La tarjeta alimentaria, los petisos nutricionales y la incapacidad del capitalismo

Escribe Hugo Interlandi

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El gobierno de F.F a proclamado a los cuatro vientos que la tarea número uno es sacar a los argentinos del hambre. Según las últimas las cifras actualizadas, casi el 40% de los argentinos estaría debajo de la línea de pobreza. Para tal fin, el gobierno lanzó la tarjeta alimentaria, que consiste en un refuerzo de $4.000 para madres desde los tres meses de embarazo hasta niñas y niños de 6 años.

Pareciera que el hambre no abarca a todas las edades, es decir, a los jubilados o las familias de trabajadores precarizados o en negro que ganan por debajo de la línea de pobreza.

Pero el motivo, según el ministro Arroyo, de sacar la tarjeta alimentaria, considerando esos límites de edad se debería a que, producto de la pobreza, hay una generación de niñas y niños hasta los 6 años que son potencialmente los denominados “petisos nutricionales”: niñas y niños farináceos – alimentados a base de harinas (hidratos de carbonos) - y ausencia parcial o total de proteínas y micronutrientes. Desnutridos crónicos que adquieren esas características más allá de la genética de talla que tengan.

A confesión de parte, relevo de prueba. Arroyo, que viene del bloque Renovador (Massa) y ahora es ministro de F.F., ya no se debe acordar que su bloque le votó todas las leyes a Macri que profundizaron esta situación de empobrecimiento de las capas más humildes de desocupados y trabajadores precarizados jubilados etc.

Sin embargo, acá no quedó la cosa. El pediatra Eduardo Gómez Ponce, director de la Asistencia Pública de Tucumán, declaró en La Gaceta, luego de los dichos de Arroyo, que serían varias generaciones las afectadas, ya que son más de 20 años de afectación alimentaria (2001-2020). Agregó que, desde 2008 (comienzo de la crisis mundial que estamos viviendo), la Nación dejó de emplear la tabla de talla de Lejarraga y Orfila, y se modificaron los parámetros para ocultar a los desnutridos crónicos. Esto ocurrió durante los gobiernos “nac y pop”. Actualmente, tenemos aproximadamente tres millones de niñas y niños menores de 6 años por debajo de la línea de pobreza que no pueden acceder a la alimentación necesaria. En el caso de Tucumán, dice Ponce, serían 25.000 niños que van en camino a convertirse en desnutridos crónicos. A pesar de apoyar la iniciativa de la tarjeta alimentaria, Ponce dice que en una familia numerosa es insuficiente porque trataran de compra para el grupo familiar y no alcanzara para proveer de las proteínas (carne, huevos, fibra, etc) para todos.

Conclusiones

Es evidente que el sistema capitalista no puede garantizar la salud, la alimentación y la educación para explotar a los asalariados, Está demostrando que la defensa del capital atenta contra las condiciones de vida de millones de personas.

En los últimos 30 años, todos los gobiernos capitalistas en la Argentina no pudieron resolver esta situación y la tendencia al empeoramiento de la situación de la familia de los trabajadores frente a un plan que solo se armó para refinanciar la deuda externa. De la pobreza no se saldrá con una tarjeta alimentaria.

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