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El jueves 27 de agosto, Javier Milei dio un discurso de 40 minutos ante alumnos de cuarto y quinto año de la Escuela ORT, en el marco del 90 ° aniversario de la institución. La convocatoria anunciaba una charla sobre "Ética e inteligencia artificial". En los hechos, apenas mencionó la IA: leyó pasajes de su próximo libro, "La moral como política de Estado", calificó a Karl Marx de "satanista", afirmó que "el capitalismo es el sistema que Dios preparó" y arengó a los estudiantes a abuchear a los periodistas. No es la primera vez que convierte un acto escolar en una agitación fascista: ya lo había hecho en marzo de 2024, en el Instituto Cardenal Copello, donde él mismo había cursado el secundario.
La ORT es una de las escuelas más grandes y prestigiosas de la colectividad judía argentina. A pesar del rechazo manifestado con antelación por parte de sus autoridades académicas, el presidente de la DAIA, el ´libertario´ Mauro Berenstein, gestionó la visita de Milei.
Cuatro días antes de la visita, Adrián Moscovich -director ejecutivo de ORT Argentina durante veinte años- publicó una columna en Infobae donde, sin nombrarlo, advertía a Milei: "Le suplicamos respeto al que piensa distinto, sea periodista, economista, gobernador o Presidente de otro país" (Infobae, 23/08). Moscovich, que dijo haber votado a Milei, remarcó que los hijos de la comunidad "no son parte de un stock".
Milei viajó tres veces a Israel desde que asumió. Se autodefine como el "presidente más sionista del mundo". Firmó con Netanyahu un pacto que busca emular a los Acuerdos de Abraham, establecidos con Trump, y profundizar la subordinación de gobiernos latinoamericanos al Estado israelí. Ha dado un apoyo incondicional al genocidio en Gaza. El mandatario hizo caso omiso a la advertencia, probablemente porque considera galvanizado el apoyo de la colectividad judía a su postura. A modo de ´recaudo´ se dispuso un operativo extraordinario: calles cortadas, perros antibombas, francotiradores en los techos, sin prensa acreditada y con aviso a las familias apenas 24 horas antes. Todo diseñado para que no hubiera fisuras. Aun así, hubo abucheos de vecinos y, dentro de la escuela, una porción importante de alumnos y alumnas apelaron a distintos símbolos y manifestaciones para protestar. Exalumnos, docentes, trabajadores y familias hicieron circular una carta de rechazo: "Una persona que difunde y defiende discursos de odio no puede de ninguna manera utilizar un espacio educativo para hacerlo" (La Política Online, 27/08).
En la ORT Milei buscó una audiencia cautiva. pero lo recibieron con pañuelos verdes y cartas de rechazo. La incursión puso de manifiesto no sólo la opinión dividida que recorre a la colectividad judía, sino también una crisis en la propia DAIA. Su vicepresidente, Gabriel Salem, intentó blindar a la organización sionista: "Ni la comunidad, ni la DAIA, ni la ORT toman posicionamiento político", repitió tras el escándalo (La Nación, 28/08). Puertas adentro, sin embargo, la propia conducción de la DAIA discute el "papelón" y le pasa factura a Berenstein, a quien acusan de buscar un cargo en el Gobierno. No existe tal "apoyo sin fisuras" en la retaguardia de los carniceros de los pueblos de Medio Oriente.
