Médicos Municipales: se ha formado una pareja

Escribe Tribuna de Salud (Tendencia) CABA

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Con una foto en la facultad de Medicina y un flyer que difunde un “acuerdo programático para un modelo gremial diferente”, la Lista 10 comandada por Carlos Rojo y el Frente de Recuperación Gremial (FRG) presentaron su alianza para las próximas elecciones del sindicato de Médicos Municipales (AMM) de CABA. El lanzamiento, no obstante, quedará condicionado a la “situación epidemiológica”, ya que en estos días el Ministerio de Trabajo volvería a prorrogar los mandatos de las direcciones sindicales, por un plazo que podría ser de 90 o 120 días.

En las últimas elecciones del 2017, el oficialismo de la AMM se fracturó en dos listas. Rojo, que venía de dirigir el PAMI Capital durante el kirchnerismo de la mano de Luciano Di Césare, enfrentó al radical Jorge Gilardi. El peronista Rojo contó con el apoyo nada menos que de Larreta, mientras que Gilardi era sostenido por su entonces rival en el PRO, Gabriela Michetti. Gilardi logró retener la presidencia de la AMM por una escasa diferencia, que ahora podría revertirse si tenemos en cuenta que en aquella votación obtuvo 3500 votos, contra 3000 de la Lista 10 y 700 del FRG.

Otro dato que abona esta perspectiva es que la gestión de Gilardi viene de un fuerte desgaste, que se agravó como consecuencia de la entrega del salario médico en el marco de la peor crisis sanitaria que se tenga memoria. Desde la última paritaria, vencida en diciembre de 2019, los profesionales de la salud porteños obtuvieron solo un 15% de aumento (y algunos bonos): un porcentaje que se encuentra entre los más bajos del movimiento obrero y a más de 20 puntos de la inflación acumulada en 2020. En este contexto, varias filiales oficialistas decidieron abandonar el barco de Gilardi (Santojanni, Rivadavia, Argerich, entre otras).

Frente a esta realidad crítica, la nueva lista denominada “Democracia y participación para la recuperación gremial” difundió seis puntos programáticos: “paritarias transparentes con inclusión de médicos residentes; salario y jubilaciones dignas; ítems 100% remunerativos incorporados al básico; eximición del impuesto al salario; mejora de las condiciones laborales; reconocimiento e incorporación de los grupos de trabajo a la estructura hospitalaria”.

Desde la primera consigna, está clara la voluntad de atraer el voto de los residentes, que vienen siendo protagonistas del movimiento de la salud desde la gran huelga que quebró la ley precarizadora de Larreta. Sin embargo, las reivindicaciones fundamentales de este colectivo -pase a planta, guardias pagas, salario y la ART para concurrentes- no figuran en el programa. La ambigüedad tiene su fundamento, si recordamos que la propia redactora de la derrotada ley, la ex ministra de Salud Bou Pérez, provenía del riñón del rojismo en el Hospital Ramos Mejía.

Algo similar ocurre en relación al salario y las jubilaciones, cuya formulación se limita a pedir que sean “dignos”, identificándose con la vaga consigna del gilardismo. Los salarios vienen de un verdadero derrumbe (perdieron 65% de su valor en el último lustro), que se agigantó durante la pandemia a pesar del sobre-trabajo que ésta implicaba e implica. La consigna que emergió de las asambleas de médicas, médicos y profesionales fue el 100% de aumento y los 100.000 pesos de inicial. Tras la demagogia inicial, la Lista 10 abandonó este planteo, como abandonó también al movimiento de lucha. Esta experiencia concreta hizo que durante el año pasado emergieran asambleas de “autoconvocados” y “hartos” en los hospitales porteños, tanto en aquellas filiales dirigidas por Gilardi como en las que responden a Rojo. A su turno, estas asambleas confluyeron en una interhospitalaria que se unió al plan de lucha organizado desde la asamblea de residentes y concurrentes. Durante este proceso, la Lista 10 se dedicó a hacer campaña electoral, intentando pasarle el costo político de la crisis paritaria a Gilardi. Sus siete filiales no solo no fueron referencia de nada, sino que incluso llegaron a boicotear los paros y movilizaciones autoconvocadas ya que su éxito demostraba la posibilidad real de superar a Gilardi a través la acción –cuestión que Rojo reservaba a un voto futuro, en elecciones postergadas hasta nuevo aviso.

Otro gran ausente entre los puntos anunciados es la denuncia de la carrera profesional que liquidó la estabilidad laboral, dejó a los profesionales como rehenes de concursos que el gobierno y las autoridades hospitalarias abren a discreción, cuyos “veedores” son colocados desde arriba por la conducción de la AMM. El olvido tampoco sorprende, toda vez que esta ley 6035, que además dejó afuera a enfermería, bioimágenes e instrumentación quirúrgica, fue aprobada con la venia de ambas alas de la burocracia de la AMM.

La presentación en sociedad del matrimonio electoral fue recibida con desconfianza por los trabajadores, cuyas críticas se hicieron oír en las asambleas. En el Hospital Penna, bajo una fuerte presión de la base, la filial rojista viene de realizar un cese de actividades, un corte de calle y de votar un paro para el próximo 24 de febrero (el 28 vence el plazo de gracia que Gilardi le dio a Larreta para postergar el acuerdo paritario del año pasado). En lugar de replicar y extender esta movida, en los otros hospitales la misma Lista 10 dice que “no se puede parar sin el sindicato”, ya que “podría haber sanciones”… lo que harta a médicas y médicos son las entregas de la AMM, pero también la verborragia impotente de la Lista 10.

El llamado “Partido Obrero” oficialista abordó esta crisis desde la inacción. Hace seis meses, en agosto de 2020, emitió un comunicado denunciando una “apropiación del FRG” para el frente con Rojo, por parte de sus ex compañeros de lista del Hospital Álvarez. Esta queja se realizó desde el aislamiento político: contó con la firma de solo dos médicos del Hospital Sardá. Ocurre que la alianza con Rojo se produce tras un largo letargo del FRG, que quedó reducido a su mínima expresión. El aparato del “PO” oficial se limitó a denunciar que el Comité Ejecutivo de la AMM “no se reúne”, en lugar de desplegar iniciativas de lucha desde el cargo que allí ocupa. En estos seis meses, evitó reunir lo que sí estaba a su alcance: no convocó a una asamblea del FRG para hacer frente a la “apropiación” que denuncia; su política, desde esta intrascendencia, fue largar al ruedo un nuevo sello (“lista Naranja”). Ahora que la boda se consumó (“hable ahora o calle para siempre”…), optó por permanecer en silencio.

El vuelco de un sector del FRG a una alianza con la Lista 10 opera como un rescate para esta fuerza política, que venía siendo cuestionada por sus propias bases en los hospitales. No logra alterar ni en un milímetro su carácter reaccionario, con profusos vínculos con todos los gobiernos, autoridades sanitarias y grupos privados del negocio de la salud (y Franja Morada en Medicina UBA). Al revés, compromete a ese sector del activismo con un programa de defensa de esos intereses. Siguiendo su propia lógica, el armado debutó dejando de lado las reivindicaciones del movimiento de lucha que se autoconvocó y ganó los hospitales y las calles durante el 2020. El desafío al que apuntamos desde Tribuna de Salud (Tendencia) es a dar continuidad, profundidad y expresión política a esas peleas, poniendo en pie asambleas, coordinadoras y un reagrupamiento que recupere los métodos clasistas, de larga tradición entre los trabajadores de la salud.

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