Carta abierta de una enfermera

Escribe Guillermina Vallejos, enfermera

Trabaja en hospitales de la provincia de Buenos Aires

Tiempo de lectura: 3 minutos

Soy parte del personal de salud y del sistema público hace 9 años, mi rol profesional es de enfermera asistencial, hoy nos llaman personal esencial, los héroes de la pandemia, los soldaditos de batalla, los que estamos al frente y de más. Y aunque parezca que hoy nos valoran, no es así, no lo vivimos de ese modo. Seguimos siendo una profesión no reconocida ni por la sociedad, ni por los que toman las decisiones políticas que afectan directamente a nuestra tarea, sin leyes que respondan o garanticen ese valor y muchos menos salarialmente.

Hoy somos más esclavos del sistema que antes, porque hoy todo se justifica en que estamos en emergencia sanitaria, cuando la realidad es que hace años que es así, que el sistema de salud público está colapsado, que no podemos darle a la comunidad los cuidados que el estado debe garantizar según la constitución, sin políticas de prevenciones serias para evitar que la comunidad enferme y con políticas ineficientes para responder ante los enfermos. Como en todas las instituciones el hospital no deja de ser uno, existen manejos corruptos, ñoquis, acomodados, que perjudican a la gestión de los honestos, pero sobre todo entorpecen la labor. Esto no es novedad, la comunidad lo sabe, lo vive cada vez que se acerca a una guardia.

Desde mi lugar puedo decirles que hacemos lo que podemos y más, con lo poco que tenemos. Podrían juzgarnos porque somos parte de este sistema, pero no deja de ser un trabajo con el cual sostenemos a nuestras familias y para tener una vida digna debemos tener más de uno, Pero levantar o reconstruir un sistema de salud óptimo es responsabilidad de todos, porque el cuidado de la salud es de todos, nadie está exento de enfermar somos todos vulnerable a ello. Nosotros nos formamos para cuidar, y suena sencillo, pero cuidar implica muchas cosas y lo hacemos por vocación y por trabajo, pero hoy nos están explotando. Y hago uso de esta palabra porque el trabajo que estamos haciendo en este contexto de pandemia, NO coincide con lo que nos remuneran, estamos sobrecargados de trabajo, sin francos, sin licencias, temerosos de enfermar, de afectar a nuestras familias, estresados por la falta de material, por las fallas que vemos y no podemos darle solución porque no da el presupuesto la infraestructura etc., con la única respuesta de decir NO TENEMOS.

No tienen idea lo que es cambiar un esquema de antibióticos a un paciente porque no hay más de esa medicación, o no poder asistir una emergencia por la misma razón, cuando sabemos que de eso depende la mejoría o la vida de ese paciente, o no tener alcohol cuando es fundamental para descontaminarse antes de salir de un aislamiento por covid positivo, es frustrante saber cómo cuidar y no tener con qué, y saber que nos estamos exponiendo junto a nosotros a nuestras familias y no tener con que cuidarnos. No nos están cuidando, no podemos hacer nuestras tareas si seguimos perdiendo compañeros que se enferman, algunos tardan en recuperarse con la posibilidad de que pueden sufrir secuelas, y otros que no vuelven. Nos niegan las planillas médicas, muchos compañeros con enfermedades prevalentes o de riesgo se los obstaculizo burocráticamente hasta poder obtener la licencia. Los enfermeros que estamos en actividad real ya somos pocos, nos están perdiendo y a sabiendas nos siguen exponiendo.

Y cuando me llaman soldadito de batalla se me viene a la mente las Malvinas, y pienso es esos soldados y me genera empatía, acercarme un poquito a lo que habrán sentido, pasar el frío, el hambre, no solventar sus necesidades básicas, el cansancio en el cuerpo, estar lejos de su familia, no tener las armas suficientes para enfrentar, valentía les sobraba, pero la historia dice que las malas decisiones de los que daban las órdenes hicieron perder la guerra, y no me refiero a las islas sino a las vidas que se llevó, muchos podrán decir para eso se los preparó y yo les aseguro que nadie está preparado para ver morir, dejar morir o saber que puede morir.

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