El sistema acusatorio

Escribe Pedro Lobo

Tiempo de lectura: 3 minutos

Hola Jorge. ¿Cómo está?

Espero que lo mejor que se pueda en este contexto.

Termino de leer su último artículo en Política Obrera y sentí el impulso de transmitirle mi opinión respecto de la cuestión vinculada con el sistema de enjuiciamiento penal como "argumento" inherente a la reforma judicial.

Desde un punto de vista técnico o teórico, al separar la tarea investigativa de la decisoria, el sistema acusatorio representa un avance hacia el postulado preambular de "afianzar la justicia".

No obstante entiendo que, como en todo, el tema crucial es el contexto.

Por eso estoy en general de acuerdo con su posición respecto de la incidencia concreta y efectiva que puede tener su implementación.

Entiendo que con casi 35 años de trabajo en el segmento del poder judicial que se ocupa de aplicar le ley penal estoy legitimado para opinar al respecto.

Sin perjuicio de eso, son contundentes e incuestionables los datos estadísticos que a modo de "plena prueba" acreditan certeramente que, como ud lo señala, ese modo de enjuiciamiento no ha derivado en "... mayores condenas contra el ´gatillo fácil´ o más diligencia para con los reclamos de justicia de los sectores populares."

No solo eso. Surge de la Procuración de la SCJBA que en el año 2012 se encontraban encarceladas 30.988 personas. En el año 2017 ese número, (que está en constante aumento desde hace décadas) ascendió a 46.904 y hoy llega casi a 50.000.

En ese contexto la superpoblación general de personas detenidas en los infectos calabozos de comisarías de la provincia es del 260 % . En ese marco, en algunos casos del conurbano, llega a ser hasta del 1.000 % ( Red de jueces penales de la pcia de bs as). Ud sabe que se trata de personas que abrumadoramente reúnen dos condiciones. Son jóvenes y pobres.

Siempre en base a cifras oficiales, o emanadas de espacios específicamente vinculados con la cuestión penal (que no es más que una de las "caras" de la cuestión social) el análisis de los números que refleja el Registro Nacional de Femicidios creado por la CSJN muestran que no hay ley "contra la violencia de género", ni ley "Micaela", ni antídoto normativo alguno que pueda contener esa exteriorización brutal de ataque al que ocupa el rol de vulnerable. Se trata de leyes específicamente dictadas para terminar con esas conductas criminales que, como corresponde a las relaciones sociales imperantes, solo han servido para propiciar la generación de "congresos", " seminarios", "conversatorios" etc y, naturalmente, los consiguientes organismos burocráticos.

Por eso, como mínimo, es absurdo creer que un cambio de sistema de enjuiciamiento va a torcer el rumbo. Tan extremadamente absurdo como carente de "inocencia" por parte de los que lo postulan y, peor aún, de quienes, violentando el mandato concedido por la clase obrera, cínicamente decidan acompañar a aquellos.

Se trata, ni mas ni menos, del arribismo, el oportunismo y la lucha por "el puestito" que penosamente comenzaron a mostrar muchas/os de sus compañeras/ os. Al respecto, permítame que le diga que para mí, entre otras cosas, alguien que jamás laburó, no está legitimado para representar a las y a los laburantes. Creo que, solo por esa característica, esas personas presentan "semiplena prueba o indicios vehementes" actuar como trepadoras.

Volviendo al procedimiento penal, insisto en que viví en "primera persona" el traspaso del sistema de enjuiciamiento inquisitivo al acusatorio en la Provincia.

Puedo afirmar que, como es natural al sistema, solo sirvió para crear nuevas dependencias y, naturalmente, cargos de Fiscales Defensores y Jueces. Yo soy un ejemplo de eso ya que de no haber existido ese enorme crecimiento de la "planta funcional” nunca hubiera pasado de ser secretario de un juzgado.

Creo, que respecto a la cuestión, más allá de la opinión estrictamente política, sería muy importante que alguna/o abogada/o de la Tendencia se expidiera sobre el tema. Como varias veces lo señalé, considero que deben "pulirse" técnicamente para defender a la clase con las herramientas legales que les ofrecen estas putrefactas relaciones sociales.

Puedo estar equivocado, pero, francamente sigo sin observar que eso ocurra.

Pedro Lobo

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