Crónica de una lucha por el aborto legal efectivo

Escribe Bárbara Carrillo

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Hace unas semanas, una compañera del Polo Obrero (T) de Guernica tuvo que acceder a una interrupción legal del embarazo. Todo el proceso, desde que comenzamos a intervenir en el caso, hasta el día de hoy, significó una lucha política que nos servirá de ejemplo en cada barrio. Porque además, la experiencia de ella, podría ser la de miles de mujeres en las barriadas.

Nuestra compañera tiene diez hijos, se encuentra desocupada y su marido se gana la vida haciendo changas. Una de las razones de ser madre de tantos hijos, dicho por ella, está en su profunda creencia cristiana, la cual indica que las mujeres están predestinadas por Dios a la maternidad, rechazando cualquier método anticonceptivo. Pero la pérdida de su último embarazo le provocó una hemorragia que casi le cuesta la vida y que le dejó consecuencias irreversibles en su útero. Por ello, al enterarse de que estaba nuevamente embarazada, decidió interrumpirlo, y asegurarse de un método anticonceptivo. Nuestra compañera priorizó su vida, yendo a contramano de sus creencias y hasta de su propia familia.

La lucha del movimiento de mujeres conquistó, en diciembre del año pasado, que la interrupción voluntaria del embarazo sea legal. Pero a pesar de eso, se siguen imponiendo las trabas que impiden su efectiva implementación. En el caso de nuestra compañera, fuimos con ella al Hospital Cecilia Grierson de Presidente Perón, ya con una derivación hecha por el 0800 de la campaña por el derecho al aborto, porque sin eso no la hubieran atendido. Al dirigirse a la guardia ginecológica, le solicitaron una serie de estudios y análisis médicos. Pero nos encontramos con que la mayoría de esos estudios no se realizan en el hospital. El único ecógrafo estaba dañado y tampoco había personal pertinente para realizar las ecografías. Lo mismo ocurrió con el estudio de electrocardiograma, el cual también estaba dañado. Los turnos para estos estudios en otros hospitales, eran otorgados para varias semanas después,y lo mismo ocurría con los análisis. Averiguando en sanatorios privados, el costo de estos estudios era de cinco mil pesos. Obviamente, para una mujer desocupada, era impagable. Por lo tanto, y con la solidaridad de muchas mujeres trabajadoras, personal de la salud, y compañeras de la Tendencia, emprendimos una batalla para que todos esos estudios se le realicen a nuestra compañera de manera inmediata y gratuita. A excepción del electrocardiograma, el cual pudimos abonar gracias también a la solidaridad.

Una vez realizado todo, nos encontramos con que el embarazo de nuestra compañera ya cursaba más de catorce semanas de gestación, lo que nos llevaba a solicitar una interrupción legal del embarazo por causales, porque, efectivamente, corría riesgo la salud y la propia vida de quién reclamaba la práctica. Desde hace 95 años las mujeres tienen derecho a interrumpir legalmente su embarazo bajo ciertos causales. Sin embargo, casi nunca lo pueden ejercer. Y esta fue otra batalla que libramos en un hospital, donde hay un solo médico no declarado ´objetor de conciencia´. Pero la tenacidad de las compañeras lo hizo posible. La práctica se realizó sin dificultades, y hoy nuestra compañera se encuentra en buen estado de salud y con el método anticonceptivo que también solicitamos.

Esta experiencia fue un paso importantísimo, si bien veníamos debatiendo en las asambleas barriales la cuestión del aborto, y así muchas compañeras comprendieron que el aborto legal era necesario para evitar muertes y mutilaciones en la clandestinidad. La experiencia concreta las llevó a defender la vida de una de ellas. Sobre todo en un momento donde atravesamos una pandemia que nos obliga a defender nuestra vida, contra un régimen social que nos empuja al virus en cada lugar de trabajo y en cada barrio. Cuándo íbamos al hospital junto con nuestra compañera, veíamos las largas filas para los hisopados, en un hospital vaciado, sin recursos y con un personal médico totalmente precarizado y agotado.

La lucha por la implementación del aborto legal en el hospital es parte de esa defensa que emprendemos por nuestra salud y por nuestra vida. Esto requiere de la máxima unidad entre mujeres y hombres de la clase obrera. Y, que no sea una lucha en soledad de tantas mujeres que transitan solas por este camino.

Por la efectiva implementación del aborto legal en el hospital. Por la organización socialista de la mujer trabajadora.

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