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El oficialismo del PO convoca a “una Conferencia Latinoamericana”

Escribe Marcelo Ramal

Tiempo de lectura: 12 minutos

La “convocatoria a una conferencia latinoamericana de la izquierda y el movimiento obrero combativo”, difundida por el aparato oficial del Partido Obrero, adolece de un error de método. El aparato del PO convoca a partidos que son parte de un Frente, del cual él mismo participa, pero que no son parte de esta convocatoria. Antes de las últimas elecciones, sin embargo, los partidos del FIT-U redactaron un texto varias veces más extenso que el propio programa con el que se habían presentado a ella, para reclamar un apoyo internacional a sus candidaturas. Lo que pudieron hacer entonces no lo han podido repetir para la conferencia. Queda demostrado que aquel manifiesto internacional pre-electoral fue un ultimátum para emplazar a una definición a los partidos de la CRCI, a partir de la crisis y las expulsiones en el Partido Obrero. Un operativo para hacer un recuento de fuerzas, que dio al oficialismo del PO un resultado negativo, y de ningún modo un acuerdo de principios en el FIT-U, un frente que incluye al “nacionalismo popular”.

Una convocatoria conjunta a una conferencia latinoamericana, por parte del FIT U, hubiera necesitado un debate previo a una delimitación de posiciones acerca de la etapa abierta en América Latina por las rebeliones populares en Ecuador y Chile, la derrota de Macri, y la crisis política excepcional que se ha abierto en Bolivia. Habría clarificado los planteos de unos y otros, y establecido una agenda clara de acción. Una convocatoria de estas características hubiera causado un gran impacto en la izquierda latinoamericana o incluso internacional, pero hubiera mostrado también un método de principios en el desarrollo del FIT-U, que en realidad oficia como un frente de ocasión, inestable, para eventos electorales. La convocatoria, asumida en soledad por el oficialismo, nace renga. El texto presenta al FIT U como un caso único, e inclusive ‘sui generis’, de independencia política de clase a nivel mundial, lo cual es un exabrupto en una fuerza que reivindica el materialismo y el internacionalismo. En el pasado, en el PO decíamos lo contrario – decíamos que era una expresión más desarrollada, o menos, de una tendencia mundial, incluso de las propias masas. Este caso histórico excepcional en que se envuelve al FIT U, sin embargo, no ha podido parir una convocatoria común para un período de crisis políticas y rebeliones populares en América Latina. Estaría demostrando de este modo que responde a las medidas promedio del sectarismo y la auto-proclamación de la izquierda en numerosos países. Dime de qué te jactas y te diré de qué adoleces. La ausencia de una convocatoria común demuestra que el FIT U, contra la opinión del aparato, no es una expresión internacional de nada.

El tema de la unidad política del FIT U y de su unidad de acción no emerge como resultado de esta convocatoria unilateral, ni del contraste que marca con el fárrago de palabras para recoger un apoyo exterior a los candidatos en las elecciones pasadas. En el congreso del PO, en semana santa de 2016, se aceptó invitar al PTS a una conferencia latinoamericana, a partir de una solicitud de ese partido. Aunque hubo acuerdo en responder positivamente a ese pedido, mediante un texto que definiera la agenda de la conferencia y estableciera un balance de las diferencias políticas entre ambas organizaciones, el comité central electo en ese congreso no cumplió con el mandato. Un año más tarde, el ejecutivo electo por el comité central votado en el congreso de 2017, pidió un mandato, a una conferencia de emergencia, para romper eventualmente el FIT, en el caso de un desacuerdo gravoso por las candidaturas. La conferencia rechazó ese pedido casi por unanimidad, es decir con el voto del propio ejecutivo, considerando la improcedencia de una ruptura por cargos electorales. La designación del FIT como un caso excepcional de independencia política forma parte del mito, pos-verdad o relato, por supuesto que tardío, del grupo oficial. Para completar la caracterización, señalemos que el PO y la CRCI votaron, primero en 1997, luego en el Congreso de 2004, en Buenos Aires, el llamado a una refundación de la IV Internacional, a todas las fuerzas que la reivindican, con excepción del denominado Secretariado Unificado, por medio de un congreso preparado en común con propuestas de programa, sobre la base del centralismo democrático y el derecho de tendencia. Nuestra corriente, la CRCI, avanzó por este camino, y elaboró un programa para la discusión a nivel internacional. Las peripecias de una unidad política y de acción tuvieron otra manifestación en 2018, cuando la dirección del PTS llamó a formar un partido único a las fuerzas del FIT, a Zamora y el Mst, con vistas a las elecciones de 2019. El comité central del PO rechazó de plano esa posibilidad, en oposición a una minoría que planteó responder positivamente a la convocatoria, pero defendiendo una discusión política que se procesaría por medio de boletines internos, por supuesto que sin plazos ni finalidades electorales. Es típico del reflejo condicionado de un aparato hacer gala de que forma parte de un frente que no tiene paralelo en el resto del mundo, mientras rechaza cualquier iniciativa que comprometa a ese aparato con un propósito histórico de mayor alcance. Estas características constituyen límites infranqueables a la hora de buscar el éxito de una conferencia internacional.

Con estos antecedentes, el Partido Obrero convocó a conferencias internacionales sin poder compartir la iniciativa de otras organizaciones, en especial del FIT, cuya participación había sido rechazada, incluso en forma airada. En todas, hemos cuidado, sin embargo, que los documentos de la convocatoria se caracterizaran por la claridad y la delimitación política, para poder convertir a esas conferencias en sucesivos puntos de partida de iniciativas y recorridos más amplios. Ahora, la “botella al mar” arrojada por la dirección del PO para reunir una conferencia latinoamericana, desarrolla planteos políticos que se adelantan en conciliar posiciones con aquellos que son invitados. O sea que es un intento de acuerdos sin principios. Repite la tentativa de aquella “carta internacional de apoyo al FIT U”, lanzada en las vísperas de las elecciones de octubre pasado, que pretendía obtener un salvoconducto de la izquierda trotskysta del exterior (en realidad alinear a la CRCI) a la campaña electoralista del FIT U, mediante una larguísima caracterización de la ‘crisis mundial’, que no tenía vínculo con su objetivo.

La pretendida “Conferencia”, de nuevo, intenta otro blanqueo: el de un aparato que no previó el actual escenario continental, y que expulsó a los militantes y a la Tendencia formada por mil doscientos luchadores socialistas, sobre la base de esa completa imprevisión política. Contra la aún inexistente Tendencia que sostenía -¡hace un año y medio atrás!- que la burguesía había “perdido la iniciativa estratégica” en América Latina, los convocantes de la conferencia desataron una guerra civil interna que aseguraba lo contrario: una iniciativa, incluso “estratégica”, del imperialismo, acompañada de un severo ‘planchazo’ de los trabajadores.

Hasta ahora, ninguna organización del FIT U se asoció a la campaña lanzada por el aparato del PO, de modo que cualquier participación de alguna de ellas en el evento, no pasará de la diplomacia o de lo convencional, o del intento de aprovechar para discursear a la tribuna de enfrente.

El texto

Bien leída, la convocatoria que pretende “caracterizar” la situación continental, se destaca por lo contrario, o sea, por sus ambiguedades e indefiniciones. Señala por ejemplo, a “un nuevo escenario mundial, signado por la irrupción de grandes levantamientos populares”, que tendría a América Latina como “uno de los epicentros”. Otros ‘epicentros’ serían “Medio Oriente, Europa y Asia”, lo que hace perder a la palabra su significado. A su vez, dentro de América Latina, Chile sería “la expresión más álgida”, aunque todavía no un ‘epicentro’ dentro del ‘epicentro’ latinoamericano, que tampoco es el único. El lenguaje oblicuo y periodístico evita caracterizar a las cosas por su nombre, o sea, la emergencia de una etapa revolucionaria. El oficialismo del PO le ha negado un carácter revolucionario a la rebelión popular chilena, donde una acción histórica independiente de las masas, por un lado, se combina y es azuzada por una crisis del régimen pinochetista con ropaje parlamentario, por el otro. Al final, todos los ‘epicentros’ juntos no significan nada, porque se neutralizan dentro de sus limitaciones. Sin embargo, y después de pontificar sobre la “nueva etapa” y los “levantamientos”, el texto dice que “estamos en presencia de una ofensiva estratégica”… de la burguesía.

Las ‘rebeliones’ o las ‘revueltas’ son fenómenos episódicos, porque está ausente el impasse del régimen político, y está ausente el impacto que ese impasse tiene en el estallido popular. Al igual que sus colegas del PTS, los dirigentes del aparato se conforman con clasificar lo que ven y ponerle una etiqueta, sin la menor noción de dinámica y proceso. Una situación revolucionaria que no se convierte en revolución no es por eso un fenómeno inocuo; es, por el contrario, el punto de partida obligado de las clases en pugna, una para evitar que vuelva a ocurrir; la otra, para que en la ocasión siguiente no se pierdan sus posibilidades. Es con esto en la cabeza que Trotksy advertía contra “quienes sacan el paraguas en día de sol”, o sea que, en lugar de impulsar el desarrollo de la situación revolucionaria, se ocupan de quedar amparados para el caso de una victoria de la burguesía.

Para conciliar estas incongruencias, los convocantes aluden a una etapa de “volatilidad política”, de “revolución y contrarrevolución”. Es el método (sic) del eclecticismo. Una etapa revolucionaria se enlaza con una etapa contrarrevolucionaria por medio de la derrota de la revolución; sin esa derrota no hay contrarrevolución. La “primavera árabe” tuvo su “revolución”(2011) y “contrarrevolución” (2013), no las dos cosas al mismo tiempo, incluso si la contrarrevolución estuviera anidada en la revolución a partir de los compromisos de sus direcciones con el estado y la burguesía internacional. El aparato del PO es el único en el mundo que caracteriza a la etapa actual, para el caso a las anteriores, como contrarrevolucionaria. Falta todavía, nada menos, que una derrota estratégica del proletariado mundial. La dialéctica es la ciencia del movimiento, no de la ambigüedad, o sea, un recurso para caer siempre bien parado. La convocatoria reconoce que Bolsonaro, a quien el aparato presentaba hace un año como expresión de “la ofensiva del capital”, ha puesto en la congeladora a la reforma laboral y a otros planes reaccionarios. Lo atribuye solamente al “temor al contagio continental” - ¡lo cual es todo un síntoma político!, pero oculta las huelgas que tuvieron lugar en Brasil y las crisis intestinas del gobierno derechista. La Conferencia latinoamericana que realizó el PO en noviembre de 2018, caracterizó al gobierno de Bolsonaro como “la refracción política de una crisis mundial”, que se manifiesta en los regímenes autoritarios y bonapartistas que expresan, internacionalmente, la colosal desintegración del centro político, por derecha y por izquierda. En cambio, en aquella conferencia, los que hoy auguran una “nueva etapa continental” intentaron contrabandear el planteo de una “ofensiva de la derecha y del capital”. El futuro oficialismo asistió a la conferencia de 2018 para hacerle una guerra civil a quienes marcaron su impronta.

En suma, la convocatoria pretende interpretar a todas las partituras, sin asumir ninguna como propia. Es el texto de un aparato, que ha perdido el pulso de una transición histórica y que mide la realidad con la anteojera de su propia preservación. Delata a una corriente que opera en un escenario político que no ha previsto, y al cual rechaza visceralmente.

Ni Ni

Los convocantes consideran a los “levantamientos populares” como “inseparables de la bancarrota capitalista”, puesto que las masas “reaccionan contra los planes de ajuste”. Pero para explicar lo que ocurre, se quedan con la “caída en los precios de las materias primas”, una cuestión que ya está presente desde hace un lustro en el escenario continental. Las “materias primas” no explican la revolución chilena, que ha salido a enfrentar la arquitectura pinochetista que fue preservada por 40 años de gobiernos de toda laya, cualquiera fuere el precio del cobre en su momento, ni el levantamiento de Argelia y Túnez. En el medio, intervienen la desorientación política de los de arriba, la crisis política y al final la desintegración política, incluso del aparato estatal; es lo que ocurre en Irak y en Líbano. Hay una crisis política de todas las relaciones entre estados. Los “convocantes” ni se asoman al verdadero alcance, por ejemplo, de la revolución chilena, que refracta el efecto desintegrador de la crisis capitalista sobre los regímenes políticos y partidos tradicionales, de un lado, y la asimilación de las masas de las experiencias recorridas a través de la acción, del otro. Es lo que ocurre en Colombia. En Bolivia, una parte de la izquierda, las burocracias obreras y la pequeña burguesía del MAS se han alineado con un golpe que guarda muchos puntos de contacto con lo que ocurrió en 1946, cuando fue colgado el presidente Villarroel, punto de partida de la revolución de 1952.

El texto denuncia que los acuerdos con el FMI, son firmados también por los “nacionales populares y frente populistas”. Es historia antigua, ya lo había hecho Lula, como candidato, a finales de 2002, aunque luego tanto él como Kirchner lo dejaron de lado. Descubren la pólvora .“Ni unos ni los otros”, reivindica la convocatoria para sus firmantes – nosotros “independientes” (“yo, argentino”). No sorprende, entonces, que en la “ofensiva estratégica” que se anuncia, la palabra “Trump” no merezca ni una sola mención en todo el documento, siquiera para denunciar al golpe boliviano o el boicot internacional contra Venezuela Lenin nunca empleó la fórmula “ni con el zar ni con la burguesía liberal” -gracias, no fumo. La “independencia de clase” es interpretada en clave conciliadora o derechista, como abstención o de preservación política. Pero la independencia de clase significa el desarrollo de una dirección revolucionaria de la clase obrera. La consigna de la Constituyente, que es levantada en Chile y Colombia, sólo es mencionada en relación a la crisis chilena, porque no queda otro remedio, cuando puede revestir un carácter transicional hacia la revolución proletaria.

El “Ni Ni” del documento oculta, sin embargo, que los convocantes caracterizan como una corriente política fuerte a la coalición entre kirchneristas, pejotistas y filomacristas en Argentina, siguiendo en esto a otro de los partidos del FIT –el PTS. Esta pseudo caracterización oculta el gran retroceso del FIT U en la vanguardia obrera, ello, luego del progreso expresado en las luchas en 2012/15, y en la votación elevada en 2013. Ni se les ocurre que el Frente de Todos es una coalición armada a las apuradas para ocupar el vacío del macrismo, luego de dos derrotas electorales sucesivas frente a éste.

La crítica a una de las caracterizaciones históricas del PO –el peronismo como “cadáver insepulto”- acaba de ser adoptada por un grupo venezolano (Opción Obrera) que hace seguidismo al chavismo en versión Maduro, y hasta lo pone al frente de la revolución latinoamericana. Cuando la lucha nacional contra el imperialismo se confunde con el seguidismo a la dictadura de una nonata burguesía bolivariana, estamos ante una suerte de menchevismo que ha causado numerosas derrotas de las masas en los dos últimos siglos.

El epicentro no está en Argentina

En su recorrida por las realidades nacionales, la convocatoria es incapaz de abordar a la lucha de clases continental como una unidad política –por el contrario, es un desfile de compartimentos estancos. Por caso, no se señala la función que tiene el golpe boliviano contra la revolución chilena, e incluso como factor de extorsión política sobre el gobierno F F en Argentina. Por ese motivo, los convocantes, que viven en Argentina, apenas pueden dedicarle al país una mención. Argentina, sin embargo, es un epicentro de la crisis continental, simplemente porque concentra y unifica todos sus elementos: la bancarrota capitalista, expresada en la cesación de pagos, la inflación y la crisis industrial; la crisis de los partidos históricos de la burguesía, apenas disimulada por la coalición precaria o improvisada que ha relevado al macrismo; los límites de una tentativa de arbitraje nacional y continental, en medio de la presión brutal del imperialismo y de sus operaciones de intervención política y de inteligencia; finalmente, la presencia de una clase obrera y un movimiento de masas históricamente determinante, con una vanguardia en las fábricas y centros industriales de peso estratégico. Los que alertan contra las revoluciones sin partido, no ven lo que tienen delante de sus ojos: una situación explosiva, con una clase obrera largamente trabajada por la izquierda revolucionaria (centristas y democratizantes incluidos); es la clase que puso limites decisivos a la tentativa del macrismo de llevar adelante una reestructuración social antiobrera. La “convocatoria” carece de un verdadero programa y, más aún, de tareas o campañas. No traza una perspectiva, porque está convocada en el vacío de las fuerzas en presencia, y no está dirigida a nadie, sino al aparateo interno.

Encubrimiento

Finalmente, el texto de convocatoria ignora a la propia crisis de los “convocantes” –el Partido Obrero- incluso cuando ella recorrió vertebralmente las cuestiones que hoy están colocadas en la agenda de la lucha de clases continental. En suma: 1200 militantes del PO fueron expulsados por sostener el carácter potencialmente revolucionario del período abierto en América Latina, y reclamar una preparación política de las masas que ligue las reivindicaciones más apremiantes con la cuestión del poder político. El oficialismo del PO quiere una “puesta en escena continental”. Los “convocantes” no se han tomado siquiera el trabajo de citar o referirse a las conferencias latinoamericanas que el PO llevó adelante en todo este período (2009, 2016, 2018), ¡a pesar de que pretenden usurpar la continuidad histórica del Partido Obrero! Es un texto que confiesa a voz alta su desvinculación con un trabajo histórico de experiencias y elaboración.
No estamos ante un intento de debatir o arribar a compromisos de acción política con organizaciones centristas desde la claridad y la delimitación. No: la convocatoria viene precedida por la previa ruptura con el legado del Partido Obrero y la CRCI.

Que se retrotraigan las expulsiones del PO, que se reconozca plenamente a su Tendencia y, sobre esa base, que se abra una agenda de discusión sobre la crisis continental y sus tareas.