La legalidad: una tarea “brillante”

Escribe Matías Solanilla

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A nadie se le escapa que un sector importante de la militancia de la Tendencia del PO es recelosa de la tarea de conquistar nuestra legalidad. Tiene su lógica; quienes luchamos por desterrar de la izquierda una política de aparato, parlamentarista y electoralista, nos encontramos ante la necesidad de conquistar una legalidad para intervenir precisamente en las elecciones. Cierta sensación de estar retomando un sendero “aparatoso” genera un rechazo casi instintivo.

En buena medida, el problema radica en cómo fue planteada inicialmente la campaña por la legalidad, su método y objetivo. La experiencia en Olavarría, donde superamos las mil afiliaciones en dos semanas organizando un equipo de compañeros de otras localidades, es aleccionadora sobre todo esto.

La campaña de legalidad siguió el método del puerta a puerta y la mesita en el centro, paralelamente. Conseguir una afiliación de esta manera es bastante complicado. En primer lugar, por el profundo descrédito del régimen político imperante; al presentarnos como un partido, inevitablemente quedamos “pegados” a los políticos de la burguesía. Una porción enorme de la población no quiere saber nada con “los políticos”. Por otro lado, las características de la actividad, que exige datos personales y fotocopia del DNI, también genera un obvio recelo, en tiempos de estafas bancarias y demás. Por lo tanto si hemos afiliado a mil trabajadores, podemos conjeturar que hemos tenido contacto -si contamos a quienes nos dijeron desde un “no quiero saber nada” a darnos un portazo en la cara, pasando por largos debates de hasta media hora- con alrededor de 10 mil o 15 mil personas. El valor de una actividad así salta rápidamente a la vista.

El equipo militante que tomó la tarea recorrió una parte considerable, muy considerable, de la ciudad, golpeando cada una de las puertas. Y por ende la actividad no sólo nos obligó a un nivel de contacto que no se encuentra en otras actividades de la lucha política cotidiana, sino además y por lo mismo nos dotó de elementos muy concretos para caracterizar la situación y el estado de ánimo de las masas.

Finalmente, el carácter casi estrictamente democrático que le hemos impreso a la campaña tiene la desventaja de presentarse como despolitizado. Pero, a su vez, tiene la ventaja de ser completamente abierto. En el marco de la lucha por nuestra legalidad en Olavarría hemos tomado contacto y debatido con una parte de la vanguardia obrera de la zona (muy importante por su rol en la industria del cemento); se abrió la posibilidad de la construcción del Polo Obrero en algunos barrios, e incluso hemos podido aprovechar para retomar un trabajo político en la ciudad cercana de Azul, donde el PO supo tener una sólida regional que fue duramente golpeada por el proceso de descomposición del partido y posterior ruptura.

La campaña por la legalidad, lejos de ser una tarea “gris” como se llegó a plantear en la Conferencia Nacional, es una campaña llena de potencial y sumamente fructífera. Es imperioso sumar a los compañeros que aún dudan del contenido de esta lucha (entre los que me contaba) a las recorridas. No sólo por la legalidad en sí, sino por el enorme potencial de debate, organización y reclutamiento que ofrece.

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