La cuarta vuelta electoral en Francia

Escribe Joaquín Antúnez

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En las primeras horas tras su derrota en la segunda vuelta legislativa en Francia, el presidente Emmanuel Macron -reelecto hace apenas 8 semas atrás- ha rechazado la renuncia de su Primera Ministra, Elizabeth Borne, e inició una rueda de entrevistas con todos los partidos de la oposición, en búsqueda de un acuerdo que le permita reconstruir una mayoría en la Asamblea Nacional.

El bloque parlamentario de Macron perdió más de 100 bancas, de 344 a 244 diputados. Tres de sus ministros no lograron renovar su mandato. El presidente saliente de la Asamblea Nacional, Richard Ferrand, amigo y aliado del presidente, perdió en Bretaña. Y el jefe de la mayoría macronista, Christophe Castaner, en los Alpes de Alta Provenza. Según una regla no escrita en la política francesa, los ministros perdedores deben renunciar a sus puestos. Las renuncias de ministros y parlamentarios mide el alcance político del retroceso de Macron.

La pérdida de la mayoría parlamentaria no es poca cosa cuando la propuesta de que Ucrania ingrese en la Unión Europea necesita el acuerdo de todos los parlamentos nacionales. Luego está la ejecución del programa de gobierno, en especial el aumento de la edad jubilatoria, en un marco inflacionario creciente, en especial en cuanto a alimentos y energía residencial. Macron deberá negociar con otros bloques la designación del primer ministro.

Por otra parte, los ganadores de este turno electoral fueron el "frente de izquierdas", que encabeza el ex trotskista y ex socialista Jean Luc Mélenchon, el NUPES, que obtuvo el segundo lugar, 138 diputados; y Revolución Nacional (RN) de Marine Le Pen, que pasó de 8 a 89 diputados. En cuarto lugar quedó Republicanos (LR), con 64 diputados. Los “socialistas” y los republicanos, por primera vez en la historia, no consagraron un solo diputado en el distrito de Paris. Nuevamente la abstención electoral se consagró primera fuerza, con el 53,1%, levemente superior a la de la primera vuelta. Hubo un voto masivo contra el gobierno, desde distintos anclajes. Los resultados del domingo han colocado a Macron, por primera vez, en minoría en la Asamblea Nacional, que hasta ahora venía funcionando como una escribanía.

El triunfo de Mélenchon quedó enseguida en la nada. El propósito de convertirse en primer ministro no pasó de una bravuconada que exageró su manifiesto oportunismo. Cerradas las urnas, el Nupes se desvaneció en una serie de mini-bloques. El Frente de Izquierda pasó a mejor vida con toda velocidad. La tercera en la disputa, Renovación Nacional, quedó, por descarte, como el principal bloque opositor. Ahora deberá pasar la prueba del voto por la incorporación de Ucrania, luego de una larga trayectoria contra la UE "alemana", en defensa del "soberanismo" francés. La fascista Le Pen se apresuró a prometer un ejercicio “leal” de la oposición en el marco parlamentario. Le dio un adiós a los chalecos amarillos. Macron le replicó con una invitación a discutir la situación pos electoral en el Palacio del Eliseo.

Esta disgregación política es inédita en el sistema presidencialista francés; Macron tiene la opción constitucional de disolver el parlamento. “La idea de un referéndum crece en Francia, junto con la idea de “la unidad nacional”, anunció François Bayrou [del centrista MoDem]” (Clarín, 21/6). La Francia Insumisa “va a sugerir al presidente Macron una Asamblea Constituyente para pasar a la VI república” (ídem).

En los días previos a la segunda vuelta parlamentaria Macron llamó a no “sumar el caos francés al caos internacional”. Solamente a un ilusionista se le podía ocurrir separar una cosa de la otra. Era lo que esperaban quienes aseguran que la guerra imperialista tiene un carácter “local” y quienes se persuadieron a si mismos de que es un batalla de la democracia (ellos) contra el autoritarismo (los otros).

La fase parlamentaria de la crisis ha concluido. Es en lo que coincide la prensa de Europa y Estados Unidos.