Del Plá se suma a la campaña de Sáenz por la presencialidad

Escriben Gabriela Jorge y Violeta Gil

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Claudio del Plá ha decidido engavetar su trayectoria como activista docente y ponerse a la cabeza de la reapertura de las escuelas, en medio de un nuevo pico de contagios. Esencialmente, ha obedecido las órdenes que le bajaron para que se ‘corte solo’ (“tomar la inciativa”, en la jerga de los aparatos), sin la menor consulta con los docentes de Salta, una práctica que se creía reservada a la burocracia sindical. Del Plá dobla la apuesta de la campaña de las patronales y adelanta que no acatará lo que decidan los docentes si va contra su planteo. Violenta, de este modo, un principio fundamental del parlamentarismo socialista, que es no obrar de espaldas a las masas, incluso cuando chocan posiciones en conflicto.

Del Plá se ha incorporado al elenco de la UIA, Macri, Alberto Fernández y Sáenz, que ya han armado todo el dispositivo de propaganda y sanciones para imponer el inicio de clases presenciales. Claro que lo hace con su propio libreto exculpador: afirma que “sin esas condiciones elementales (de protección de la salud), más el salario docente, es mentira cuando dicen que se puede volver a la presencialidad en óptimas condiciones, y no se puede jugar con la ansiedad de que se retomen las actividades en las escuelas” (las cursivas son nuestras). En esta línea solicita la presencia del ministro de Educación en la legislatura para que informe si el gobierno va a garantizar esas “condiciones óptimas”. Mientras tanto, a clase.

Del Plá no archiva solamente su trayectoria, sino también los principios elementales de una lucha de clases. Exigir condiciones ‘óptimas’ está muy bien, aunque ese nivel de condiciones no existe. El punto es otro: ¿volvemos a clases cuando esas condiciones se reúnan o lo hacemos para exigir que se reúnan, y mientras tanto nos contagiamos? Del Plá no condiciona la presencialidad sino que condiciona las condiciones necesarias para esa presencialidad. ‘Vamos a clase, plantea, para pelear por esas condiciones’, no cuando las hayamos conseguido. En la guerra esto se llama capitulación.

Una de las denuncias fundamentales de la docencia salteña, aún antes de la pandemia, es el derrumbe edilicio, la falta de infraestructura, la sobrecarga de alumnos, la falta de ordenanzas, la miseria salarial y la degradación sistemática del escalafón docente. Es decir, que la docencia viene luchando por las ‘condiciones’ que ahora reclama Del Plá para justificar la presencialidad, no para denunciarla, desde hace décadas. Esto significa que los gobiernos vienen destruyendo las ‘condiciones’ también desde hace décadas, en función de beneficiar a la educación privada y clerical. Del Plá no ignora nada de esto, solamente ha cambiado de posición porque entiende, como el aparato del que abreva, que defender el distanciamiento social de docentes y alumnos ‘no paga’ electoralmente. Lo mismo están haciendo las otras organizaciones del FIT. Es, por supuesto, lo que Trump entendió que debía hacer (‘presencialidad’), y así le fue.

Si antes de la pandemia la infraestructura escolar inviabilizaba las condiciones óptimas de regreso a clase, bajo la pandemia la presencialidad plantea, en esas condiciones, el peligro de una espiralización de la crisis sanitaria. Es significativo que Del Plá no mencione al clero de Salta y a sus instituciones ‘pedagógicas presenciales’, cuando él sería el primer beneficiario económico e ideológico de la presencialidad, a costa, claro, de docentes, alumnos y familiares, especialmente familias que viven hacinadas, donde más rápido se difundirá el virus que las escuelas lleven a los hogares.

Del Plá ha quedado a contramano de los sectores más combativos de la docencia salteña. Pues los docentes de Orán, fundadores de la Autoconvocatoria junto con Tribuna Docente, acaban de votar el no inicio con un extenso pliego reivindicativo, señalando la inviabilidad de la actual infraestructura educativa ¡y hasta sanitaria!

Los docentes autoconvocados de capital rechazaron las clases al aire libre, con el que las autoridades pretendían hacer frente a la falta de condiciones de infraestructura. Néstor Pitrola acaba de recoger la educación al aire libre al plantear la presencialidad en clubes y espacios públicos, en un desvergonzado reconocimiento de la inadecuación de las instalaciones educativas. Mientras la docencia se esfuerza por dar cuenta, con su propio modo de ver, del carácter criminal que tiene el ultimátum del regreso a las aulas de Sáenz, Alberto Fernández y el conjunto de los capitalistas, y de enfrentarlo mediante la acción directa, Del Plá se coloca de espalda a la docencia, junto al gobierno, como facilitador de la presencialidad.

La docencia de Salta y de todo el país se enfrenta a la situación inaudita de ver a una parte de la izquierda haciendo un frente de hecho y de derecho con autoridades del estado, una oposición trumpista y las cámaras empresariales. Llamamos a la docencia a defender una tradición histórica y la salud y la vida de docentes, de alumno/as y de sus familias.

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