Mariano Ferreyra

Escribe El Be

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Mariano fue, como muchos de su generación, hijo del Argentinazo. Su vocación militante no estaba predestinada. Fue el impactante shock que significó el levantamiento del 2001, y todo el proceso político y social que lo precedió y sucedió, lo que empujó a miles de jóvenes a una actividad política de izquierda y socialista. El levantamiento popular repercutió principalmente en la juventud, incluso en la que no participó directamente del mismo, como fue el caso de Mariano. Pero el papel de las rebeliones en las cabezas de las nuevas generaciones abre el surco de la historia, porque sacude de esas cabezas la frustración de las generaciones pasadas, abriendo nuevos horizontes.

“Los pibes son el alma de la revolución siempre”, decía Pablo Rieznik, porque “la vieja generación está quebrada, salvo algunas excepciones”. Mariano representa el avance de la historia, a través de las contradicciones del capital que crea a sus propios sepultureros y los empuja a la rebelión. Cuando todo parece, superficialmente, que los mecanismos de contención del Estado permiten una regeneración constante del capital, el régimen se quiebra, la contención es arrasada, y las voluntades quebradas de las generaciones pasadas son sustituidas por una juventud que trae nuevos bríos a la causa revolucionaria. Empujado por este contexto de rebelión popular y de disolución del régimen capitalista, Mariano se dispuso a hacer su propia historia bajo las banderas del Partido Obrero.

Para estar a la altura de las circunstancias de su época, Mariano decidió ser, como suele llamarse en la jerga de la izquierda, un militante profesional. Buscó formarse incesantemente en la teoría y en la práctica de la revolución socialista. En un cuaderno que utilizó durante su militancia dejó constancia de esta búsqueda. En él puede encontrarse una variedad enorme de frentes de lucha y actividades de diverso tipo entre los cuales buceaba y se profesionalizaba. La lista es interminable: CBC, Polo Obrero, EMPA (la escuela de música popular de Avellaneda), reunión de agitadores, Felco, Secundarios, Plaza Alsina, charlas, cursos, organización, locales, Dock Sud, lucha por Hugo Krince y el gatillo fácil, Villa Inflamable, docentes, gráficos, Parmalat, Lagomarsino, Sasetru, asambleas de prensa, etc.

Una década después de que Mariano iniciara este camino, el oficialismo gobernante sostenía que la crisis económica que estalló en 2001 se había cerrado gracias a una reactivación económica. La reactivación, sin embrago, mostró límites insalvables rápidamente. El “renacer” de capitalismo no era tal, porque ´resurgía´ sobre la base de una mayor precarización social (laboral, habitacional, sanitaria, educativa, ambiental, etc.). Las condiciones laborales de aquellos que consiguieron trabajo en este nuevo “ciclo de reactivación” se encontraron muy por debajo de las condiciones que habían conquistado las generaciones precedentes. El derrumbe del capital no sólo llevó a Mariano al terreno de la lucha de clases después del 2001, sino que en el 2010 lo llevó a la lucha contra la tercerización laboral sobre la que se sustentaba la recomposición de la ganancia capitalista.

La lucha contra la tercerización laboral, como no podía ser de otra manera, rebasó la capacidad de contención de la burocracia sindical. La burocracia de la Unión Ferroviaria tomó nota de este hecho. El asesinato de Mariano no fue una demostración de fuerza de estos aparatos de contención, sino justamente lo contrario: un acto desesperado de una burocracia aterrorizada por su incapacidad para contener una lucha que podía suscitar una rebelión de la base de todos los trabajadores. Es lo que no entendió el juez que dictó la sentencia a Pedraza al afirmar que a este ´no le convenía un muerto´. Pero la burocracia sindical, como el capital, no se maneja según sus “conveniencias”, sino que actúan con manotazos desesperados ante la irrevocable tendencia al derrumbe del régimen.

El asesinato de Mariano detonó otro shock, esta vez en la cabeza de una nueva generación. La juventud se vio sacudida por este hecho y alentó a una nueva camada de jóvenes a volcarse a la lucha por los intereses históricos de la clase obrera. La rebelión del 2001 mostró la simiente de los sepultureros del capital. La burocracia sindical quiso liquidar a uno de estos hijos del Argentinazo, pero terminó empujando a otros jóvenes a la lucha.

La decadencia del capital es un proceso contradictorio: genera miseria y brutalidad por todas partes, por un lado, y crea muchos Mariano Ferreyra cada día, por el otro. Cada uno de ellos es único y a su paso dejan una marca imborrable en la gente que los rodea. Los que recordamos a Mariano como era, como un pibe que pudo haber sido músico, profesor, dibujante, escritor, cineasta, o lo que fuera que lo apasionaba, sabemos que eligió el camino de la revolución porque, como él, también nosotros somos hijos de las luchas de la clase obrera. Mariano hoy forma parte de los baluartes de la clase obrera, no simplemente como mártir, sino porque su figura nos recuerda permanentemente que el capitalismo, en su declinación irremediable, pretende llevarse consigo a los mejores representantes de las generaciones que pretenden darle sepultura. Por Mariano, por su enseñanza, generaciones enteras dedicarán su vida entera a la lucha socialista hasta que la clase obrera logre por fin dar sepultura a este cadáver insepulto y descompuesto que es el capitalismo.

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