Brasil: los ganadores ajustan cuentas con el bolsonarismo y ponen en marcha un régimen de ajuste

Escribe Marcelo Ramal

“Orden y Progreso”.

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La cuenta regresiva para la camarilla familiar de Bolsonaro se inició menos de veinticuatro horas después de su derrota electoral. La Policía Federal de Brasil prohibió la salida del país de Flavio Bolsonaro y ordenó la entrega de su pasaporte, algo que el ex candidato no concretó. La Justicia lo investiga por lavado de dinero a través de plataformas de juego y por sus vínculos financieros con el dueño del Banco Master, también preso. Al mismo tiempo, un integrante del Tribunal Superior inició una investigación sobre la injerencia extranjera en la financiación de la campaña de Bolsonaro y en la manipulación de las redes sociales. El diario Infobae deslizó la versión de un posible ingreso de Flavio a la Argentina, para dirigirse luego a los Estados Unidos.

La bajada de martillo sobre Bolsonaro tenía lugar mientras el reconocimiento de la victoria de Lula abarcaba a la mayoría de los mandatarios del mundo, incluyendo a los derechistas latinoamericanos -como Kast y hasta Espriella- con excepción, naturalmente, de Javier Milei -pero no de Mauricio Macri, que mandó las felicitaciones de rigor-. Trump siguió ese camino: aunque repitió las reservas del fascismo brasileño acerca de “irregularidades” durante el comicio, se autoproclamó “equidistante” entre Lula y Bolsonaro, para decir luego que su relación con Lula era “formidable”.

El círculo sobre la banda bolsonarista se había comenzado a cerrar durante la campaña electoral del balotaje. Los gobernadores derechistas que se consagraron en el primer turno de votación -comenzando por el paulista Tarcisio de Freitas- trabajaron a reglamento para el segundo turno, cuando no se abstuvieron de intervenir. Hicieron lo que Milei temen que hagan los gobernadores de Salta, Neuquén, o Jujuy en 2027 - reelegirse en sus provincias en elecciones desdobladas, y mirar para otro lado en la presidencial o en el balotaje.

Las razones para ese viraje de la derecha y la burguesía brasileña deben buscarse en el carácter y los propósitos de la camarilla bolsonarista: Flavio Bolsonaro aspiraba llegar a la presidencia para indultar a su padre, a los personeros militares golpistas que están presos e iniciar una purga judicial que comenzara por el Tribunal Superior. La desestabilización política que implicaba esa movida fue mirada con desconfianza por la burguesía brasileña. Pasados los comicios, el propio aparato de Justicia salió a curarse en salud al salir a ajustar cuentas con Flavio Bolsonaro. Durante la campaña electoral, Lula cerró acuerdos con el presidente del Senado, otro derechista, en torno, precisamente, de la composición del elenco de jueces y del Tribunal federal. El aparato de justicia que ahora sale a purgar a Bolsonaro es el que ha sido bendecido por aquellos acuerdos. La escalada judicial de estas horas transcurre ante la indiferencia del elenco de gobernadores derechistas consagrado en el primer turno.

El “golpe de mercado” y sus razones

Mientras tanto, la Bolsa brasileña sufría este lunes un desplome del 14%, lo que llevó en San Pablo a una suspensión de las operaciones. Lo mismo ocurría con el real, que se depreció en un 8%. Más que un “pronunciamiento” sobre el resultado electoral, el golpe de mercado apuntó a arrancarle a los ganadores del comicio un pronunciamiento sobre el rumbo del futuro gobierno. El encargado de hacerlo fue el titular del PT, Edinho Silva, quien declaró a la CNN que “Lula hará un gobierno que buscará el superávit y el equilibrio fiscal” (Cronista, 27/10). Según Silva, quieren un Estado con “capacidad de inversión” sobre la base de “gastar menos de lo que se recauda”. En definitiva, un ajuste, cuyo propósito principal no es la “inversión” sino el pago de una deuda pública que representa el 80% del Producto Bruto. El presupuesto brasileño casi no tiene déficit corriente, pero si un déficit financiero que llega al 9% del producto. En su primera evaluación del nuevo escenario, el J.P Morgan estimó que esa restricción de gastos “no será suficiente”, y serán necesarios cambios “legislativos” en lo que refiere a la “seguridad social y los salarios” (Financial Times, 26/10). Alude, naturalmente, a un acuerdo para cambiar el régimen previsional en el Congreso, que cuenta con mayoría de los partidos derechistas.

El “nuevo” régimen en diseño

En estas [páginas]https://politicaobrera.com/17059-lula-pacta-con-la-derecha-parlamentaria-la-ultima-semana-de-la-campana-electoral, pusimos de manifiesto los pactos que Lula celebró con las cabezas del Senado y Diputados, en principio, para hacer pasar el proyecto de jornada laboral de 5x2, favoreciendo las chances electorales de Lula, y para las mencionadas designaciones judiciales. También estuvo en la agenda la reducción de la edad de imputabilidad y otras disposiciones de reforzamiento represivo. A la luz de lo ocurrido en el balotaje y en las horas posteriores, es claro que esos acuerdos diseñaron algo más que maniobras electorales. Pusieron la piedra basal del régimen que gobernará Brasil en los próximos cuatro años -es decir, el de la presidencia Lula y los gobernadores de derecha-. El primer paso de la nueva articulación ha sido sacarse de encima a la familia Bolsonaro, liberando a las facciones derechistas de sus compromisos con ella. En cuanto al “golpe de mercado” y la devaluación del real, servirá para licuar inflacionariamente algunas de las medidas de apuro resueltas por Lula en el tramo final de campaña, como el aumento de la Bolsa Familia o, incluso, el stock gigantesco del endeudamiento familiar. Pero el capital financiero, que ha instaurado un “carry trade” jugoso en el Brasil, exigirá defenderlo con una motosierra en regla. El escenario por delante, por lo tanto, es explosivo. Las organizaciones obreras ingresan a la nueva etapa con la más férrea integración al Frente del petismo y la derecha liberal. Los choques sociales que vienen plantean con urgencia la cuestión de la independencia política de la clase obrera.

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