Avance del neonazismo en Alemania

Escribe Jorge Altamira

Un gobierno ‘pato cojo’ CDU-SPD: coalición de “La Izquierda” (‘Radical’) con los partidos oficiales en el estado de Mecklemburgo-AntePomerania y en el estado-ciudad de Berlín.

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Los resultados electorales de ayer en Alemania han dado continuidad al ascenso del neonazismo y desatado una crisis terminal en el gobierno nacional que encabeza Friedrich Merz, en una coalición de la Unión Cristiana Democrática con la Socialdemocracia. En el estado norteño de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la CDU no ha conseguido el umbral del 5% de los votos para entrar en el parlamento regional. En tanto, la SPD se ha derrumbado a un 13% en Berlín – su histórica plaza fuerte, y la CDU, con un 19% y el segundo lugar pierde el gobierno del estado-ciudad y la mitad de sus votos. La AfD, el partido neonazi, ganó las elecciones en el norte, con un 38% de los votos, seguido por la Socialdemocracia, con un 35.5 por ciento. En Berlín, AfD ocupó el cuarto lugar, pero con un 16.5% que triplica su votación de hace tres años.

“La Izquierda” en Berlín

La victoria de El Partido de Izquierda (Die Linke) en Berlín, ha sido caracterizada por buena parte de los medios como la expresión de una polarización entre extremos. La Izquierda obtuvo el 26% de los votos, superando los pronósticos que le daban una intención del 21 por ciento – ya un aumento importante respecto a elecciones anteriores. Berlín es, por otro lado, el centro político de Alemania y su población casi triplica a la de Mecklemburgo. Es indudable que esta performance refleja un giro defensivo del electorado contra el crecimiento del fascismo. Pero con ese resultado, La Izquierda ya se ha declarado dispuesta a formar una coalición con el SPD y el partido Verde, para obtener una mayoría en el parlamento regional. Ya ha practicado esta política de coalición en otros estados. Para eso, deberá ceder en los puntos fundamentales de su plataforma, como la estatización de los monopolios inmobiliarios que tienen de rehenes a millones de inquilinos. Se trata de una reivindicación histórica de los berlineses, que ha dado lugar a movilizaciones de masas enormes. Luigi Pantisano, co-presidente de La Izquierda, luego de responsabilizar a Merz por el avance de la AfD, ha declarado que “El debate interno en el partido giraba en torno a cómo mantenernos fieles a nuestra propia línea sin dejar de respaldar a la CDU” (Revista Sin Permiso).

Es claro que La Izquierda, en alianza con toda la coalición oficialista, integra “el centro que se desploma”, como llaman los medios al derrumbe de la coalición oficial, y no representa un polo político independiente para aplastar al fascismo. Por el contrario, está asociada a la burocracia de la Central Obrera, sometida a la Socialdemocracia gubernamental, que preside el despido masivo de trabajadores y la reconversión de la industria automotriz en una industria de armamentos. La Izquierda ha votado en el Senado los créditos para financiar la guerra de Alemania contra Rusia en Ucrania. La polarización política será tal cuando la clase obrera alemana se convierta en una fuerza histórica independiente.

Desintegración del gobierno

Con el pomposo titular: “Alternativa para Alemania: muchos votos, poco poder”, el canal DW revela una ceguera poco común. Alude al “cordón sanitario” que compromete al conjunto de los partidos establecidos a no entrar en ninguna coalición con AfD, nada menos que después de los tres escaños que le faltaron para formar un gobierno propio en el estado de Sajonia-Anshalt. El desvanecimiento del poder se manifiesta en la coalición oficialista, aunque todavía retiene los dos distritos más importantes de Alemania – Baviera y Rhenania. Pero es de aquí que parte, precisamente, la fronda para reemplazar a Merz sin llamar a elecciones nacionales. El Canciller se ha convertido en un “pato cojo” (‘lame duck’), que Trotsky ha definido, con más precisión, como un bonapartismo por la negativa, o sea que se sostiene por el temor o la incapacidad de sus rivales para establecer un recambio alternativo. La co-presidenta de AfD, Alice Weidel, ha ofrecido a la CDU formar un gobierno nacional de coalición, en un aparente abandono de la doctrina de un gobierno propio. Se trata de un globo de ensayo para escindir a la fracción más ultraderechista de la CDU.

“El 62% de los partidarios de la AfD estuvieron de acuerdo”, en una encuesta realizada en Sajonia-Anshalt, señala en un estudio el historiador económico Alan Tooze, “con esta dramática” declaración: “la sociedad se dirige hacia una crisis importante, que sólo podemos abordar con un cambio de régimen” (Revista Sin Permiso), o sea la abolición de la democracia. Señala Tooze: “si se observan más profundamente los datos de las encuestas de opinión, está claro que el votante de la AfD no es un activista” (un franco tirador): “los votantes de la AfD se agrupan en el ala de extrema derecha del espectro conservador – tienden a apoyar decididamente una reducción de impuestos y un menor gasto social...recortar el subsidio básico al bienestar social”. La campaña de la AfD, en ese estado, llevó la participación electoral a un histórico 80%, del que se llevó la mayor parte, lo que significa que re-politizó a los sectores populares más atrasados. Obtuvo el 44% en ese estado, con un programa que prometía la expulsión de inmigrantes indocumentados y la “remigración”, o sea la deportación de los más recientes. A escala nacional, esto supone un 20% de la población de Alemania. Interrogada acerca del daño que causaría la expulsión de trabajadores calificados (en estados como Mecklemburgo los inmigrantes constituyen una mayoría de ese personal), la AfD responde que los reemplazaría mediante la Inteligencia Artificial. AfD no constituye aún un partido de movilización política fascista de masas, pero es claro que se encuentra en una transición en esa dirección – algo olímpicamente ignorado por oficialistas de derecha y de ‘izquierda’. Es probable que la misma AfD no quiera apresurarla, con vistas a imponer una coalición de gobierno a corto plazo con la CDU, o más cercana a las elecciones nacionales de 2029, que lidera en las encuestas. Este tránsito no encuentra obstáculos decisivos por la neutralización política contrarrevolucionaria de la clase obrera, por parte de la Socialdemocracia y La Izquierda.

Alemania y la guerra imperialista

Alemania ha pasado de ser la exportadora imbatible de mercancías de la Unión Europea, a revistar una condición de desindustrialización y retroceso frente a la competencia de China. La AfD viene planteando, desde su fundación, la salida “programada” del euro, para proceder a una política deflacionaria que revalorice la inversión en el extranjero – en China, sudeste asiático y Centro Europa, acompañada de una fuerte ‘desregulación’ del mercado laboral. Lleva hasta su conclusión la política en que está empeñado el gobierno CDU-SPD, pero con una salvedad – exige reducir la deuda pública mediante el ‘ajuste’, o sea, mediante un re-industrialización militar ‘con fondos propios’ - y no expandirla como ocurre ahora. En este marco, plantea reanudar la compra de gas a Rusia, un insumo industrial estratégico, varias veces más barato que el GNL que le ha impuesto Estados Unidos, algo que cuenta con gran apoyo popular. Por eso, reivindica un acuerdo con Rusia para cesar la guerra en Ucrania. Tiene el apoyo de Elon Musk y el vice presidente norteamericano JD Vance, y de parte de la oligarquía ‘tecnológica’ estadounidense. El retorno a una política deflacionaria, sin embargo, en las condiciones de la crisis financiera mundial y guerra internacional es, a término, inviable, y tampoco se ve la viabilidad de un acuerdo con Rusia, dada la amplitud de los bombardeos de Zelensky a las refinerías de Rusia y a Moscú, y el reclamo, por parte de Putin, del reconocimiento de la soberanía de toda la región del Donbas para Rusia, y del cambio de régimen político en Ucrania.

La oposición internacionalista a la guerra de la OTAN es decisiva para derrotar al neo-nazismo, cuando el frente del “cordón sanitario’ impulsa su expansión a Rusia, para proceder a un “cambio de régimen”. Los neonazis no plantean retirarse de la OTAN ni detener el rearme alemán, al que justifican como una necesidad en la lucha contra lo que llaman la “islamización” del país y para proceder a la “remigración” y a la “pureza étnica”. AfD se ha alineado con Trump-Netanyahu contra Irán; AfD es un partido de la guerra mundial. La lucha contra la guerra imperialista es vertebral para una estrategia de independencia histórica del proletariado. Es una agitación nodal en todas las luchas contra los ‘ajustes’ (jubilaciones a los 70 años), las ‘reconversiones’ y el reforzamiento del estado policial.

Alemania ha entrado en un período de transición. La evolución del proletariado alemán dependerá de la calidad política de los planteos de una vanguardia muy débil y de la marcha de toda la lucha de clases internacional, que se ha agudizado en todos los países.

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Adónde va Alemania Masiva victoria regional del neonazismo. Por Jorge Altamira, 08/09/2026.

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