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They Live (1988) y una reflexión sobre el funcionamiento del capitalismo

Escribe Laura Vázquez

Tiempo de lectura: 14 minutos

No se trata de lo que directamente se imagine tal o cual proletario, o incluso el proletariado entero. Se trata de lo que es y de lo que históricamente se verá obligado a hacer por ese ser. Marx, La Sagrada Familia.

El mundo cinematográfico nos ofrece muchas veces un espacio para la reflexión en torno a las problemáticas sociales de nuestro tiempo. En ocasiones esto es el propósito explícito de los directores que expresan a través de sus obras perspectivas de crítica social. No obstante, también sucede que la misma obra se autonomiza respecto de las intenciones de su creador y acaba ofreciendo un espacio para reflexiones distintas de las que originalmente habían servido de motivación en el proceso creativo. Creo que el caso de They live es representativo de esto en tanto sugiere una lectura que puede avanzar más allá de una mera crítica al consumismo y presentar en cambio, una radiografía completa del funcionamiento del capitalismo. Desde ya, esta obra cinematográfica merece ser vista sin la carga intelectual de ningún análisis previo, razón por la cual la alerta de spoilers en este artículo se ve debidamente enunciada.

El director de la película en cuestión, John Carpenter, siempre manteniendo un gusto por las películas de serie B que con sus apretados presupuestos le permiten más libertad de realización, no es un extraño al cine distópico que retrata realidades de decadencia social y conflicto (Assault on precinct 13th, Escape from New York, Escape from L.A.), aunque seguramente sea más conocido por su cine de terror (Halloween 1978, The fog 1980, The thing 1982). Carpenter ha reconocido en diversas oportunidades que They live fue ideada como una crítica al EEUU de Ronald Reagan y su “reaganomics”(reaganomía), denominación con la que se conoce el conjunto de políticas económicas que durante los ´80 promovieron la desregulación del mercado financiero norteamericano y de la iniciativa privada en general. Este retroceso del Estado y la consecuente avanzada del sector privado, nada muy novedoso para las políticas económicas clásicas del liberalismo, son lo que motivan en Carpenter una crítica del consumismo como horizonte social de la nación. Esta es llevada a la pantalla a través de una narrativa de ciencia ficción en la que unos alienígenas controlan inadvertidamente al conjunto de la sociedad, a través de mensajes subliminales presentes en la publicidad, los medios de comunicación, etc. Sobre el particular de cuál es la extensión de esta crítica, el director ha señalado que su rechazo de la idiosincrasia del reaganismo no es extensible al capitalismo como tal, por sus comentarios parecería más bien un defensor del capitalismo regulacionista. Así y todo, retomando lo señalado al comienzo, lo que a continuación se propone es una reflexión que se vale de la obra como producto autónomo de las intenciones de su realizador.

El film sigue los pasos de John Nada (Roddy Piper), un obrero de la construcción que llega a Los Ángeles en busca de trabajo luego de que la crisis económica en Denver, Colorado lo dejará desempleado. Las imágenes de la ciudad nos presentan una realidad social no muy distinta a aquella, de hecho John consigue empleo con dificultad en una obra en construcción. Allí conoce a Frank (Keith David), otro obrero, quien le ofrece que lo acompañe a un lugar donde podrá pasar la noche. Ambos se dirigen a un asentamiento precario que se encuentra en un terreno baldío donde viven otras personas que se organizan para tareas comunitarias bajo la coordinación de Gilbert (Peter Jason). Frank y John sostendrán a lo largo de esta primera parte del film distintas conversaciones que serán reveladoras de sus respectivos grados de consciencia respecto de la situación que atraviesan y en este sentido, preparatorias de la crítica social que emanará luego de los acontecimientos. De este modo nos enteramos que Frank también llego a L.A. en busca de trabajo luego de que en Detroit cerraran numerosas fábricas y que tiene en esa ciudad una mujer y dos hijos que no ve hace seis meses. Frank está enojado, dice: “Le dimos a las compañías de acero un descanso cuando lo necesitaron, ¿sabes qué se dieron ellos? Aumentos de sueldo. La regla de oro: aquel que tiene el oro hace las reglas”. Y continúa diciendo que si se cerrara otra más de esas empresas deberían destruir los autos importados de la gerencia. Este diálogo es muy interesante porque Frank plantea desde temprano la cuestión de la responsabilidad que, aunque en su caso identifica tan solo con la gerencia (que no es en definitiva más que el explotador directo e insuficiente para explicar el contexto general de crisis que se plantea en el film), tiene por otra parte el atino de reconocer que las reglas, las normas que regulan las relaciones sociales, tienen un carácter de clase (de la clase propietaria, la burguesía o la que “tiene el oro”) y la propuesta de reaccionar por fuera de ellas, aunque con una conciencia incipiente, supone la comprensión de algo más general, de que el “juego está arreglado” y que las reglas obligan a muchos a perder y permiten a pocos ganar. Igualmente interesante para el desarrollo que tendrán los acontecimientos es la respuesta de John. Él insta a su compañero a tener paciencia, cree que trabajando duro llegará su oportunidad, él “cree en América” y sigue las reglas. En este diálogo se muestra el contraste entre dos tipos de conciencia. Por un lado, la convicción de John en el orden social imperante, la creencia de que lo que es justo lo es para todos, su “creer en América” sintetiza la internalización por parte de este obrero de la ideología burguesa que promueve el trabajo duro y asegura oportunidades para todos. El estar atravesando, después de una vida de trabajo duro y honesto, la indigencia, la frontera de la propia subsistencia, no impugna en la mentalidad de John el sistema de relaciones que allí lo colocan. Por otro lado, producto de los conflictos laborales vividos y de los sacrificios realizados como trabajador, Frank sí empieza a cuestionarse el funcionamiento de ese sistema de relaciones sociales, la primera impresión que desprende de ello es la de un engaño, hay algo más allá de lo que creemos que las normas o reglas regulan, algo que impugna la supuesta justicia de esas normas. En línea con la crítica que busca expresar el director, esta visión más amplia del conflicto de intereses sociales que expresa el personaje de Frank se dirige hacia el carácter individualista de los actores sociales, pero no lo trasciende, al menos no intencionalmente.

Lo que precipita los acontecimientos en el film es el descubrimiento por parte de John de que en una pequeña iglesia que se encuentra frente al baldío se reúnen sospechosamente algunos personajes secundarios del asentamiento (entre ellos Gilbert). John investiga y descubre algo que no comprende, un laboratorio improvisado donde se hacen anteojos de sol. Cuando se lo comenta a Frank, este toma una actitud que supone un giro importante respecto del diálogo precedente. Le dice a John que no se meta, que a él no le interesa lo que estén haciendo porque ahora tiene un trabajo y va a seguir por la línea recta. Esto sucede justo luego de que Frank escuche conversaciones en el asentamiento sobre grupos de personas que roban bancos y que se rebelan contra el orden. Algunos de ellos sostienen, a través de una señal pirata de televisión, que el orden dominante busca aniquilar la conciencia. Uno de los personajes que participa de la conversación (interpretado por George Buck Flower) resume bastante bien la lógica con que la burguesía combate ideológicamente estos exabruptos sociales, “un montón de gente volviéndose loca por algún sueño loco que tuvieron”. El retroceso de Frank es interesante porque plantea la disyuntiva, tan cotidiana a tantos trabajadores, entre garantizarse la subsistencia y desarrollar una actividad contestataria. Como veremos esta idea se va a profundizar luego.

John continúa vigilando la iglesia, desde la cual ya podemos darnos cuenta están transmitiendo la señal pirata que llega a los televisores. Por la noche, la policía que presumiblemente logró rastrear la señal llega con autos, helicópteros y topadoras. Arrasa con el asentamiento, golpea a los habitantes y detiene a quienes se encontraban reunidos en la iglesia. La escena es violenta y la represión cruda. John se encuentra en el medio de toda esta situación y ayuda a evadirse de la policía a un muchacho joven. Al día siguiente regresa a la iglesia y recupera una caja con anteojos. Se interna en la ciudad, esconde la caja en un callejón, conservando un par de anteojos, y comienza a deambular por las calles. Cuando se coloca los lentes la visión pasa a blanco y negro y lo primero que ve son una serie de mensajes en los anuncios publicitarios y en las revistas. “Obedece”, “cásate y reprodúcete”, “no pensamiento independiente”, “consume”, “compra” y “mantente dormido” son algunos de los mensajes que John puede ver con los lentes, mientras que en el dinero se lee “este es tu dios”. Pero enseguida se da el giro más violento para el personaje que es cuando ve a través de los anteojos que algunas personas de apariencia normal son en realidad alienígenas. Lo que Carpenter nos muestra en estas varias escenas es que los alienígenas son los burgueses (hombres de negociosos exitosos, mujeres adineradas, etc.), mientras que los trabajadores son personas regulares. John se precipita por las calles y negocios y pierde rápidamente la cordura, comienza a confrontar a los alienígenas que enseguida dan la alarma de que puede verlos y llega la policía. Los policías son también aliens, los mata y se apodera de sus armas. Entra en un banco y empieza a disparar a los extraterrestres que están allí. Este rapto furioso que sufre el personaje invita a una reflexión sobre lo aparente y lo real. El desafío intelectual que supone el conocimiento de la realidad no se transita suavemente como la desintegración de un velo, el componente traumático que supone la desarticulación de lo aparente podría decirse trastoca la fibra más íntima del personaje que reacciona entonces de forma violenta contra esa nueva realidad. Las reglas que creía debía seguir, en cuya justicia o equidad depositaba sus expectativas, salen inmediatamente por la ventana. Me parece interesante como metáfora del capitalismo, de lo traumático, de lo indeseable de ver los rostros de la explotación en quienes creíamos eran iguales a nosotros, pero que se encuentran de hecho en el otro extremo de una relación social que supone para su misma existencia una tal diferencia. Desde ya la reacción de John es una respuesta emocional a la realidad de una invasión extraterrestre velada, no hay instinto de preservación en esos primero momentos, el tema de la respuesta intelectual a esa dominación, de cómo remover ese velo, vendrá más adelante.

John logra escapar secuestrando a Holly (Meg Foster), una mujer que se encuentra en su auto en un estacionamiento cercano. Ella lo conduce hasta su propia casa donde luego de un breve diálogo en que intenta convencerla de colocarse los anteojos, lo arrojará a él por la ventana. John vuelve a la ciudad y al día siguiente busca a Frank en la obra, le pide ayuda, pero Frank le dice que está loco, que mató a un montón de gente, que no quiere saber nada de él. John vuelve al callejón donde había escondido la caja para hacerse de otro par de lentes. Entonces aparece Frank que le da dinero y se dispone a irse, pero John está determinado a que se coloque los lentes y Frank esta igualmente determinado a no hacerlo, pero ¿por qué? Porque John está loco. Comienza entonces una larguísima y violenta pelea en la que ambos se van golpeando y derribando alternativamente. Ninguno de los dos quiere ceder, en el caso de John es comprensible, necesita compartir toda esa locura con alguien, necesita que alguien más vea lo que él ve. Pero lo más interesante es lo de Frank. Este obrero que al comienzo de la película se encuentra desesperanzado, abatido o enojado con la vida social que le toca y que sospecha que su situación no tiene nada de fortuito, que las reglas están amañadas, luego retrocede, busca reconfortarse en la seguridad de tener empleo y en la perspectiva de respetar las normas. Nada de casual, como ya señalamos, tiene en esto la lógica cultista, sectaria, demencial que se asocia a las personas que no se confortan en eso y que toman acción. La negativa de Frank a ponerse los lentes, interpreto, tiene todo que ver con eso. La metáfora aquí es la del extrañamiento que la burguesía le asigna a todo lo que resulta potencialmente disruptivo de esas “reglas” básicas que son las que sancionan, protegen y garantizan la reproducción de esas relaciones sociales de producción en el capitalismo. Aquí es donde se profundiza el retroceso previo de Frank y lo que puede leerse en él. Es el extrañamiento sancionado y reproducido por la ideología burguesa y luego internalizado por Frank lo que lo empuja a ese retroceso hacia el mundo aparente. Es sencillamente una locura, o como se suele tildar a las perspectivas de verdadera crítica social, una utopía. En este caso la paradoja de que lo más cercano a una perspectiva objetiva de la realidad sea considerada una fantasía no es tal, es deliberada y es efectiva. Frank va a pelear con John hasta quedar casi inconsciente, rechaza con toda la voluntad de su ser algo que ni siquiera conoce, a todas luces inerme, pero que ha aceptado de antemano, en contra de su propio buen juicio, como una locura. Los lugares comunes que la burguesía pregona, el rechazo a la violencia, la santidad de las normas existentes como fuente de la equidad social, la locura de quien se atreve a cuestionar dichas normas, atentan abiertamente, cotidianamente contra el desarrollo de la conciencia de la clase trabajadora, de la conciencia de la realidad que se esconde detrás de esa apariencia. Sin duda ponerse los lentes de They live es una buena metáfora de aprehender la realidad y la paliza que debe recibir Frank antes de poder hacerlo es una buena metáfora de todas las constricciones sociales que conspiran contra ello.

Esta línea de reflexión se suscita de la configuración misma de la narrativa. En el film el objetivo de los alienígenas es efectivamente aniquilar la conciencia (“no pensamiento independiente”, “no imaginación”, “no cuestiones la autoridad”) y dirigir toda actividad humana al consumo y la reproducción. Cualquier similitud con los planteos de Marx sobre la enajenación del hombre a través de la explotación en el capitalismo es realmente una coincidencia, ya que es sumamente improbable que fuera la intención de Carpenter proponerlo en esos términos. No obstante es revelador, e invita a la reflexión. Estos aliens emiten una señal que les permite introducir mensajes subliminales en propagandas y anuncios para poder así garantizar el circuito de producción-consumo que les genera la ganancia económica. Lo cierto es que más allá del elemento ficcional de la trama, cuesta pensar el film como una distopía, fundamentalmente porque la sociedad que retrata es, en su funcionamiento, la sociedad real. Es en este aspecto que la introducción del elemento ficcional funciona antes bien como metáfora del sistema de dominación capitalista y su efecto enajenante, su voluntad aniquilante de la conciencia. Otro aspecto curioso de esta misma reflexión fue suscitado por las declaraciones realizadas hace unos años por el director, que salió al cruce de ciertas lecturas de grupos neonazis que veían en el film una metáfora del monopolio que los judíos ejercían sobre los medios de comunicación norteamericanos. Más allá de todo lo que hay de cuestionable y forzado en esa lectura, me parece que erra en un aspecto fundamental de la lógica del film y del mismo funcionamiento capitalista. En el film la centralidad de los medios de comunicación está ante todo determinada por el carácter de la señal (que es la que sostiene este mundo aparencial, escondiendo los mensajes subliminales), ya que esta se emite a través del sistema de teledifusión, de lo cual deviene la importancia de controlar dicho sistema. Es fácilmente concedible que esto comporte una metáfora del rol de los medios de comunicación en la explotación, en tanto asisten a la hegemonía burguesa. Pero aun así, ese rol, es auxiliar del proceso de explotación tanto en la realidad como en la narrativa del film. ¿Qué tan necesario es moldear la opinión pública cuando las mentes están siendo “lobotomizadas” por los mensajes subliminales que los aliens implantan en el circuito de consumo? A su vez, la dominación de los aliens a través de los medios de comunicación es menos aparencial, sí controlan el medio y eso lo ocultan, pero los mensajes que transmiten por ejemplo a través de la televisión son explícitos, no son subliminales. Es en este sentido también que, quizás sin quererlo, el productor documenta la realidad. En la construcción metafórica de esta sociedad el ámbito de la producción-consumo, y sobre todo este último como espacio de realización efectiva de la ganancia capitalista, retiene todo el énfasis del sistema de dominación y lo hace en ambos sentidos, como ámbito de la explotación y también como ámbito de las formas aparenciales que la ocultan. Es de la relación social de producción de donde emana la explotación velada y no del sistema generador de consenso, importante sin duda, pero auxiliar de aquel.

Otro aspecto que resulta de particular interés en el film es el rol de los “colaboradores”. Conforme los personajes protagónicos avanzan en su conocimiento de esta realidad descubren que numerosos humanos que saben de la dominación alienígena, colaboran con los explotadores voluntariamente, a cambio de una mejora en su situación social. Uno de estos infiltrados (el mismo habitante del asentamiento interpretado por George Buck Flower) es confrontado por John y Frank al respecto, y les dice “Creí que ustedes muchachos entendían, son negocios, eso es todo”. Este personaje resume impecablemente la lógica que los invasores en el film, y los capitalistas en la realidad, promueven entre la clase trabajadora, “Pueden probar un poco de la buena vida. Es lo que todos quieren” y luego remata “Todos nos vendemos todos los días, mejor hacerlo al bando ganador”. Podríamos recuperar la idea inicial propuesta por Frank sobre la vida social como un juego donde las reglas se encuentran amañadas. En este sentido colaborar con el bando ganador implicaría antes que nada el reconocimiento del “engaño”, el conocimiento de esa realidad que se esconde tras la apariencia, metafóricamente el conocimiento de los alienígenas, de sus objetivos, del funcionamiento de su sistema, y luego la aceptación de los términos de la colaboración. Al igual que en la realidad del capitalismo, la aceptación de la colaboración supone una solución de compromiso individualista para mejorar la posición social asignada al individuo en las relaciones sociales de producción, desvinculándose así inevitablemente de la perspectiva de la clase a la que se pertenece. Esta colaboración supone entonces una acción deliberada en asistir al sistema de dominación, no ya en los términos aparentes del sistema sino en los términos reales. Como bien le señala Frank con desidia “Se lo haces a tu propia especie”. En este punto las similitudes con el accionar de las burocracias sindicales y todas las demás formas de infiltración que la burguesía encuentra para limitar el desarrollo del movimiento obrero, podemos suponer, son una coincidencia, ya que el rechazo que Carpenter busca expresar es más hacia el principio del individualismo como elección personal, que hacia el sistema social que estratégicamente lo sanciona y promueve.

John y Frank avanzarán cada vez más en su conocimiento del sistema de dominación alienígena y en su determinación de derribar la señal. En el transcurso de la película se vincularán con otras personas que luchan por organizarse para llegar a la gente y mostrarles la realidad que la señal altera, pero en el film estas tentativas fracasan frente a la vigilancia del sistema, la represión y el accionar de los infiltrados. El desenlace de la trama será fruto de la acción individual de los protagonistas. Frank pierde la vida y es finalmente John quien destruye la antena liberando al mundo del velo que encubre la dominación alienígena. Continuando con la metáfora que venimos desarrollando, es significativo que la historia no acabe con la expulsión de los aliens, sino con la destrucción de ese mundo aparente y la revelación de la realidad. ¿Qué harán los humanos con esta nueva conciencia? En este aspecto la película se redime un poco del individualismo heroico con que resuelve el conflicto, porque si bien la develación de la dominación no es producto de un accionar colectivo, este es el objetivo mismo de la develación. Como metáfora del desarrollo de la conciencia proletaria, plantea la ardua tarea de rasgar el velo tras el cual se refugia la explotación y enajenación capitalista, con su apariencia de simple y equitativo intercambio de bienes, con sus constricciones sociales a la conciencia y sus mecanismos de cooptación. Pero el “derribamiento de la señal” es solo el inicio, el inicio del largo camino colectivo de forjar unas relaciones sociales distintas, unas relaciones cuyo horizonte social no se reduzca al lucro en detrimento de todos los aspectos y complejidades de la existencia humana. Carpenter quería realizar una crítica a las políticas económicas del liberalismo, al ansia desmedida por la ganancia y a la promoción del individualismo, pero al hacerlo acabó creando una obra que le escupe el rostro a todo el sistema capitalista, porque estos aspectos son la quintaesencia de las relaciones que organizan esta sociedad y de la ideología que las protege, promueve y maquilla. Carpenter acabo creando lo que bien podría pensarse como una apología metafórica de la lucha de clases en el capitalismo.

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