Escribe Jorge Altamira
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Donald Trump ha suspendido las sanciones económicas contra Rusia votadas por una mayoría bi-partidaria en el Congreso norteamericano, alegando la necesidad de un libre abastecimiento de diésel para contrarrestar la suba de un 80% de su precio en el mercado internacional. En forma simultánea reclamó a Zelenski, el presidente de Ucrania, a que cesara los ataques contra las refinarías de Rusia que procesan ese carburante. La normalización de la provisión de diésel no depende de la producción de Rusia sino del cuello de botella que significa el Estrecho de Ormuz y los bombardeos contra Arabia Saudita de parte de los hutíes de Yemen. Zelenski ha desechado el reclamo de Trump, señalando que Ucrania es objeto de un ataque a la infraestructura eléctrica de parte de Putin, denunciando que el propósito del Kremlin es obtener la rendición incondicional de Ucrania mediante el sometiendo de su población a un invierno sin ninguna clase de energía. Llegado a este punto, Trump retomó un antiguo requerimiento para que Zelenski renuncie a la presidencia de Ucrania.
El ofrecimiento de un libre tránsito a la flota de Rusia ha dejado expuesta la quiebra de la OTAN. El imperialismo norteamericano y los imperialismos europeos, incluida a una mayoría de congresistas estadounidenses, tienen objetivos de guerra diferentes e incluso antagónicos. Europa se encuentra embarcada en una guerra de victoria contra Rusia, que supone la anexión de Ucrania a la Unión Europea y el desmantelamiento del proteccionismo económico de Rusia, y un eventual cambio de régimen político. Trump plantea, en cambio, el sometimiento incondicional de Ucrania a un acuerdo de paz con Rusia. Lo ha venido sosteniendo desde su primer mandato y repetido en sucesivas reuniones con Putin, sin consecuencias prácticas por la oposición de la oligarquía de Ucrania y de la Unión Europea. Se ha creado un estado de guerra entre Estados Unidos y sus aliados históricos, con la orden dada para reducir la asistencia Starlink y StarShield a Ucrania, tanto en cuanto a ataques contra el territorio ruso como a lo que hace a la defensa anti-aérea de Ucrania. La confrontación entre estos imperialismos ha estado presente desde el comienzo de la presente guerra, y se ha manifestado en la guerra comercial como en la bélica. Trump ha forzado a Europa a financiar el rearme militar norteamericano mediante la suba del porcentaje aplicado a las compras de armamento de Estados Unidos. Trump ha sostenido al régimen de Zelenski como elemento de presión para doblegar a Putin a llegar a un acuerdo por separado con Estados Unidos.
Trump ha planteado el congelamiento de la situación militar en Ucrania, mientras se suscriben acuerdos de explotación de tierras raras con compañías norteamericanas, para integrarlas a cadenas internacionales. Ha anotado en el emprendimiento a BlackRock, el fondo internacional que ya se ha adueñado del agro ucraniano. Es enfrentado en este propósito por la UE y por Alemania, cuyas ambiciones históricas hacia Ucrania se manifestaron enseguida después de la unidad nacional del país. Estados Unidos se ha quedado con la petrolera rusa Lukoil; Trump ha hecho saber que pretende adueñarse del gasoducto NordStream 2, propiedad de la rusa Gazprom. para controlar el comercio de gas natural entre Rusia y Europa. Sujetaría a la dominación norteamericana no sólo a Ucrania sino a la misma Europa. No es una propuesta de paz sino una redefinición de la guerra imperialista. Putin, sin embargo, duda que Trump se encuentre a la altura de estas ambiciones; sigue, en consecuencia, una guerra de aniquilamiento de las estructuras de Ucrania.
La guerra inter-imperialista ha asumido, entre tanto, nuevas dimensiones. La UE tiene secuestrados 260.000 millones de euros de Rusia, en un clearing de Bruselas, de donde retira intereses para financiar la guerra contra Rusia. La confiscación del depósito no progresa, sin embargo, por el temor de que se pueda convertir en antecedente de confiscaciones de guerra con capacidad de golpear al golpeado sistema financiero internacional. Trump acaba de reclamar el derecho de supervisión de ese fondo, con la intención de aplicarlo a los convenios económicos que acompañarían a un acuerdo de paz. Opera activamente para apropiarse del recurso en reuniones internacionales con la UE en Miami, por medio de sus agentes Witcoff y Kurchner. La disputa podría desatar una guerra entre ex aliados. La ultraderecha europea, que encabeza las intenciones de voto en España, Francia y Alemania, apoya un acuerdo de paz y un final de la guerra en Ucrania, pero en términos propios. La UE se encuentra dividida políticamente, mientras la ultraderecha se encuentra aún distante de disponer de su propia hegemonía. En las últimas horas, toda esta situación ha alimentado la versión de una reunión de Trump, Putin y Xi Jinping, que tendría lugar dentro de unas semanas en los márgenes de una reunión de la Asociación de Comercio de Asia. La UE y Alemania desencadenarán una guerra más determinante contra territorio ruso para neutralizar esta maniobra política. En Taiwán temen que un compromiso con participación de China por Ucrania lleve la guerra al Mar de la China.
La guerra en curso tiene lugar cuando suenan las campanas de un inminente derrumbe financiero internacional, en el cual están comprometidas las compañías de semiconductores y la Inteligencia Artificial, ligadas entre sí por medio de mercados cautivos. Un estallido financiero tendría el alcance de una bomba atómica. Las elecciones norteamericanas, asimismo, pueden detonar una ruptura del frente interno de la burguesía y de la oligarquía tecnológica, con implicancias en la continuidad de Trump – sea por la vía de los hechos o por un juicio político.
En cuanto a las masas mismas, lo que ocurre en Francia, España e Italia señala el ingreso de ellas en la tormenta de la crisis social y la guerra. Los regímenes políticos más sólidos han entrado en fase de licuefacción. Comienza un aprendizaje acelerado en una clase obrera que ha entrado en la crisis y la guerra sin preparación política. Manos a la obra. Abajo la guerra. Por el cese de la guerra sin anexiones. Por la confraternización de los trabajadores de todos los países. Por una República socialista mundial de Consejos Obreros.

