El “Plan platita” no es un plan, y la “platita” es un rescate a los bancos

Escribe Marcelo Ramal

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Algunos han querido ver un “Plan Platita” en las recientes medidas que anunció el gobierno. El desmoronamiento de su gestión económica se manifiesta, entre tantos otros indicadores, por la caída persistente en el consumo de alimentos y artículos de primera necesidad; el retroceso de un 20% de la producción automotriz previsto para 2026; la insolvencia crediticia de seis millones de familias y un desempleo que no baja del 7,5%, sin contar al creciente número de subocupados. Todo este retroceso ha dinamitado a un superávit fiscal que nunca fue tal, sólo de ‘caja’, que se ha cubierto con deudas de todo tipo y lo que ahora ha empezado a llamarse “préstamos oficiales” de bancos internacionales, el bicicleteo a los proveedores y la incautación de fondos fiduciarios.

De cara a este declive sin pausa, Luis Caputo ha salido a improvisar algunos manotazos que, en el mejor de los casos, serán irrelevantes; y en otros, podrían terminar echando leña al fuego de la crisis. En una pomposa conferencia de prensa anunció una línea de créditos hipotecarios de bancos privados, pero con fondos del ANSES. La medida oficial dispone que el ANSES coloque el dinero que actualmente tiene en los bancos a plazos mayores y a una tasa de interés máxima del 4,5% anual. Los bancos, con ese dinero, podrán adjudicar préstamos hipotecarios a una tasa del 7,5%, casi el doble, más el índice UVA. Un negocio redondo, con plata ajena -la de los jubilados. Por el nivel de ingresos requeridos, la “justicia social” de Caputo sólo llegaría al 7-8% de las familias del país, las mismas que hoy, o tienen vivienda propia, o podrían acceder a los planes que los bancos comerciales vienen ofreciendo. (El BBVA promociona por televisión “7,5% más UVA”, la misma tasa que anunció Caputo).

Al subsidiar a la banca, Caputo ha seguido una tradición “nac y pop”: servirse del Fondo de los jubilados para rescatar a los capitalistas. Es lo que hizo el kirchnerismo cuando disponía del Fondo de Garantía para implementar salvatajes empresarios (General Motors). En cuanto a Milei-Caputo, el plan hipotecario no moverá el amperímetro: representaría, en el mejor de los casos, un aumento del 3,8% del actual stock de hipotecas vigentes (dato de Roberto Cachanovsky). El Fondo del ANSES es, más que nunca, un rescatista de la deuda pública argentina, donde están colocados la abrumadora mayoría de sus recursos.

La segunda botella al mar del pseudo “Plan” fue el anuncio de un piso salarial para los trabajadores privados de 860.000 pesos, o sea, la cuarta parte de una canasta familiar y la mitad de la llamada “línea de pobreza”. Sólo cuatro gremios se encuentran por debajo de ese piso en sus categorías iniciales. Pero el gobierno no pretende levantar los básicos de esos rezagados -como son la UOCRA, los textiles o los rurales. La propuesta oficial es completar la diferencia entre el salario actual y el “piso” con “bonos y sumas no remunerativas”. Sibilinamente, ofrece “platita” pero “negra”, o sea, avanzar aún más en la precarización de los salarios a costa de las jubilaciones futuras y de la salud presente.

Finalmente, los “platudos” han enfrentado la última licitación para la renovación de deuda en pesos permitiendo que se liberara al mercado una liquidez adicional, con el propósito de bajar las tasas de interés y, supuestamente, activar el movimiento económico por la vía del crédito. Lo que no se toma en cuenta es que los insolventes de préstamos personales están “clavados” con préstamos pactados a tasa fija (al igual que los “no-insolventes”, pero que ocupan una porción cada vez mayor de sus ingresos para tener sus cuentas al día). Las tentativas de bajar la tasa de interés han sido ensayadas varias veces bajo la gestión Milei-Caputo en el último año y medio. Invariablemente, terminaron en fuertes recules, porque los pesos circulantes terminaron en la compra de dólares. El escenario actual no es diferente, porque en el mes de julio se batió un récord en la compra y atesoramiento de divisas. Los economistas vulgares -así como Caputo- creen que el régimen económico está colapsado porque “la tasa de interés es alta”. Pero la crisis económica envuelve a la producción (40% de capacidad ociosa en la industria), al consumo privado y a la inversión, que está en un piso histórico -13% del PBI- a pesar de los publicitados RIGIs.

El “plan platita”, en resumidas cuentas, es un embuste. Las alusiones a “reactivar” apuntan a brindarle a la oposición colaboracionista las excusas para blindar parlamentariamente al gobierno. El pero-kirchnerismo finge una “mejora” económica que justifique el inmovilismo político y sindical. Pero el colapso asoma.

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