Adónde va Alemania

Escribe Jorge Altamira

Masiva victoria regional del neo-nazismo.

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La victoria del partido neonazi Alternativa para Alemania, o AfD, en el estado de Sajonia-Anhalt, ha puesto de manifiesto el grado agudo que ha alcanzado el agotamiento del orden mundial de la posguerra o, más precisamente, la crisis de dominación del régimen imperialista que emergió de ella.

AfD ha obtenido el 43,8% de los votos con una participación electoral de nada menos que del 78%. La gobernabilidad del estado se encuentra comprometida, porque tanto AfD como la suma de sus rivales carecen de los escaños para formar una mayoría parlamentaria. Queda al gobierno existente, encabezado por la Democracia Cristiana, asumir un mandato de carácter interino incluso en forma indefinida, salvo que se convoquen a nuevas elecciones, con el riesgo de que podrían darle a AfD una mayoría absoluta. En el marco de heterogeneidad de esta formación, el agrupamiento del estado de Sajonia-Anhalt es considerado el más derechista. Los gobiernos de los países vencedores del nazismo en la última guerra mundial, tanto Trump como Putin, han saludado la victoria del neo-nazismo; han roto de este modo el último eslabón del cordón umbilical del viejo ‘orden democrático’, ya en el marco del desarrollo de una nueva guerra mundial. La “caída del Muro de Berlín”, saludada como la manifestación más alta de la victoria de la democracia y de la unidad nacional de Alemania, ha pasado a ser el prólogo de la aguda crisis que atraviesa Alemania en la actualidad: responsable del cerco tendido por la OTAN contra Moscú; de la evidente desintegración de la Unión Europea (económica y política) y del ingreso en una nueva guerra imperialista internacional. Todos los partidos democráticos o liberales del capitalismo europeo se encuentran firmemente comprometidos, con carácter de principio, en llevar la guerra contra Rusia hasta sus últimas consecuencias.

Para que la tendencia del domingo pasado se replique a nivel nacional de Alemania falta un trecho que la AfD estima corto. Alice Weidel, la presidenta de AfD se ha manifestado persuadida, en oposición a la opinión del resto de los partidos, de que la coalición de gobierno actual (DC, PS, Verdes) caería antes de fin de año, y de la oportunidad de nuevas elecciones. La AfD, que se distancia del hitlerismo solamente en cuanto a sus “errores” y “excesos”, pero no a su necesidad histórica, plantea la expulsión de los inmigrantes ilegales, la devolución a sus países de los refugiados sociales o políticos, la separación social y educativa entre los alemanes por descendencia y la población que no lo es. Alemania vuelve al purismo racial, como lo ha planteado la italiana Giorgia Meloni, y lo repite Trump en su declaración de Seguridad Nacional – el ‘retorno’ a un “Occidente cristiano”. En lugar del holocausto judío planificado por Hitler, AfD apoya las masacres del sionismo en Palestina y Medio Oriente, y ha recibido a algunos de sus representantes en las convenciones partidarias.

El resto de los partidos alemanes practica el seguidismo a estas posiciones. Alega que busca evitar la hemorragia de votos. Existe una coincidencia de los partidos capitalistas en establecer un estado policial, como lo muestra la reiteración de medidas de excepción. En cuanto a la guerra, AfD propone el cese de la provisión de armas a Ucrania y un acuerdo con Rusia – una línea similar a la de Trump. AfD ha sido hostil a “la unidad europea” y reclama el retiro de Alemania del euro y, eventualmente, de la UE. La resistencia del imperialismo alemán a abandonar el marco en su momento, como moneda dominante, fue uno de los principales obstáculos al nacimiento de una moneda europea común, la cual vio la luz cuando se adoptó una reglamentación monetaria que privilegiaba los intereses acreedores de Alemania – o sea fuertemente deflacionaria. AfD plantea una subordinación de la producción de materias primas por parte de Rusia a la industria alemana y una colonización financiera e industrial de su vecino oriental. Fue lo que intentó Angela Merkel cuando coordinó la construcción de gasoductos desde Rusia, que fue bloqueada por orden de Trump, en su primer mandato. Lejos de representar una contracorriente a favor de la paz, una suerte de condominio desigual entre Estados Unidos, Rusia y Alemania, llevaría la guerra por un nuevo reparto de la dominación imperialista mundial a nuevos territorios del continente europeo, y a la preparación de un eventual ajuste de cuentas con China. AfD reivindica un fuerte ‘ajuste’ social, que justifica por la necesidad de proceder a una acumulación de capital que impulse la reactivación. Una victoria de la ultraderechista Marie Le Pen, en abril próximo en Francia, podría convertirse en un acelerador de la crisis en Alemania y Europa, incluso si Trump es derrotado en las elecciones de medio término en Estados Unidos en noviembre próximo.

La crisis industrial que atraviesa Alemania desde 2010, como se manifestó en la crisis con Grecia, ha dejado a decenas de miles de trabajadores en la calle. La tendencia se ha reforzado desde la ruptura económica y militar con Rusia y como consecuencia de la competencia de China. El programa de AfD no atiende a este ataque contra la clase obrera más que con promesas de futuro. La clase obrera de Alemania sufre la presión de una derechización fomentada por la izquierda colaboracionista (el Partido Socialista y el Partido de Izquierda, Die Linke) y por la burocracia sindical. Por fuera de estos partidos se desarrolla una resistencia anti-nazi y anti-guerra de las nuevas generaciones trabajadoras. Se han producido, asimismo, grandes huelgas, en especial en el transporte y en los ferrocarriles particularmente. A diferencia de los años 20 y 30 del siglo pasado, la crisis de Alemania no obedece al saqueo que le fue impuesto por las potencias vencedoras de la Primera Guerra, sino precisamente a lo contrario – luego de un largo período de ‘prosperidad’ y hegemonía del capital alemán. La crisis política removerá de la apatía a grandes contingentes de masas y abrirá una etapa de construcción política revolucionaria sobre la base de este nuevo despertar. Hacer responsables a los partidos patronales y la izquierda por el ascenso de la ultraderecha (en realidad, cómplices) es entrar en un planteo sin salida, porque para eso es que existen. Es necesario quebrar el impasse de las masas que siguen la corriente del momento, con un verdadero programa internacional y una lucha verdaderamente internacional.

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