Colombia: por qué no cae el gobierno

Escribe Emiliano Monge

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Colombia vive un proceso abierto de rebelión popular de carácter ininterrumpido. Las negociaciones entre el Comité de Paro y el gobierno han fracasado, pues Duque insiste en que haya un repudio a los bloqueos (cortes de calles y rutas). Semejante cláusula no serviría para aplacar la movilización y, de ser suscripta, acabaría con el resto de autoridad del CNP. El planteo del CNP de “desencalar” los bloqueos, fue simplemente ignorada por los jóvenes movilizados (pulzo, 19/6).

El CNP anunció estar dispuesto a levantar las protestas a cambio de integrar a las negociaciones a la una comisión independiente de la propia Comisión Interamericana de DDHH (CIDH) . El Gobierno de Duque, por su lado, se declaró "satisfecho" por el "reconocimiento" de la CIDH a "la fortaleza institucional de Colombia" (europapress, 11/6).

Según indica El Tiempo, habría división en el Comité entre quienes están a favor de levantar el paro y negociar el Pliego de Emergencia con el Gobierno Nacional, y otros que propusieron cambiar la “forma” de seguir el paro. Los miembros del CNP, como Maltés, entrevistado por el semanario de izquierda, La Voz, justifica la falta de interés en negociar de Duque, en la caída del apoyo a las movilizaciones.

El CNP intenta cooptar a las nuevas lideranzas del movimiento. El mismo Maltés plantea ampliar la participación de jóvenes en los comités regionales y el comité nacional de paro, mediante la elección de voceros por parte de ellos para que participen en las diferentes instancias” (ídem, 10/6). Arias, otro vocero de CUT, reclamó que los comités regionales de paro lleguen a acuerdos para desbloquear las rutas. Para firmar las condiciones de Duque, procuran que sean impuestas antes del acuerdo.

Nelson Alarcón, de Fecode, sindicato de maestros, caracterizó que “esto (el paro) es para derrotar al centro democrático (Duque-Uribe)” en las elecciones de 2022 (infobae, 10 /6). Llamó a que los jóvenes que rechazan al CNP y su política conciliadora, se “integren” al CNP. “Esto es de largo aliento y entonces tenemos que cambiar la táctica”, en referencia a desmovilizar a las masas luchadoras. Gustavo Petro, el centroizquierdista que encabeza las encuestas de voto, repitió que “no comparto los bloqueos” (El País, 9/10).

Asamblea Nacional Popular

En el Colegio Claretiano en Bosa, el 6, 7 y 8 de junio se realizó la Asamblea Popular Nacional que reunió a 4.000 personas entre las variantes presencial y virtual. El lugar elegido fue singular, porque ese Colegio fue utilizado por las fuerzas represivas como centro de operaciones, con helicópteros militares incluidos.

El debate se desarrolló no sin inconvenientes técnicos y acaloradas discusiones. Se realizaron cuatro mesas temáticas en donde se discutieron una infinidad de planteos volcados a documentos sin ningún tipo solución de continuidad. Se plantearon diferencias de entrada entre el “pliego” (para negociar) y el “programa” - una división metodológica para superar el impasse de la negociación con el estado. La declaración política que salió del encuentro no recoge los debates estratégicos que se dieron en las mesas y en la plenaria.

La ANP se define como un organismo de “poder popular” capaz de desarrollar “gobiernos propios”, un “gobierno obrero, campesino, popular y de los pueblos”. Llama a convocar a una movilización nacional todos los miércoles, a la realización de asambleas populares en cada barrio, universidad y empresa. No hay denuncias a las posiciones de los partidos frente a la rebelión popular, ni aborda los planteos de cooptación de líderes juveniles al aparato del CNP. En sustancia, no logra advertir la estrategia política que une a gobierno y oposición, que es llegar indemnes a las elecciones de mediados del año que viene.

La Constituyente

En muchas mesas se escuchó el planteo de elecciones ya o de Asamblea Constituyente. Pero es, precisamente, la oposición a la convocatoria de una Constituyente lo que une a todo el arco político. Se desconoce, en América Latina, la furiosa denuncia de Álvaro Uribe y Andrés Pastrana contra el chileno Sebastián Piñera, por haber ‘capitulado’ ante la presión por una Constituyente, y abierto de ese modo una crisis que juzgan imparable. En Colombia, a diferencia de Chile, el centro izquierda no sale con un planteo constituyente, por la misma razón. Uribe y Pastrana han planteado que la crisis social debe encararse por medio de un aporte económico de los grandes capitales – una postura demagógica con vista a las elecciones, pero que pone en evidencia una oposición resuelta a afectar a las AFJP o a la educación privada, como en forma parcial ocurrió en Chile, por la presión revolucionaria del pueblo. En Colombia, la burguesía no se aviene a una ‘transición política’ – una posición que comparten derecha e izquierda, incluso el partido comunista. Esto es lo que explica el fracaso de las negociaciones. Bajo el alero del conjunto del régimen, Iván Duque ha logrado adoptar una línea de orden general, a la cual se somete la burocracia que está al frente del CNP. Una Constituyente, en estas condiciones, sólo podría ver la luz bajo un gobierno de trabajadores.

La Asamblea denunció el ‘hegemonismo’ del CNP, y hubo un llamado a que “rompa con el gobierno”, por parte de oradores de Impulso Socialista y de la Liga Internacional Socialista. Eso significaría que llame a una huelga indefinida y a la formación de consejos obreros y de consejos populares. Es lo que habría que decir de frente. Hubo coincidencias en plantear el derrocamiento del gobierno mediante una huelga política de masas. Todo esto, naturalmente, debe tomar una forma concreta de organización y de movilización.

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