Córdoba: despedida electorera a un parlamentario

Escriben Andrés Oroño y José Barraza

Tiempo de lectura: 8 minutos

La nota titulada “Eduardo Salas: cuatro años de parlamentarismo revolucionario”, que acaba de improvisar la nueva legisladora del PO (¿o FIT-U?) en Córdoba, Soledad Díaz García enumera las acciones de la banca del PO-FIT, en la gestión pasada. Oculta un proceso de adaptación a la institucionalidad burguesa, que sigue la línea política nacional del PO “oficialista” que culminó con los apoyos a la Ley Micaela y la Ley de Emergencia Nacional Alimentaria. El auto-bombo que García ofrenda a Salas, es tan artificioso que resulta una sonora descalificación al resto de la bancada del FIT, como si el resto hubiera pateado en contra. ¿O cada bancada hace su propio panegírico? Cretinismo: los trabajadores al servicio del parlamentarismo El artículo enumera una lista de las acciones que realizó la banca hacia el movimiento obrero. Sin embargo, no menciona una muy especial: la formación de una coordinadora contra los despidos, que tuvo su actividad entre los años 2016 y 2017. Entre los principales participantes se encontraban los obreros de VW y los choferes de colectivos. No obstante, la nota de García no le dedica un solo renglón a esto. La coordinadora fue disuelta luego de la huelga de choferes del año 2017 que García sólo menciona al pasar. Una huelga que puso contra las cuerdas el armado capitalista en torno a los subsidios y que involucraba al Municipio cordobés, la burocracia de la UTA, y la FETAP. La huelga, que contó con la dirección del PO, culminó en una dura derrota, 150 choferes despedidos y el desmantelamiento de la comisión interna clasista del Trolebús. ‘Olvidar’ luchas de este porte, incluida una autocrítica a los métodos políticos empleados en ellos, invalida cualquier ‘balance’ parlamentario, al menos uno que sea revolucionario. El aparato semi-familiar que maneja al aparato oficial del PO en la provincia ejerció la responsabilidad principal en esas luchas – en la liquidación de una y en la derrota de la otra. La actualidad de este balance se manifiesta en las luchas actuales, que se mencionan en la nota de García: Minetti, Plascar, Municipales de Jesús María, etc. En todas ellas ameritaría impulsar la coordinadora contra los despidos y seguir el camino de las coordinadoras en Capital Federal y el Conurbano, con las que los compañeros de Minetti trabajan en común. Pero es evidente que su omisión responde a que el oficialismo del PO rechaza la formación de coordinadoras obreras. Lejos de ser una tribuna revolucionaria, que debe orientar un salto en la auto-organización de la clase obrera, para Díaz García la banca del PO-FIT sería un “local de reclamos” donde se despachan proyectos de fuentes sindicales y fabriles y se concretan audiencias públicas con delegaciones diversas. Aquí, la lucha de clases debe apuntalar el parlamentarismo, en lugar de que este apuntale la organización y conciencia de la clase. Con respecto a la lucha de Minetti, la movilización a la legislatura del 4 de diciembre pasado fue utilizada como propaganda al servicio del recambio parlamentario. Lo fundamental para el fortalecimiento de la lucha de los trabajadores está en el fortalecimiento de la toma, ganar al conjunto de la base de la planta para impulsar un reagrupamiento del movimiento obrero a partir de su experiencia. Es curioso que la nota de prensa obrera que cuenta la lucha de Molinos Minetti no nombre ni una sola vez la palabra “toma” (https://prensaobrera.com/sindicales/66718-cordoba-movilizacion-de-los-trabajadores-de-molinos-minetti-a-la-legislatura). Un parlamentario revolucionario debería utilizar su banca para llamar a todo el movimiento obrero a fortalecer la toma y poner en marcha la planta de Minetti. Debería denunciar que, mientras los depósitos de harina se encuentran llenos y a favor de la especulación con el dólar, existen 150 trabajadores que no solamente pueden hacer funcionar la planta, sino que pueden garantizar la producción para cubrir los comedores y el Paicor a un precio bajo. Debe explicar que detrás de la Legislatura y los legisladores y diputados de los partidos del régimen se encuentra un operativo por parte del Estado para desviar la lucha y llevarlos hacia un callejón sin salida. La última movilización a la Legislatura retrató a una izquierda que no tiene nada para ofrecer a los trabajadores salvo sus legisladores.

La huelga universitaria y la Asamblea Constituyente

La autora omite la huelga universitaria del 2018, en la cual nuestros referentes estudiantiles y docentes jugaron un rol importante. Según García: “nuestro legislador irrumpió en el recinto con carteles que expresaban ¡Vivan les estudiantes!, y con la presentación de proyectos de declaración contra la represión que pusieron sobre el tapete la complicidad del bloque oficialista y de todo el gobierno de Schiaretti con las políticas de ajuste a la educación desarrollado por el gobierno nacional de Mauricio Macri” (SIC). ¡Que lo parió! ¡Cuántas veces no hicieron lo mismo los parlamentarios patronales, en distintas circunstancias! Llevar un cartel no es “la consagración de la primavera”. En dicha huelga no solamente existió represión: nuestros compañeros, en la línea de frente, denunciaron el papel podrido de la burocracia de Carro, del Rectorado y el gobierno nacional. Con un añadido: agitaron la consigna de alcance nacional de “una asamblea constituyente y soberana”, consigna que el oficialismo del PO abrazo en su momento. Este planteo fue desarrollado por Daniel Gaido, cuya intervención fue ovacionada por los estudiantes y docentes en la asamblea inter-universitaria. Los activistas estudiantiles que dirigieron la toma actualmente se encuentran judicializados justamente por su rol a lo largo del conflicto. El abandono de la consigna de la asamblea constituyente lleva al oficialismo de PO a caracterizar la huelga desde el punto de vista puramente de la labor parlamentaria. Pero ¿puede ser un parlamentario revolucionario quien no agita sin cesar el cese del gobierno de Macri y la convocatoria de una Constituyente Soberana? El revolucionario es un agitador político, ¡especialmente en la banca del parlamento! Parlamentarismo Inclusivo La nota se esfuerza por destacar las acciones emprendidas a favor de la lucha de las mujeres y disidencias. Esto habría convertido a Salas en un Juan B. Justo o en un Lisandro de la Torre en la legislatura, pero no todavía en un revolucionario. Para García, la intervención de Salas en el Congreso Internacional de la Lengua Española que sesionó en nuestra provincia fue de “una verdadera provocación revolucionaria”, al leer su declaración en lenguaje inclusivo. A lo mejor una provocación mayor hubiera sido leer la declaración, ante el rey, en catalán o en una lengua aborigen; pero las monarquías modernas festejan algo que hoy es muy frecuente – el francotirador ‘disruptivo’. En la lucha, incluso contra la monarquía, lo que importa no es el idioma del discurso sino el contenido. A Salas le costó menos la proeza de evadir todas las zancadillas mentales del lenguaje inclusivo, al menos para quien hasta ahora hablaba castellano rioplatense, que pronunciar un discurso marxista. Para García, lo revolucionario no fue el contenido mismo de la declaración sino su lenguaje, cuando está probado que dos parlantes ‘inclusivos’ no forman una pareja de militantes socialistas. La falta de temeridad de García para la vulgaridad es típica de un político de aparato. La adaptación inclusivista tuvo su momento más visible a lo largo de la campaña electoral cordobesa a través de una serie de slogan como “ahora nosotres” y apuntadas hacia “más legisladores de izquierda en la legislatura”. El desplome de votos del FIT-U indicaría ‘que les votantes no se sintieron incluides’. El lenguaje inclusivo fue considerado un método más eficaz para impulsar las reivindicaciones de las mujeres y disidencias, que una asamblea constituyente. La nota de García revela la intención por colocar el movimiento de mujeres detrás o a la cola de las legislaturas. El aparato del PO impulsó un plebiscito por el derecho al aborto, sin discusión previa en el movimiento de mujeres, para tener una bandera electoral atractiva, sin contacto con F-F. Este artificio no solamente culminó en un rotundo fracaso, sino que el conjunto de las organizaciones feministas, colectivos de mujeres y de disidencias, llamaron a votar tanto por Schiaretti en Córdoba como por el binomio Fernández a nivel nacional. El artículo no menciona ninguna lucha política por desnudar la conciliación de clases que se escuda detrás de la “igualdad de género” y de la “sororidad” que ofrecen los partidos del régimen y las corrientes feministas. Lo mismo ocurre con la delimitación política con las corrientes plurinacionales, algo que se pudo evidenciar en la propia asunción de Soledad Diaz. Para la legisladora entrante la banca estaría a disposición para los levantamientos de los pueblos latinoamericanos. En su discurso y juramento lo hizo “por el triunfo de la rebelión en Latinoamérica, por el aborto legal y la separación de la Iglesia del Estado y por un gobierno de los trabajadores” y ante todo el auditorio “desplegó la wiphala” (https://prensaobrera.com/politicas/66747-soledad-diaz-una-revolucionaria-y-socialista-asumio-en-la-legislatura-de-cordoba). La bandera de la wiphala es el símbolo de los estados plurinacionales (Bolivia y Ecuador), del indigenismo y sobre todo del “capitalismo andino” creado por el derrocado García Linera (MAS). Sus flamantes colegas, los medios y todo el chetismo se espantaron menos que ante una bandera roja con la hoz y el martillo. Derrumbe del FIT El artículo en cuestión arma un “balance” a le medida del ego del legislador saliente – no ya de la Legislatura de Córdoba sino de la propia provincia. ¡Salas salió tan bueno que es exportable, por ejemplo, como interventor judicial en el PO de Tucumán! El matrimonio oficial de Córdoba se ha quedado con todo el mercado interno. En Salta atornillan a Claudio del Plá, mientras que para bloquear a la mayoría de Córdoba desatornillan a Salas, para dejarle el terreno a sus competidores internos. La nota no le dedica un solo renglón al derrumbe electoral que se reflejó en la reducción de tres legisladores a uno solo. Un balance serio debería colocar como problema la contradicción entre la “intensa” y “revolucionaria” actividad parlamentaria con la pérdida de tu propia banca. La necesidad por distorsionar radica en ocultar tanto a los trabajadores como a los propios militantes de nuestro partido el proceso de degeneración política y el derrumbe electoral del FIT que denunciaron en su momento Jorge Altamira y los compañeros de la Tendencia en Córdoba en sus dos balances electorales. La crítica no estaba dirigida a hacer leña del árbol caído sino por establecer un balance de la situación, ver los problemas y cambiar el rumbo a una orientación política nacional cuyos resultados se vislumbraron no solamente en Córdoba sino a lo largo del país. No solo eso, la consigna “que la crisis la paguen los capitalistas” que fue la consigna central durante todo el 2019 y durante la asunción de los nuevos parlamentarios provinciales y municipales, además de ser una abstracción, no ofrece ninguna perspectiva de poder para la clase obrera. La comitiva de legisladores que viajó rumbo a Chile a llevar el apoyo desde Córdoba y Argentina tuvo la misma pretensión que la nota de Díaz García: ocultar la incapacidad del FIT para ofrecer un canal de intervención a los trabajadores, con una dosis cuadruplicada de auto-bombo.

Perspectivas

En fin, el artículo de Díaz García culmina siendo una cita autorreferencial sobre el accionar de un parlamentario, que fue incapaz de desarrollar una propaganda socialista y una agitación política contra el gobierno de turno, por una asamblea constituyente con poder. La acción revolucionaria en un Parlamento no solamente debe ser la de desplegar un planteo revolucionario, sino la de denunciar el carácter reaccionario de las instituciones estatales, la adaptación al orden existente y la confusión política que impulsan las corrientes de colaboración de clases propias de la pequeña burguesía. La situación mundial y latinoamericana no solamente expresa el carácter contrarrevolucionario del Estado y sus instituciones como factor del antagonismo de clases. Un parlamentario revolucionario de un partido revolucionario debe apreciar esta situación y agitar a las masas en esa proyección.

Suscribite a Política Obrera