ganado nada. En realidad, el proyecto de propiedad privada no es estrictamente una cuestión legislativa, que pueda trozarse como una tapa de asado, es, para los trabajadores, una cuestión política, para golpear y poner fin al gobierno de la ruina de los trabajadores. Quienes celebran la porción que les ha tocado, para hacer ejercicio de auto proclamación, les dan la espalda a los intereses fundamentales de la clase obrera. Ninguna corriente nacional y popular o “antiimperialista” (como se rebautizó el FITU) hizo una campaña por la nacionalización de las grandes posesiones rurales o el suelo urbano.
El telón de fondo de la crisis política por arriba es una fenomenal crisis social por abajo; según LN, hasta Caputo está preocupado. Las dos terceras partes de la población quiere un cambio, y llega al 75% en el caso de los jóvenes. La quiebra bancaria de las familias se ha convertido en una tragedia, y también en una crisis financiera y política. Una reducción de la gigantesca hipoteca que pesa sobre las familias es incompatible con la política deflacionaria y las tasas de interés extorsivas. Una investigación periodística ha descubierto que Caputo se ha comido un fondo para obras viales de casi dos billones de pesos en comprar la deuda pública que emite para financiar el déficit fiscal oculto. Por mucho menos que esto el Congreso brasileño destituyó, en 2016, a la presidenta Dilma Roussef. El pago de los vencimientos de deuda hasta el final de 2027 se ha convertido en inviable. La burguesía huele sangre; los ‘economistas’ se han abalanzado contra Caputo y Milei. Milei corre como un loco por América Latina al servicio de Trump, para que el Tesoro norteamericano vuelva a operar como prestamista de última instancia de Milei. Pero el propios Trump se encuentra en un callejón sin salida en Irán, donde Ormuz no se abre.
La última evaluación de la economía argentina efectuada por el Banco Central es, entrelíneas, condenatoria. Admite que Vaca Muerta no resuelve ningún problema, porque los dólares que aporta se van del mismo modo. El Quini 6 de Milei está en las gateras. Pero cuando alaba la ‘solidez’ de la economía del país, admite que no soportaría una sacudida internacional, o sea que en realidad está a la intemperie. The Wall Street Journal, del lunes 10, enumeró los fondos de crédito que tienen establecido un corralito a sus inversores por los numerosos defaults de las compañías en que se encuentran invertidos.
La declinación de Milei no solamente se advierte en los diarios; empiezan a abundar candidaturas que se suponían ligadas al oficialismo. Es lo que ocurre con el macrista Hernán Lacunza, por un lado, y un armado de Massa, por el otro; también Melconian, mientras Milei camina a “un piso de resistencia” del 25 por ciento. Pero el recambio habitual en estos casos, desde Alfonsín en adelante, y con el 2001 en el medio, muestra una crisis de dominación política sin precedentes.
De Villarruel al kirchnerismo, los partidos del régimen, y el FITU, distante en apariencia de ese régimen, se han empeñado en desviar el rechazo popular a Milei y la consecuente crisis revolucionaria de una salida anticipada del gobierno, con un nacionalismo improvisado, que se originó en otro igualmente improvisado por la levantada final de Argentina contra Inglaterra. Que el partido de la presidenta que vetó la ley de protección de glaciares, en acuerdo con Barrick Gold, haga gala de antiimperialismo es un oxímoron y hasta un contrasentido; o la que firmó acuerdos tecnológicos con el estado sionista. La celesta y blanca es usada como disfraz. El territorio nacional ha sido hipotecado por los partidos patronales con una deuda impagable que, todo sumado, se aproxima a los 600.000 millones de dólares. El patrioterismo se arma para esconder la lucha de clases interna, que es más aguda cuanto más su burguesía se encuentra entrelazada con el capital extranjero y con los mercados internacionales de capitales. Es un arma para disimular que Argentina forma parte de la guerra imperialista internacional del lado de la OTAN que están en juego; es también un modo de patear la pelota afuera frente al carácter concreto que reviste hoy la subordinación al imperialismo, que es la integración de Argentina a la guerra internacional como apéndice de la OTAN. La cúpula del FITU se ha sumado a la campaña patriotera con el entusiasmo del converso.
El fascista Peter Thiel y Palantir no necesitan de una ley para consumar la implantación de sus plataformas para implantar una supervisión digital del Estado. En la sesión del jueves pasado, Bullrich les pidió a los senadores peronistas el “pin” (broche) de Malvinas. Fue mucho más que una broma: Milei viajará a Londres para procurar, como lo hizo Galtieri, un principio de soberanía compartida, a cambio de apoyar la explotación económica y el reforzamiento militar de Malvinas y el Mar Argentino bajo la batuta de la OTAN (¿Cómo mide la ley de tierras la ocupación de las aguas y yacimientos del Atlántico sur?).
La Cuarta Internacional, eso es Política Obrera, se propone desarrollar en la clase obrera la consciencia del impasse histórico insoportable del imperialismo para convertir, mediante una acción de masas, la oposición popular a Milei y a Trump en una situación revolucionaria.
