Un golpe de estado en los salones de la democracia

Escribe Jorge Altamira

La reforma del Banco Central.

Tiempo de lectura: 3 minutos

La media sanción de Diputados a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, no tiene nada que ver con los objetivos que se atribuyen a la entidad; la banca central es la rescatista de última instancia del sistema financiero capitalista. Lo que importa en el proyecto, por, sobre todo, es la cláusula que habilita al actual Directorio a permanecer en su cargo luego de las elecciones del año próximo. Bien mirado, este directorio es manifiestamente ilegal porque su designación no deriva de un acuerdo en el Senado, sino que sido puesto a dedo por Milei, que se ha valido de la cláusula que permite nombrarlo “en comisión” por mucho más allá del tiempo de emergencia que autoriza este proceder. Este directorio provisorio ha presidido el mayor ‘ajuste’ de la cuenta bancaria en su historia. Por orden del Ejecutivo, ‘limpió’ la hoja de balance del Central por arriba de los cien mil millones de dólares con dinero del Tesoro recaudado entre los contribuyentes. Es la suma que reveló Milei cuando aseguró haber eliminado el llamado déficit cuasi fiscal por el equivalente al 15% del PBI. Diputados ha votado ayer que la remoción de este Directorio fantoche sólo será posible so se obtienen los dos tercios de los votos de ambas cámaras del Congreso – lo mismo que para convocar a una Convención Constitucional. Es probable que Milei intente obtener el acuerdo del Senado en algún momento en el futuro próximo, pero en cualquier caso se ha asegurado que sus agentes financieros continúen cuatro años o muchos más, si no se obtienen los números para su remoción. Estamos ante un golpe de estado tramado en los salones del Congreso, no en los sótanos de la democracia. En Perú, el presidente del Banco Central ocupa el puesto desde hace treinta años, tiempo por el cual pasaron seis presidentes de la República. El alcance político e institucional de esta votación de media sanción supera, en cuanto atropello soberano, a la anulación de los dos capítulos de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada.

Otras modificaciones introducidas al Banco Central rivalizan en importancia con la del directorio, como la posibilidad de que los bancos constituyan sus reservas mínimas con bonos del Tesoro – al precio de mercado. Los requisitos de endeudamiento del Tesoro serían cubiertos por el Banco Central por medio de una elevación del monto exigible de esas reservas, como viene ocurriendo desde hace un tiempo. Los bancos podrán comprar esos títulos al valor del mercado secundario, cuando sea inferior a la cotización en el momento de su emisión. O, por el contrario, adquirirlo en ocasión de su emisión primaria previendo su valorización posterior. Es, a lo Betsson, un sistema de beneficios mediante apuestas. De otro modo, el Central podrá comprar títulos públicos directamente en el mercado secundario, convirtiendo-ce en acreedor, incluso principal, del Tesoro. La emisión monetaria para financiar el déficit fiscal aparece en este circuito, como ocurre con la Reserva Federal o el Banco de Inglaterra, que tienen en sus arcas billones de dólares o libras en títulos del Estado. Esta relación tóxica entre el Banco Central y el Tesoro se ha manifestado en forma brutal en Estado Unidos, recientemente, cuando el secretario del Tesoro, Scott Bessent, se lanzó a operar sobre los títulos públicos con el propósito de bajar el nivel de la tasa de interés, mientras Kevin Warsh, el presidente de la Reserva busca hacer lo contrario, o sea subir la tasa para contener la inflación. La media sanción votada ayer es un corralito impuesto al próximo gobierno para que se vea forzado a continuar con el ‘ajuste’ libertario., incluso a sabiendas de que lo lleva a un estallido financiero

Los diarios destacan un artículo de la media sanción que permite al Tesoro (Luis Caputo) empeñar los activos y reservas del Banco Central como garantía para obtener nuevos préstamos. Luego del veloz crecimiento de la deuda pública en el mercado local en los primeros seis meses del año, Caputo no encuentra billeteras abiertas. Tiene el oro en bancos extranjeros y se apresta a hacerlo con las restantes reservas. Con préstamos de corto plazo pretende pagar los vencimientos no cubiertos hasta el final de 2027. El proyecto bancario se llevó el voto de numerosos gobernadores ‘opositores’, que temen que un default se lleve puestas a las provincias y grandes compañías, o sea a una sonora bancarrota. Myriam Bregman se congratuló de que entre quienes votaron esa media sanción se encuentren diputados dispuestos a votar una sesión especial para tratar las deudas a los sectores más pauperizados; no se dio cuenta que lo acaban de hacer con la media sanción al desfalco. Cualquier medidor político que se tome demuestra la decrepitud de la casta política de derecha a izquierda.

Caputo ha aprovechado este ‘clima’ para iniciar el desvalijamiento del FGS de ANSES, que deberá convertir su cartera de depósitos a corto plazo en préstamos hipotecarios a largo plazo de incierto cumplimiento. El propósito de esta maniobra es también dolarizar como un chaleco de fuerza a la economía, cuando se desarrolla una furiosa corrida contra el dólar en el mercado internacional. Carlos Marx ya había advertido hace muchísimo tiempo que ninguna reforma bancaria puede domesticar la tendencia del capitalismo hacia crisis cada vez más violentas.

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