Escribe Jorge Altamira
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En septiembre pasado, Alternativa para Alemania (AfD), el partido calificado de neo-nazi, había obtenido un arrasador 43,8% de los votos en las elecciones del estado alemán de Sajonia-Anhalt – a cuatro escaños de una mayoría absoluta. La concurrencia electoral había sido abrumadora, casi un 80%, motivada, precisamente, por la perspectiva de una avalancha de la ultraderecha. El resto de los partidos políticos, desde la Unión Democrática Cristiana hasta La Izquierda (Die Linke) estaba comprometida a un “cerco sanitario” encargado de impedir que el fascismo en cuestión pudiera formar gobierno. Una destacada columna de opinión del Financial Times lo calificó como una muralla inquebrantable. ‘No more’.
El martes pasado, en la sesión inaugural del nuevo parlamento, Tobías Rausch, de la AfD, fue consagrado presidente de la unicameral, algo que precede a la elección del jefe de Gobierno del estado. Fue votado por los diputados del partido BSW, una escisión nacionalista de La Izquierda y de otros partidos, incluidas varias abstenciones. La línea de trinchera de la ‘democracia’ ha sido perforada sin necesidad de un ataque de caballería. El control administrativo del parlamento ofrece el acceso a un jugoso presupuesto y un espacio de poder. En los próximos días, Sajonia Anhalt tendrá el primer gobierno neo-nazi desde la caída de Adolf Hitler. En el intervalo desde los comicios pasados, AfD lanzó una ofensiva de propaganda para formar un gobierno de coalición con la UCD a nivel nacional; en las encuestas, con un desactualizado 28%, AfD aparece como el primer partido del régimen político germano.
AfD es el partido del chovinismo y del rearme del imperialismo alemán. Acusa a la inmigración de socavar las finanzas del Estado al tener acceso a la protección social y al retiro jubilatorio. Plantea, en términos fascistas, lo mismo que el conjunto del espectro democrático – la liquidación de las grandes conquistas arrancadas luego de la derrota militar del hitlerismo. No obstante, su oposición oficial a la guerra de la OTAN en Ucrania, promueve un militarismo y un rearme a ultranza, en el entendimiento de que forzar a Putin a un acuerdo de paz con anexiones plantea nuevos escenarios de guerra que deben ser encarados sin restricciones. Un candidato a reemplazar a Friedrich Merz, un primer ministro que carga con duras derrotas electorales, el jefe de gobierno del estado de Rhenania Westfalia, acaba de reunirse con Recyp Erdogan, el presidente de Turquía, con vista a acercarlo a un cerco oriental contra Rusia. Erdogan acaba de firmar un acuerdo con Pakistán y Arabia Saudita para intervenir a fondo en la guerra imperialista contra Irán.
El ascenso político de AfD no significa que Alemania se haya vuelto fascista. La fascistización de los estados es una expresión de la completa ruptura de los precarios equilibrios políticos pre-existentes. Los mismos fascistas operan con cuidado el lanzamiento de movimientos fascistas prematuros; en algunos casos no abandonan los lugares comunes del discurso democrático. Una victoria de Le Pen, en abril próximo; del PP-Vox en España o la ratificación de Meloni, en Italia, plantearía una crisis de régimen político de la Unión Europea en su conjunto. Los ‘cordones sanitarios’ o ‘los frentes republicanos’ se diluyen como los rastros en la arena. Las luchas masivas contra el ajuste en Francia y por la vivienda y contra el chovinismo en España, se convertirán por medio de la experiencia y de la lucha política socialista, en acciones históricas independientes de los trabajadores.

