Elecciones en EE.UU.: el trumpismo podría sufrir "un baño de sangre"

Escribe Rafael Fernández - Partido de los Trabajadores (Uruguay)

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El martes próximo culminarán las elecciones legislativas de mitad de mandato en EE. UU., en lo que los principales medios anticipan como una "carnicería" o "baño de sangre" para los Republicanos. Trump, Musk y el Comité Republicano han volcado cifras históricas en la campaña electoral, sin que tenga efectos en la tendencia al declive del trumpismo. El propio presidente ha realizado giras ya no solamente por los estados "péndulo" (donde había triunfado hace dos años) sino también por los antes considerados imposibles de perder. Los Republicanos han debido gastar por ejemplo más de 75 millones de dólares solamente en las últimas dos semanas CNN) en la carrera por el Senador por Ohio -un Estado donde deberían ganar con comodidad-, donde la aprobación a Trump apenas llega al 36% cuando hace dos años ganó por más de dos dígitos. Aunque se considera aún un "empate técnico", las encuestas indican una preferencia de 49% para el candidato Sherrod Brown (Demócrata) frente a 44% para el Republicano Jon Husted.

En la última semana, la tendencia a la derrota del trumpismo se ha acentuado. Los mercados de apuestas marcan la alta probabilidad a un control Demócrata en ambas cámaras, en torno a un 70% (la cámara baja se considera fuera de discusión). En relación al Senado, es altamente probable que los Republicanos pierdan Carolina del Norte, Texas, Ohio, Alaska, Maine y tal vez incluso Kansas. Salvo alguna sorpresa, no se pronostican triunfos Republicanos en cargos ocupados por los Demócratas: el trumpismo intentó disputar Michigan, Georgia, Minnesota y Nuevo Hampshire, pero las encuestas indican una muy probable derrota del gobierno en esos Estados.

Las elecciones tienen lugar tras la tentativa más sistemática de parte del trumpismo de establecer un régimen de poder unipersonal -con el dominio en ambas cámaras parlamentarias y en la Corte Suprema de Justicia- y apelando a una brutal represión a las protestas, en particular una persecución a los inmigrantes y los activistas que defienden el derecho de asilo. Frente a la militarización de las ciudades a través del ICE (policía militarizada de migración), la Guardia nacional e incluso los marines (en Los Ángeles), se produjeron las movilizaciones políticas más masivas de la historia de Estados Unidos -bajo la consigna de "No Kings" ("Ningún Rey")- así como procesos huelguísticos y fuertes choques con el aparato represivo, particularmente en Minnesota en enero de este año.

Ante la perspectiva de una derrota electoral, el gobierno ha venido manejando distintas maniobras -por vía del decreto o mediante leyes en los Estados- que apuntaban a minimizar las pérdidas o incluso poner en duda la propia realización de las elecciones -un documento interno del trumpismo evaluaba la posibilidad de declarar una "emergencia nacional" durante la votación. La maniobra más ensayada ha sido el rediseño de distritos electorales, mediante los cuales los Republicanos aspiraban a ganar nuevos escaños en la cámara baja, diluyendo el voto favorable a los Demócratas. Los últimos simulacros indican que perderían incluso algunos de esos distritos manipulados. Por otra parte, Trump pretendió impedir u obstaculizar el voto por correo (que ejerce él mismo, o incluso el Papa León XIV). Un decretazo del presidente -declarado ilegal incluso por la justicia dominada por el gobierno- pretendió dar a la Administración de Correos la potestad de filtrar a qué personas se enviaban los sobres para el voto por correspondencia, algo inconstitucional ya que son los Estados los que organizan la elección y no el gobierno federal.

En las últimas semanas se ha intensificado la campaña contra el supuesto voto ilegal de inmigrantes (sin ciudadanía). El Departamento de Justicia (DOJ) exigió a los funcionarios electorales de California que apartaran las papeletas de unos 20.000 votantes "probablemente no-ciudadanos" según el gobierno. El Estado de California rechazó el planteo, ya que no existía ninguna prueba al respecto. Por otra parte, el DOJ anunció que había presentado cargos contra 28 residentes de California -todos ellos con residencia legal- por supuestamente haberse registrado para votar; según el fiscal 21 de esas 28 personas habían votado en elecciones anteriores. Una cifra ridícula frente a las 16 millones de personas que votaron en 2024. Obviamente, esta demanda -así como otras similares que estarían en curso- no apuntan a incidir en el resultado sino a montar una campaña para desconocer el resultado en función del "voto extranjero".

En ese sentido, Trump ha realizado una agitación fascista contra algunos candidatos, especialmente contra los musulmanes Ilhan Omar (Representante por Minneapolis) y Abdul El-Sayed (candidato al Senado por Michigan). En particular contra la representante Omar se lleva a cabo una supuesta investigación para quitarle la ciudadanía (que tiene hace 26 años, cuando se naturalizó su padre), en base a calumnias, lo cual llevó incluso a un allanamiento de su casa en busca de "pruebas". La campaña de enchastre no está mejorando las posibilidades del trumpismo en Minneapolis ni en Minnesota, pero apunta a movilizar a su base fascista para motivarla a ir a votar. También alienta el discurso del "Gran Reemplazo", una supuesta conspiración para hacer de los blancos y cristianos una minoría. En sus discursos de campaña, Trump utilizó las protestas de la juventud en Francia para dar riendas a este planteamiento de defender que Estados Unidos siga siendo "blanco y occidental", afirmando que en Francia no se había frenado a tiempo.

Paralelamente continúa el proceso de depuración en el ejército. El Secretario de Defensa Pete Hegseth ("de Guerra", según él) destituyó al General Brett Sylvia por supuestas filtraciones a la prensa sobre la guerra en Irán, Ucrania, etc.. Sylvia era director de Estrategia, Planes y Política del Estado Mayor Conjunto, a cargo de "elaborar y coordinar planes militares para el presidente del Estado Mayor Conjunto y para el presidente de EE.UU.". Sylvia no habría superado "tres pruebas de polígrafo" en un interrogatorio sobre las filtraciones. Desde agosto, unos 50 miembros del Estado Mayor Conjunto (militares y civiles) fueron sometidos a pruebas de polígrafo respecto a los reportes de prensa sobre la disminución de la reserva de municiones críticas (interceptores, misiles, etc.), una medida sin precedentes al menos con ese alcance. La purga es un reflejo de la crisis en el alto mando, pero sobre todo muestra el intento de asegurar la total lealtad a Trump en vísperas de una crisis política. Una reproducción de la intentona golpista de enero de 2021 debería basarse más en el control del aparato armado, más que en una movilización de una base fascista que está desmoralizada.

El 27 de octubre, consultado si respetaría los resultados electorales "pase lo que pase", "cualquiera sea el resultado", Trump declaró que lo haría sólo "si son elecciones honestas". La declaración se produce tras una nueva andanada de acusaciones de "fraude" o irregularidades -sin la más mínima prueba- desde su red social Truth. En el mismo momento, desarrollan la extracción del fugitivo Flavio Bolsonaro -con la colaboración de Milei- planteando que las elecciones en Brasil no fueron "honestas". Se trata de toda una declaración de intenciones de cara a las elecciones legislativas.

En caso de perder ambas cámaras, Trump sufriría un golpe político, que apunta a absorber a partir de más maniobras y un reforzamiento del gobierno por decreto. Los Demócratas no tendrían mayorías suficientes para levantar los vetos presidenciales, mientras que el trumpismo apelaría aún más al gobierno por decreto. Un desconocimiento del pronunciamiento electoral abrirá sin dudas un proceso de movilización de masas, que los Demócratas han contenido y desviado exclusivamente hacia el terreno de las elecciones y las contiendas judiciales.

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