El gabinete de Fernández y Fernández

Escribe Marcelo Ramal

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El nombramiento del economista ´académico´ Martín Guzmán como ministro de Finanzas zanjó la principal expectativa acerca del gabinete de Alberto Fernández. En el camino, quedaron una tanda de candidatos que perdieron, con el puesto, el planteo que tenían en carpeta acerca de la deuda externa y el conjunto de la política económica asociada a una renegociación de ella – tanto con los acreedores privados como con el FMI. Argentina acumula vencimientos de deuda por 63.000 millones de dólares por todo concepto –dólares y pesos, acreedores privados y públicos- en 2020.

Se descuenta que la que está en manos de Anses o el Banco Central será prorrogada con otro bono intransferible, o sea que seguirá sin poder convertirse en dinero por un tiempo indefinido. El nuevo gobierno debuta con el mismo método confiscatorio que caracterizó a las cuatro administraciones que se sucedieron desde diciembre de 2001.

La deuda

El nombre de Martín Guzmán está asociado al planteo de suspender los pagos de capital e interés por los próximos dos años. Numerosas informaciones o des-informaciones señalan que esa medida podría estar acompañada con una quita, incluso significativa, en momentos en que la deuda externa cotiza al 40% de su precio de contratación. Otra variante es que sea acompañada de un “cupón” (pago de capital e interés) con una tasa fija, o que se ajuste al porcentaje de crecimiento de la economía (un simulacro del ‘famoso’ cupón-PBI).

La propuesta de Guzmán podría ‘decepcionar’ a los acreedores, que parecen dispuestos a aceptar una quita ‘razonable’, sin dilaciones de pago, o una dilación ‘razonable’ sin quita o con una de poca cuantía. La posición de los acreedores depende de cómo entraron a la deuda, si la compraron al inicio o, más tarde, ya desvalorizada, en el llamado “mercado secundario”.

Guzmán ha insistido en el carácter “amigable” o consensuado del arreglo que propone. Ha disimulado, en cambio, su planteo de negociación con el FMI. El dúo AF-Guzmán pretende imponer un margen de acción autónomo en materia fiscal y monetaria, dejando para el futuro la obtención de un superávit primario del presupuesto, por una parte, y ganando libertad para emitir dinero, por la otra, ya sea para comprar los dólares de exportación o para el financiamiento del Tesoro nacional.

AF y Guzmán han asegurado que volverán a las retenciones a la exportación, para mejorar los ingresos del Estado, pero no esclarecen si también gravarán a la minería y a los combustibles, luego de haberles recontra prometido regímenes especiales para que no los paguen. La cesación de pagos de la multi-exportadora Vicentín pone de manifiesto los límites de las retenciones a la soja y a sus derivados. Mucho no podrá esperar tampoco de las exportaciones industriales, luego que Trump subiera los aranceles a la importación de acero y aluminio de Argentina, que alcanzan niveles enormes para el bío-combustible, o del anuncio del default de Celulosa.

El kirchnerista Guzmán pretende cuadrar este círculo con dos instrumentos: el cepo cambiario y el congelamiento de precios y salarios. Todo reunido en un ‘pacto social’ que tiene un alcance político mayor: maniatar al movimiento obrero y favorecer la flexibilización laboral. Por lo pronto, el crecimiento de la brecha entre el tipo de cambio oficial – 63 pesos – y el de la Bolsa – 75 -, anuncia que la cuadratura ya es recibida con una mayor fuga de divisas y una mayor devaluación. Lo mismo ocurre con la inflación, que no para a pesar del cepo al dólar. La presión del ‘lobby’ industrial a favor de una mayor devaluación no se ve muy coherente con las promesas de congelar los precios. La explosión de las contradicciones del plan del nuevo oficialismo, es sólo una cuestión de tiempo.

El FMI

Para los analistas financieros, el nuevo gobierno buscaría un acuerdo con los acreedores privados para luego abordar al FMI. Sin embargo, el director de la calificadora de Riesgo Fitch acaba de señalar que “Me parece difícil que haya un canje muy amistoso sin el aval del Fondo (y a la vez, puede suceder que el Fondo considere que el mejor plan para todo el mundo sea una quita” (Ámbito Financiero, 6.12), insinuando que el acuerdo con el Fondo podría desbaratar un acuerdo con los ‘bonistas’.

Guzmán es un discípulo de Joseph Stiglitz, el economista del Banco Mundial y del partido Demócrata que tejió una estrecha relación con el kirchnerismo y sus funcionarios. Stiglitz acuñó la expresión “pagar la deuda con crecimiento”, cuando criticó las medidas que la Comisión Europea adoptó en la crisis de 2010. Ya había saludado, antes, el desendeudamiento kirchnerista - la friolera de u$s174 mil millones, según confesó CFK en cadena nacional. Ahora, según cuenta Clarin, Stiglitz estaría colaborando con la futura administración F F, con menos pretensiones. En efecto: estaría negociando con el FMI para que se sume al arreglo de deuda propuesto por Guzmán.

AF, superministro

En el plano político, el nombramiento de un ministro de Finanzas sin antecedentes políticos o de gestión ha servido para reforzar la tesis de que “el verdadero ministro de Economía será Fernandez”, es decir, un Ejecutivo que deberá arbitrar entre los intereses contradictorios que pueblan el gabinete –desde los amigos sojeros de Gildo Insfrán hasta Techint; desde la burocracia sindical a los lobbystas de la dolarización de precios petroleros (Nielsen en YPF).

En efecto: el ‘populismo’ acaba de poner en la cabeza de YPF a un representante de los accionistas de Wall Street de la petrolera ‘re-estatizada’. Tomando partido por todos los bandos capitalistas no hay arbitraje que aguante – menos si el pato de la boda es la clase obrera. Adicionalmente, este arbitraje presidencial guarda una incógnita, a saber, cuál de los dos Fernández lo va a ejercer.

La precaria coalición política despejó en este viernes las últimas dudas del gabinete, y, principalmente, a su ministro de Finanzas. Las certezas de “nombres” sin embargo, multiplican el escenario incierto y explosivo que se asocia al nuevo gobierno. El escenario francés advierte lo que le espera a F-F si se propone ‘reformar’ el sistema previsional, como lo plantean los acreedores, el FMI, Guzmán y Stiglitz.

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