La agro-industria se alinea con el gobierno

Escribe Norberto Malaj

Se quebró la Mesa de Enlace

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El 16 pasado la Mesa de Enlace agropecuaria dio un comunicado conjunto “A 12 años del rechazo a la Resolución 125”. Simultáneamente, sin embargo, se anunciaba la constitución del Consejo Agroindustrial Argentino que dejó afuera ni más ni menos que a la ´nave insignia´ de esa Mesa, la Sociedad Rural. El periodista especializado, ex Clarín y hoy editor del blog bichosdecampo y director del programa radial homónimo (Rivadavia) lo tituló así: “Con una mano tendida hacia el sector más moderado del gobierno, se lanzó el Consejo Agroindustrial Argentino” (17/7). Esto ocurría días después del tan mentado convite de AF, el 9 de julio en Olivos, al G6 o “grupo de los 6”, entre ellos la SRA y la UIA.

La SRA no dio hasta la fecha ninguna explicación por su ausencia, Las otras tres entidades (la Federación Agraria, Coninagro y las Confederaciones Rurales) sí se sumaron. El flamante coordinador de la nueva institución y presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos, José Martins, un hombre de la yanqui Cargill, la mayor exportadora de granos del país, ha dicho que la nueva institución “pretende ser un grupo horizontal sin cámaras más importantes unas que otras”. Hasta ahora son 45 las organizaciones patronales partícipes, un número nada despreciable y que abarca al espectro más granado del gran capital exportador de la pampa húmeda. Entre estos figuran las principales Bolsas de Cereales del país, todas las cadenas de valor de la producción granaria, los feedloteros (que suelen tener choques con la ganadería tradicional encuadrada en la SRA), el principal Consorcio exportador de Carnes – ABC –, la Cámara de Puertos Privados Comerciales y CIARA, la más importante Cámara de la industria aceitera exportadora, entre otras.

Curiosamente, así como entre las entidades agropecuarias sorprende la ausencia de la SRL, lo mismo ocurre en la industria con la poderosa COPAL, de la industria alimenticia. Ésta agrupa a 30 cámaras del sector, aunque mayoritariamente dedicados al mercado interno.

No se han dado razones para explicar estas ausencias. Las divisiones nada indica que se sostengan por la presencia de capitales nacionales y/o extranjeros; en ambos sectores hay claros exponentes de capital imperialista. Al parecer la SRA fue invitada a sumarse pero, siempre según Longoni, “quedó afuera por ahora de este Consejo. ´Si quieren sumarse se sumarán. Nosotros no vamos a esperar a nadie´, deslizó uno de los coordinadores del bloque frente al desplante de la entidad presidida por Daniel Pelegrina” (ídem).

En los escasos días transcurridos, la nueva entidad “se presentó con tonos propositivos y con un vocero (Martins) de tonos muy moderados”. El hombre “en todo momento se cuidó de recurrir a los agravios y a las quejas”, y declaró “que quieren dar una vuelta de página” por referencia a la famosa crisis del 2008 con el llamado “campo”, o sea con las grandes patronales agropecuarias. “Martins incluso ofreció una ofrenda muy significativa: declinó el reclamo histórico para una eliminación inmediata de los derechos de exportación. ´Todos sabemos que las retenciones son distorsivas, pero también conocemos el momento actual que estamos atravesando, la situación económica y la renegociación de la deuda. En nuestro caso estaremos bregando por una estructura no regresiva´” (ídem).

El C.A.A. pone la mira en crear proyectos de “incorporar valor agregado”. Esto significa subsidiar a la agroindustria, induciendo un precio inferior a la materia prima – por ejemplo, mayor retención a la soja y menos al aceite y harina de soja. También convertir a la soja en insumo para el engorde de ganado con destino al mercado internacional. O, importante, abaratar el costo de los bío combustibles, pisando el precio de la harina o la soja. El nuevo conglomerado irrumpe a la superficie para incidir en el alejamiento de Vicentin y colocar a la cerealera bajo un fideicomiso integado con aportes de los acreedores y de los productores – los cuales quedarían asociados, de este modo, al proceso industrial de sus productos. Como ha ocurrido con Vaca Muerta, el destino de todo esto depende de la evolución del comercio internacional, muy golpeado por la crisis económico sanitaria, y los precios de las mercancías industrializadas. “En la Argentina de la crisis, dice Longoni, muchos sectores que antes lucían lustrosos hoy se están desinflando peligrosamente, incluida la soja” (ídem). Longoni sostiene que detrás de la C.A.A. está la UIA o, por lo menos “el titular de esa entidad, Roberto Acevedo, quien proviene de la empresa aceitera AGD”, estrechamente ligada al gobierno de Schiaretti de Córdoba y propiedad del ex senador peronista Urquía. Longoni, sin embargo, no explica la ausencia de la Copal.

“No hay rendición”, dice el periodista, pero sí “bandera blanca” (sic) haciendo referencia a la ´grieta´ abierta con el ´campo´. Quien sí pareció rendirse a los hechos consumados fue la burocracia de UATRE, alineada desde 2008 con la Mesa de Enlace y el macrismo y que ahora se allanó detrás del C.A.A.

Según la versión de Longoni el arquitecto de la nueva entidad fue nada más ni nada menos que Solá, ex ministro de agricultura de Menem bajo cuyo mandato se aprobó la soja de Monsanto (hoy Bayer). “La génesis de esta unión fue una reunión pedida de urgencia al canciller Felipe Solá, hace tres meses, por un conjunto que por entonces reunía a 34 entidades. Fue luego de que el funcionario amagara con torpedear las negociaciones con el Mercosur. En ese encuentro, el ex secretario de Agricultura de los años ’90, conocedor del paño, no solo tranquilizó a los agroindustriales, sino que les dio la clave para ´reperfilar´ la relaciones con el nuevo gobierno: Había que sacrificar a la dama del sector, la Mesa de Enlace, para que el ala moderada que acompaña a Alberto Fernández pudiera a su vez contener los reclamos del ala más dura, que responde a la otra gran dama de esta historia, Cristina Kirchner” (ídem).

Las ínfulas pro Junta Nacional de Granos, pro expropiación de Vicentín, etc. de los K , toman su forma privatista, para disgusto de muchos compraron la versión expropiadora.

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