Trump moviliza “paramilitares”

Escribe Norberto Flexer

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La catástrofe humanitaria en EE.UU. está lejos de detener la furia popular contra la brutalidad policial y el racismo.

“Una coalición nacional de sindicatos junto con organizaciones antirracistas y por la justicia social realizará una huelga masiva este mes para protestar contra el racismo sistémico. Durante la ´huelga por las vidas negras´, decenas de miles de trabajadores saldrán de sus lugares de trabajo el 20 de julio. La organización está en manos del movimiento Black Lives Matter (M4LM) y trabajadores de los sectores de comidas rápidas, taxis compartidos, hogares para ancianos y aeropuertos en más de 25 ciudades. Se suspenderán labores durante ocho minutos -el tiempo que, según los fiscales, un agente de policía blanco en Minneapolis apretó el cuello de George Floyd con su rodilla en mayo- en memoria de los negros, hombres y mujeres, muertos recientemente a manos de la policía. ´Tenemos que enlazar estas luchas de una manera nueva y más profunda´, dijo Mary Kay Henry, presidenta del Sindicato Internacional de Trabajadores de Servicios, que representa a más de dos millones de trabajadores en Estados Unidos y Canadá” (diariolibre.com, 8/7).

Para hacer frente a este ascenso, Trump ha recurrido ahora a “asaltos paramilitares”, según denuncian “senadores de Oregón y dos representantes”. “El viernes exigieron una investigación” por lo ocurrido en Portland, “acusando al Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de haber invadido la ciudad y expulsar violentamente a los manifestantes de las calles en camionetas sin identificación” (Mary Papenfuss, huffpost.com, 17/7).

Según “el senador Ron Wyden, un ejército de ocupación se hizo presente desde principios de esta semana en uniforme militar con parches de ´policías´ y ninguna otra identificación deteniendo gente en Portland. Los escuadrones, que fueron enviados por el DHS, han maltratado a los manifestantes desde al menos el martes, informó Oregon Public Broadcasting. No está claro por qué Portland fue blanco de la represión del DHS” (ídem).

Oregon es un estado gobernado por la demócrata Kate Brown, quien “denunció a los escuadrones como un ´teatro político´ armado por el presidente Donald Trump y su jefe interino de Seguridad Nacional, Chad Wolf, para provocar violencia y aterrorizar a los habitantes de Oregón”. Wolf se defendió afirmando que “está luchando contra ´anarquistas violentos´ y que Portland ha estado ´asediado durante 47 días´, una declaración que Brown desestimó como una fabulación y un ´esfuerzo deliberado para provocar´” (ídem).

“La Unión norteamericana de Libertades Civiles (ACLU) demandó el viernes al DHS y al Servicio de Alguaciles de EE. UU. para impedir que fuerzas federales ´dispersen, arresten, amenacen con detener o usen la fuerza física´ contra periodistas u observadores que rastrean las acciones federales”. La gobernadora a su vez denunció que “los escuadrones ´no tienen nada que ver con la seguridad pública´ y que la intención es ´echar gasolina al fuego´ como parte de una estrategia política para demonizar a los manifestantes” (ídem).

El recurso a esos métodos es expresión también de un sector del capital que advierte que los recursos tradicionales de burguesía norteamericana para dividir a la clase obrera están quebrados. Una mayoría de sindicatos que en el pasado fueron cómplices de la segregación se han sumado a las batallas contra el odio racial (EE.UU. llegó a tener sindicatos separados para trabajadores de color y blancos, en importantes sectores del proletariado hasta pocos años atrás).

“Trump está cerca del punto de no retorno. Hay quienes se preguntan si Trump ha llegado a su momento Katrina: una pérdida permanente de confianza y fe de la mayoría de los votantes´” (The Guardian, 11/7). Trump no se da por vencido. Trump es una “gran amenaza”-dice Roger Cohen, uno de los principales columnistas de The New York Times-: “el fascismo que hay en el ambiente proviene de la derecha extrema del arco político … Trump ya va preparando el terreno para cuestionar cualquier derrota frente a Joe Biden y aferrarse al poder, con la indudable colaboración del Departamento de Justicia y su procurador general, William Barr. ¿Les parece inconcebible? ¿También lo era el incendio del Reichstag en 1933?” (reproducido en La Nación, 12/7).

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