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De Clausewitz a Althusser

Escribe Franz Jakubowski

Crítica del libro “Althusser y Sacristán. Itinerarios de dos comunistas críticos”, escrito por Ariel Petruccelli y Juan Dal Maso; Ediciones IPS, Septiembre de 2020.

Tiempo de lectura: 24 minutos

¿Qué hay de nuevo, viejo?

Dos intelectuales orgánicos que militaron por décadas en partidos podridamente estalinistas (Louis Althusser en el PCF, Manuel Sacristán Luzón en el PSUC) son presentados por los autores de este libro como dos “comunistas críticos”.

El filósofo francés Louis Althusser generó, desde 1964 y hasta su muerte en octubre del ‘90, animadversión e inspiración por partes iguales. Sus textos adquirieron difusión mundial, pueden hallarse sin dificultad en los syllabus universitarios de los cinco continentes, e incluso algunos textos de divulgación escritos por sus discípulos se han vendido por cientos de miles1. Althusser no es ningún “tapado” que debiera ser rescatado de la “enorme condescendencia de la posteridad”, para tomar prestada la elegante frase de un historiador socialista británico.

En escritos ya ampliamente debatidos y refutados durante los últimos 50 años, Althusser, siguiendo al pie de la letra el guion estalinista de la dirección del Partido Comunista Francés, sostuvo que la denuncia de Khrushchev de los crímenes de Stalin en el XX Congreso del PCUS (1956) le dio al trotskismo “un argumento histórico inesperado: una justificación, un nuevo aliento y una segunda vida… Es lo que explica… el refortalecimiento de organizaciones que subsisten desde hace cuarenta años sin haber logrado ninguna victoria histórica”2.

Althusser además perpetró una amalgama digna de Andrey Vyshinsky, al sostener que el trotskismo representó sólo una crítica de derecha al estalinismo, exactamente en el mismo plano que el anti-comunismo burgués, que “se aferra y se limita a ciertos aspectos de la superestructura jurídica y, claro está, puede entonces invocar al Hombre y sus Derechos, y oponer el Hombre a la violación de sus Derechos (o los simples ‘consejos obreros’ a la ‘burocracia’)”3.

Pero increíblemente, en cambio, en este libro Dal Maso/Petruccelli dicen gratuitamente (sin aportar ninguna cita) que “en distintas ocasiones, Althusser… manifestó respeto e incluso cierto interés por Trotsky” lo cual es totalmente falso4.

Conscientes del riesgo de spoilear el final, diremos no obstante que estas posturas recalcitrantes de Althusser, todas archi-conocidas desde hace casi 50 años pero convenientemente omitidas en este libro, no impedirán que Dal Maso y Petruccelli lo celebren como un comunista crítico por “los innumerables aportes a la reflexión teórica… con aciertos y errores… [que] muestran que su potencia crítica podía ir más lejos”5.

Hasta ahora, por este contrabando estalinista, no ha habido polémica o debate en ninguna de las diversas publicaciones del PTS. En cambio, sí pudo leerse a Chipi Castillo a fines de diciembre haciendo PNT del libro en Twitter con una foto y un simple “Recomendado!”6. Nos imaginamos la sorpresa de Fredy Lizarrague, de la Comisión Internacional del PTS, que publicó recientemente un artículo llamado “Los dislates que genera romper con la dialéctica materialista” cuando lea este libro elogioso sobre Althusser, quien se propuso DINAMITAR la dialéctica materialista para reemplazarla por el estructuralismo primero, y por el clinamen de inspiración postmoderna después.

El filósofo español Manuel Sacristán, en cambio, es virtualmente desconocido en Argentina. Uno se atrevería a decir que estamos ante un 2x1 de la promoción política, del tipo “rehabilite a Althusser, y llévese a Sacristán de regalo”.

Después de años de coqueteo platónico del PTS con von Clausewitz, la pasión se desplazó primero hacia Gramsci y ahora parece estar rumbo al dernier cri de la moda intelectual parisina, aunque lamentablemente con 56 años de atraso.

Cinema Verité

Quien haya tenido la ocasión de leer la autobiografía de Althusser7 seguramente habrá notado esa rara habilidad para “escribir con especial desembarazo de cosas de las que no sabe nada”8, que terminó causándole reiterados ataques de pánico, ante el temor de ser descubierto como un “impostor” dado que admitía no conocer casi nada de la historia de la filosofía y casi nada del Marx maduro, salvo apenas una muy tardía lectura del Libro I de El Capital .

Dicen los autores del libro que Althusser “vivió los últimos años de la etapa más estalinista de su partido”9 pero no, esto es inexacto y más bien suena al oído como una forma oblicua de romantizar la trayectoria de Althusser en el PCF, un partido que muy tempranamente (cuando Althusser era sólo un niño!!) se modeló bajo la bolchevización de Zinoviev, siendo que ”durante el año 1924, la lucha por la homogeneización iba a realizarse en dos fases: primero, contra varios funcionarios que critican la línea oficial, y sin que la cuestión rusa sea muy explícita; y con el terreno así preparado, luego activando una vasta campaña contra el trotskismo”10.

Luego en los años ’30 tras el fracaso de la línea clase-contra-clase, asume la dirección Maurice Thorez y el partido es el segundo PC en integrar un Frente Popular, actuando como rompe-huelgas durante la oleada de ocupaciones de fábricas en Mayo/Junio del ’36.11 En los años ’40 el PCF calumniaba a destajo con el mote infame “hitléro-trotskysme “y tampoco tenía dramas en liquidar físicamente a sus oponentes, fueran internos (había que eliminar a testigos incómodos de los peores secretos de la vigencia del pacto Hitler-Stalin, con un PC que buscaba integrarse al régimen colaboracionista del mariscal Pétain12) o no (por ejemplo, el líder trotskista italiano Pietro Tresso, asesinado por los maquis estalinistas13).

Y luego en los ’50 el PCF sostuvo una política de “defensa de los intereses nacionales franceses” con el estallido de la lucha armada independentista en Argelia14.

Es decir, ya el PCF acarreaba un largo historial de trapisondas políticas hasta llegar a jugar su rol nefasto durante el Mayo del ’68, 15 en los que Althusser no jugó ningún rol (ausente con aviso, enfermo) ni tampoco pudo haberlo jugado. Por el contrario, fue objeto de la ironía sarcástica del activismo estudiantil que pintaba en las paredes “A quoi sert Althusser?” (para qué sirve Althusser?) y “Althusser-á-rien” (Althusser-para-nada).

En resumen, contrario a lo que sostienen los autores de este libro, Althusser no “vivió los últimos años de la etapa más estalinista de su partido” sino que las direcciones de Waldeck Rochet (1964-72) y Georges Marchais (1972-94) fueron apenas la etapa de su irresistible decadencia.

Práctica teórica

Fervorosos gramscianos, Dal Maso & Petruccelli citan aprobatoriamente un párrafo del revolucionario sardo para quien “la verdadera filosofía de un hombre político debe buscarse en sus textos políticos, antes que en sus generalizaciones filosóficas”16 pero páginas más adelante señalan en tono comprensivo que “cabe destacar que tanto Althusser como Sacristán fueron pensadores cuyo fuerte no fue el de los problemas estratégicos. Especialmente, porque no se dedicaron a reflexionar de manera sistemática sobre ellos en sus trabajos teóricos”17.

Francamente no entendemos la gracia de un filósofo “comunista” que no aplica sus recursos y herramientas conceptuales precisamente para abordar los problemas estratégicos. ¿Cuál es entonces el valor de la teoría “pura” de Althusser? Mencionemos aquí brevemente sólo algunos tópicos althusserianos porque realmente existe una copiosa bibliografía (a favor y en contra) y, además, porque las sucesivas autocríticas, revisiones y ‘pedidos de disculpas’ (que terminaron provocando una legión de apóstatas entre sus discípulos y followers: Ranciére, Poulantzas, Hirst, Hindess, Eagleton, etc.) hacen complicada, e inútilmente extensa, la tarea de seguir todas las torsiones y ramificaciones de sus argumentos:

• la dialéctica: según Althusser, Marx no explica adecuadamente la especificidad de su interpretación de la dialéctica en contraste con la de Hegel (las metáforas de “puesta al revés” o “núcleo racional oculto bajo una envoltura mística” no dan realmente cuenta de la diferencia).

• la ruptura epistemológica: o sea, a partir de qué momento Marx se convierte en ‘marxista’? El objetivo de Althusser era relegar como residuo hegeliano toda obra anterior a 1845, mientras que desde ahí (“La ideología alemana”, “Miseria de la filosofía”, Grundrisse, etc.) hasta El Capital de 1867 todo estaría aun parcialmente contaminado de hegelianismo

• la práctica teórica: Althusser flasheaba un Marx rodeado de probetas, microscopios y rayos X, mientras procuraba el método para toda ciencia -y no únicamente para la Economía Política. Así para Althusser existe una práctica teórica, que a través del trabajo con Generalidades I, II y III, generaría el conocimiento científico. Todo esto ocurre únicamente en el plano del pensamiento. Un mal paso en la dirección errónea18.

• la trampa del empirismo: para evitarla, Althusser proponía una distinción tajante entre el objeto “real” y el objeto del “conocimiento”. Sigue al Marx de los Grundrisse, que sostenía que el método consiste en elevarse de lo abstracto a lo concreto. Y que lo concreto es lo concreto porque es la síntesis de múltiples determinaciones. Pero el resultado en Althusser es el inverso (queremos suponer) al deseado: falta de anclaje en la lucha de clases, fiebre teoricista e inflación discursiva. Un mal paso, pero en la dirección correcta.

• la economía, determinante “en última instancia”: toda formación económico-social debía ser entendida a través de tres instancias (la económica, la jurídico-política la ideológica) donde lo “económico” era visto únicamente como la contradicción Capital versus Trabajo en su estado de pureza absoluta (una suerte de Godot, que no llega nunca) y por ello es determinante sólo “en última instancia”. No lo sabe, pero lo hace: introducción en el marxismo del Caballo de Troya de la indeterminación postmoderna.

• ley del desarrollo desigual19: Althusser pontifica que toda interpretación que remite los fenómenos de desigualdad interna a la desigualdad externa (por ejemplo: Rusia 1917, como el eslabón más débil de la cadena imperialista) cae en el mecanicismo, o en la teoría de la acción recíproca entre “lo de afuera y lo de adentro”. Good bye, Lenin!!20

• la diferencia entre Marx y la economía política clásica21: siendo que Althusser rechazaba cualquier distinción entre “ciencia burguesa” y “ciencia proletaria”, el filósofo se enfocaba en la definición de Economía Política ofrecida por el Diccionario Filosófico de André Lalande, y aquí también buscará un corte epistemológico como si Marx fuera no más que un sabio filosófico que, leyendo a Adam Smith y David Ricardo, y en virtud de su propio genio, terminó descubriendo la plusvalía y formuló la ley del valor.22

• la Historia y el historicismo: Althusser afirmaba que para Marx el capitalismo era un resultado histórico que no se explicaba por su génesis sino por su estructura actual (que, como toda estructura, solo existe en sus efectos) para luego sentenciar que el marxismo “no era un historicismo”, que en la anfibología althusseriana significa que una estructura no puede ser reducida a su historia. Según la definición de Althusser el mote de “historicista” le cabía a un amplio espectro que iba de Gramsci, a Lukács y Korsch. Las definiciones de “sincronía” y “diacronía” se estiraban como chicle hasta llegar a tener efectos sobre los “objetos reales” y los “objetos del pensamiento”. Un eco del ataque de Lévi-Strauss a la historia (y a Sartre) en el capítulo final de El Pensamiento Salvaje.

• los Aparatos Ideológicos de Estado (AIE): para Althusser la ideología tiene existencia material, está monopolizada por la clase dominante y es segregada por los AIE (la escuela, en primerísimo plano), que tienen la función de interpelar y constituir a los individuos en “sujetos”. No hay prácticas si no “en” y ”por” la ideología, que se ocuparía de reproducir las relaciones de producción. Pero esto es un sinsentido: las clases sociales (el lugar ocupado en la producción social) se reproducen básicamente por la “oscura compulsión al plusvalor” (dicho sencillo: lo que gano como obrero apenas me alcanza para vivir una quincena, y no tengo ninguna chance de convertirme mañana ni la semana próxima en banquero o empresario) y no por la ideología. Para que la situación que Althusser planteaba como fait accompli (que la ideología reproduce las relaciones de producción bajo el capitalismo) tendría que suceder -y no puede suceder- que el salario cubriese infinitamente mucho más que la mera reproducción de la fuerza de trabajo. Y además no hay razón por la que siempre tengamos que aceptar la identificación que la sociedad (burguesía o Estado) hace de nosotros como un tipo específico de sujeto particular.23

• materialismo aleatorio: siempre un viejo prestidigitador con las palabras, el Althusser tardío prometía “pensar la necesidad como el devenir-necesario del encuentro de los contingentes”24, pero al final terminó en cambio teorizando el clinamen (la pura contingencia creadora del universo, dios oculto detrás de la teorización de que todo puede convertirse en determinante “en última instancia”)

También lamentablemente está ausente en este libro de Dal Maso & Petruccelli cualquier tipo de balance global de la “escuela Althusseriana“ y su descomposición final. Mencionemos sólo los ejemplos de Ernesto Laclau y Nicos Poulantzas. En Inglaterra, a fines de los ’60, Laclau cambió a Jorge Abelardo Ramos por Althusser, y en su libro “Política e ideología en la teoría marxista” sostuvo que las clases sociales constituyen una contradicción dominante al nivel del “modo de producción” pero que, como tales, no tienen ninguna forma de existencia necesaria en los niveles ideológicos y políticos, donde ya en cambio rige la contradicción entre Pueblo versus Bloque en el Poder. Allí Laclau teorizaba no solamente la fusión ideológica entre populismo y socialismo25 (“con Perón al socialismo” tal como aseguraba la Juventud Peronista) sino también entre el nacionalismo imperialista alemán y el socialismo (o sea, la ‘línea Schlageter‘ perpetuada).

Otro que teorizaba desde el althusserismo y postulaba la primacía de la contradicción entre Pueblo /Bloque en el Poder era el ya citado Poulantzas, que durante la Revolución Portuguesa de 1974/75 propuso evitar todo “desmantelamiento, ruptura o desarticulación” del aparato de Estado, situación que podría amenazar al proceso de “democratización” (o sea, una consigna redondamente funcional tanto al bonapartista “fracasado” Vasco Gonçalves como al bonapartista exitoso Ramalho Eanes)26.

Apocalypse Mao

A partir del cisma de 1961 en el llamado “movimiento comunista internacional” entre las burocracias de Khrushchev en la URSS y Mao en China, Althusser siempre se consideró a sí mismo como un maoísta convencido, pero con un miedo paralizante de enfrentarse a la dirección del PCF, que se alineó incondicionalmente con Moscú.

Por eso no es casualidad que Althusser alabara al maoísmo diciendo que “la única ‘critica’ histórica (de izquierda) de lo esencial de la ‘desviación estaliniana’ que podemos encontrar y que, por añadidura, sea también contemporánea de la misma desviación… una crítica concreta, en los hechos, en la lucha, la línea, las prácticas, sus principios y sus formas: la crítica silenciosa, pero en actos, realizada por la Revolución china en los combates políticos e ideológicos de su historia, de la Larga Marcha a la Revolución cultural y sus resultados. Crítica de lejos. Crítica "entre bastidores”. Que debe mirarse de cerca, que debe descifrarse. También crítica contradictoria -aunque fuera sólo por la desproporción entre los actos y los textos”27.

Durante esos mismo años, la dirección maoísta del Partido Comunista Indonesio (PKI) tuvo una política de colaboración de clases y seguidismo al gobierno nacionalista de Sukarno28 y terminó, en octubre de 1965, supuestamente involucrado en una aventura militar de “oficiales progresistas” que terminó en un baño de sangre para el PKI, víctima del fascista General Suharto y de su propio inmovilismo. Aproximadamente un millón de comunistas indonesios fueron masacrados, sin resistencia alguna. Comparativamente hablando, hasta la cobarde capitulación sin lucha del KPD alemán ante Hitler tuvo menos víctimas a corto plazo. Pero la dura derrota en Indonesia no conmovió la fe maoísta de Althusser, que poco tiempo después celebró la Revolución Cultural china sosteniendo que “la exterioridad política del partido en relación con el estado es un principio fundamental que puede encontrarse en los pocos escritos de Marx y Lenin al respecto. Arrancar el Partido al Estado para entregarlo a las masas fue el intento desesperado de Mao en la revolución cultural”29 lo cual, por el contrario, era una total mistificación por parte de Althusser.

Lo que en verdad ocurrió fue que el liderazgo de Mao, muy cuestionado desde el fracaso del “Gran Salto Adelante”, lanzó a la juventud obrera-estudiantil organizada en los Guardias Rojos contra las facciones rivales en el PC chino y luego en 1967, tras la (completamente inesperada por Mao !!) formación de la Comuna Popular de Shanghai y los incidentes de Wuhan, movilizó al Ejército Popular de Liberación para que reprimiese a esos mismos Guardias Rojos30.

También el supuesto “internacionalismo” maoísta siempre estuvo mediado por la realpolitik, con poco para envidiar a los “revisionistas” de Moscú. En 1971 en Sri Lanka hubo una insurrección popular (seguramente apresurada, y también mal pertrechada) pero aun así liderada por la organización guevarista JVP, ante la cual su histórico dirigente Chou En-Lai se alineó totalmente con la represión estatal liderada por la Primera Ministro Bandaranaike, que había logrado unir en su gobierno de Frente Popular al estalinismo local y al Lanka Sama Samaja Party (LSSP) que ya había roto en los hechos, hacía menos de una década, con el trotskismo organizado.

Apenas unos meses después del apoyo maoísta a la represión en Sri Lanka, se produce la muerte de Lin Piao (el N° 2 en la jerarquía del estado chino) en un confuso incidente en el desierto de Mongolia, cuando su avión se desploma, según la versión oficial de los hechos “desertando hacia la URSS tras fracasar su putsch militar contra Mao”.

Es sabido que siempre detrás de un maoísta convencido hay apenas un estalinista con saudade, para usar la expresión brasilera. En un libro de Althusser casi totalmente omitido por Dal Maso y Petruccelli, el francés sostuvo orgulloso que ”Stalin no puede ser reducido a la desviación que nosotros vinculamos a su nombre. Tuvo otros méritos ante la historia. Comprendió que era necesario renunciar al milagro inminente de la ’revolución mundial’ y emprender la ’construcción del socialismo’ en un solo país”31. Mamita querida!! Repetimos, en el libro de Dal Maso/Petruccelli no hay exposición ni discusión de todo esto.

Es que para el maoísmo idealizado por Althusser, el papel histórico del estalinismo podía reducirse a una mera cuestión de porcentajes: “Stalin 70% de aciertos y 30% de errores. Gran dirigente del proletariado mundial” y chau picho.

Como dice aquel viejo refrán “hasta un reloj roto tiene razón 2 veces al día”, y entonces estaba en lo cierto Althusser al hacer notar que el concepto de “culto a la personalidad” usado por Khrushchev en el famoso XX Congreso del PCUS era un concepto inhallable en el marxismo. Pero para la GPU/NKVD primero venían los objetivos policiales y/o políticos (en ese momento “deshacerse” de Stalin pero simultáneamente conservar el poder burocrático) y luego se encontraban, o se inventaban, los “conceptos” teóricos.

Pero si el concepto de “culto a la personalidad” no podía explicar nada en términos no ya marxistas, sino meramente materialistas, cuál fue la conceptualización alternativa postulada por Althusser?

Para el filósofo francés la ideología burguesa está constituida por el dúo economicismo/humanismo, el cual, una vez contrabandeado dentro del marxismo, apenas cambia sus formas aunque ciertamente deba cambiar de vocabulario.

Y sencillamente así habría surgido en los años ’30 la desviación estaliniana sobre la cual Althusser explicaba “guardando bien todas las proporciones… pero más allá de los fenómenos más visibles, que son, a pesar de su extremada gravedad, históricamente secundarios… la desviación estaliniana puede ser considerada… una forma de la revancha póstuma de la II Internacional, como un resurgimiento de su tendencia principal [que] era en el fondo, como sabemos, economicista”32.

La fórmula althusseriana para entender el estalinismo era una ecuación = metafísica (“revancha póstuma”) + teoricismo (la misma naturaleza de la “desviación”) + idealismo (el dúo economicismo/humanismo como verdadero generador de hechos históricos, sin interrogar las fuerzas materiales actuando detrás de esas ideas).

Tenía razón el mandelista Daniel Bensaïd cuando decía que la explicación althusseriana borraba de un plumazo 30 años de historia del movimiento obrero33.

Para el lector que aún permanezca impávido, simplemente repetimos: sobre todo esto tampoco hay ninguna exposición o discusión en el libro de Dal Maso/Petruccelli.

En los años ’70 el maoísmo se devaluó rápidamente, y eso seguramente tuvo un impacto devastador en el ánimo político de Althusser: después de la entrevista Nixon-Mao identificó al “social-imperialismo ruso” como el enemigo principal, y allí donde sus fuerzas lo hicieran posible (Portugal, Angola, Argentina, Chile, etc.) eso dio lugar a políticas que excedían el sectarismo hacia otras corrientes de izquierda para convertirse en simple colaboración contra-revolucionaria. Mencionemos solamente el pacto FNLA/ Mobutu (y éste como interface con el Pentágono) contra el MPLA en Angola, el apoyo total a Isabelita/López Rega contra el supuesto golpismo pro-ruso; la confluencia del MRPP y AOC con la Iglesia Católica y los fascistas del MDLP en el saqueo y quema de locales partidarios de la izquierda en el norte de Portugal en 1975, y las relaciones diplomáticas con el régimen de Pinochet. En 1976 la muerte de Mao trajo casi inmediatamente la defenestración de la denominada “Banda de los Cuatro”, y un nuevo giro a la derecha con el regreso de Deng Xiaoping a las altas esferas del poder, luego de ser rehabilitado en 1973 por gracia de su ‘protector’ Chou En-Lai.

Last but not least, el régimen del Khmer Rouge en Camboya: si Althusser tenía problemas para caracterizar a la URSS bajo Stalin, menos aún iba a poder comprender la naturaleza del régimen de Pol Pot en 1975/79 (y el apoyo dado por Mao y el gobierno de Pekin) que fue derribado tras la invasión de Vietnam a Camboya, lo que generó la “represalia” militar de China contra Vietnam.

“Game over” entonces para un Althusser que, acaso no por absoluta coincidencia, por entonces pedirá a su amigo Jean Guitton “mi universo de pensamiento ha sido abolido, rece por mí” y a partir de allí las desilusiones políticas se retroalimentan con su propia psicosis maniaco depresiva.

En este libro, Dal Maso/Petruccelli comentan que Althusser “abandonó el PCF a raíz de su debacle personal [cuando asesinó a su esposa Héléne Rytmann]. No rompió públicamente… había comenzado a prestar atención a otras formas de organización obrera y popular… en marzo de 1980”34.

Pero en realidad parece que en 1980 Althusser tenía en mente otras “organizaciones” (y vaya qué AIE !!) porque, según narra su antiguo profesor Jean Guitton (filósofo católico francés) en sus propias Memorias, por ese entonces Althusser se encontraba “en un profunda crisis impregnada de elementos religiosos….Así fue como Althusser se entrevistó primero con el Cardenal Garrone en Roma, y se hubiera entrevistado también con Juan Pablo II de no mediar la horrible tragedia del asesinato”35. Para el lector que nos indague: sí, tampoco acerca del recado de Althusser para el Papa Wojtyla (“sea Usted el hombre que franqueó las barreras últimas, pues es Usted el único que en este momento tiene una autoridad moral sobre la humanidad”36) no hay nada en este libro de Dal Maso/Petruccelli.

“Marxistas occidentales” eran los de antes

El Althusser ahora mentado, con 30 años post-mortem, como el escritor de furibundas polémicas contra el CC el PCF, contra el padre del estructuralismo (Lévi-Strauss), contra Georges Marchais, etc., sin embargo, en vida en este mundo, decidió siempre e indefectiblemente dejar inéditas sus críticas más punzantes. Visiblemente atentos a las “novedades” de la aparentemente inagotable cantera althusseriana, Dal Maso/Petruccelli reivindican al filósofo francés cuando este se pronunciaba sobre cuestiones políticas, al punto de querer acotar solamente a su trayectoria de los años ’60 el mote de “marxista occidental”37, o sea más proclive a las cuestiones de estética o de método (en compañía de Lukács, Adorno, Benjamin, Della Volpe, Lefebvre, etc) . En una de esas intervenciones (jamás publicada en vida, claro está), Althusser en su libro “Las vacas negras - entrevista imaginaria (el malestar del XXII Congreso)” dedica muchísimas páginas a defender encendidamente el derecho de tendencia en el PCF, reivindicando la política histórica del Partido Bolchevique bajo Lenin. Parece que Althusser tenía finalmente algo para decir en 1976.

En cambio Dal Maso/Petruccelli, quienes reivindican la “experiencia del Frente de Izquierda y de los Trabajadores desde 2011” callan totalmente, en su libro datado “Septiembre de 2020”, sobre las 1.200 expulsiones sumarias ejecutadas en 2019, como represalia por el reclamo de ese mismo “derecho de tendencia”, por la actual dirección del Partido Obrero, integrante del mismo Frente de Izquierda y los Trabajadores en el cual militan Dal Maso y Petruccelli.

Pero qué contraste más absoluto con la política del Partido Obrero en 1988, ante la crisis interna y las expulsiones en el viejo MAS, que provocaron precisamente el surgimiento del PTS38!!

Crisis del mao-stalinismo = crisis del marxismo

Cuando en noviembre de 1977 Althusser participa en Venecia del coloquio llamado “Poder y oposición en las sociedades postrevolucionarias” organizado por la revista italiana Il Manifesto estamos ya ante un militante en honda crisis. En ese coloquio se mostrará desmoralizado por “la extrema dificultad…y tal vez, en el estado actual de nuestros conocimientos teóricos, la casi imposibilidad de dar una explicación marxista de verdad satisfactoria de una historia que, sin embargo, se ha hecho en nombre del marxismo”39. Lo mínimo que se puede decir es que Althusser, apenas unos años después de caracterizar torpemente al estalinismo como mera “desviación” (y “revancha póstuma” de la II Internacional, además) pretendía ahora poner en cuestión a todo el marxismo. Un tipo jodido este Althusser, no?

“Hay algo patético [en] la conferencia pronunciada por Lenin sobre el Estado, el 11 de julio de 1919, en la universidad Sverdlovsk. Lenin insiste: es un problema muy intrincado, muy difícil, muy embarullado por los ideólogos burgueses .. Veinte veces Lenin insiste: el Estado es un aparato especial, una máquina especial … Lo patético de Lenin y de Gramsci es intentar superar la definición negativa clásica, pero como tanteando y sin llegar de verdad”40.

Pobre Althusser, no entendía nada por fuera del formalismo estructuralista. No había nada de “patético” en el esfuerzo de Lenin por entender, no el “concepto” general de Estado, si no las batallas políticas por venir, deducibles a partir del carácter concreto del Estado soviético en cada etapa del periodo transicional: estado obrero, estado obrero deformado, estado burgués sin burguesía, y un largo etcétera.

Peor aún, Althusser creía detectar claramente dos “lagunas”, dos “puntos débiles” de la teoría marxista:

  1. “no existe verdaderamente una ‘teoría marxista’ del Estado… lo que se encuentra en nuestros autores es, bajo las formas de relación del Estado con la lucha de clases y la dominación de clase… una advertencia repetida de apartarse de las concepciones burguesas del Estado: por lo tanto una demarcación y una definición esencialmente negativas”41
  2. “no encontramos una verdadera teoría de las organizaciones de la lucha de clases, y antes que nada del partido político y del sindicalismo… ningún análisis que permita comprender de verdad su funcionamiento efectivo, es decir, las condiciones y las variaciones de ese funcionamiento, y en un límite, las formas de su posible disfuncionamiento”42

La constatación fáctica de que “el Estado burgués no deja de intentar integrar, a menudo con éxito, las organizaciones de lucha de la clase obrera a su propio funcionamiento”43 es transformado por Althusser en, y no podía ser de otra manera, un problema teórico. Es que para un Althusser desmoralizado, simultáneamente “la ideología no tiene historia” pero el fetichismo de la mercancía sería un torpe resabio humanista del joven Marx, mientras que el Estado Burgués cooptaría organizaciones políticas y sindicales por vías misteriosamente insondables.

Althusser se preguntará cándidamente “¿cómo modificar la idea que el Partido Comunista se hace tradicionalmente de sí mismo, tanto como ‘partido de la clase obrera’ o ‘partido dirigente’ … cómo modificar pues su ideología para que en la práctica, la existencia de otros partidos, de otros movimientos, sea reconocida?”44. Por un lado, ya fue dicho hace mucho que el “partido único” de la clase obrera no era más que una ficción policiaca. Y por otro lado, también se advirtió que la burocracia en cuanto tal no podía “modificar su idea”, y la de su regeneración parcial (la expectativa de Isaac Deutscher, entre otros) era una perspectiva política liquidacionista. Por eso el pronóstico fundamental de la IV Internacional.

Althusser, hasta su muerte en octubre de 1990, pudo ver la caída del Muro de Berlín, el violento giro restauracionista en la ex-Europa del Este, y la disolución del Partido Comunista Italiano (el más grande di tutti quanti en Occidente).

Pero lamentablemente no sabemos cómo interpretó Althusser todo ese proceso político. Hace décadas que esperamos el segundo volumen de su biografía, escrita por Yann Moulier Boutang, con la expectativa de encontrar una respuesta.

Pero volvamos atrás, a Noviembre de 1978, cuando durante un intercambio con otros intelectuales afines al estalinismo italiano (PCI) y también organizado por Il Manifesto, Althusser alzó más reparos contra la teoría marxista, que estaría “limitada al análisis del modo de producción capitalista y de su tendencia contradictoria que abre la posibilidad de pasar a la abolición del capitalismo y de su sustitución por un otro”45 y que “tampoco a propósito de la sociedad capitalista y el movimiento obrero la teoría marxista dice casi nada acerca del Estado, ni sobre la ideología y las ideologías, ni sobre la política, ni sobre las organizaciones de la lucha de clases (estructuras, funcionamientos) … límites teóricos con los cuales ha tropezado Marx, como si hubiese sido paralizado por la representación burguesa del estado, de la política, etc.”46 Esta brutal ignorancia desmoralizada también le perteneció a Althusser (el real, no el “objeto de conocimiento” de Dal Maso y Petruccelli), y un verdadero balance político está ausente en este libro aquí recensionado.

Y luego Althusser, pretendiendo colmar él mismo (!!) lo que serían los silencios del marxismo, nos dirá que “el partido debe estar fuera del estado, no sólo en el estado burgués sino, con mayor razón, en el estado proletario. El partido debe ser el instrumento número uno de la ‘destrucción’ del estado burgués, antes de convertirse … en uno de los instrumentos del agotamiento del estado. Sin esta autonomía del partido (y no de la política) con respecto al estado no saldremos jamás del estado burgués, por más ‘reformado’ que sea éste”47. Advirtiéndonos, finalmente, que “la trampa número uno es el estado: ya bajo las formas políticas de la colaboración de clases o de la gestión de la ‘legalidad’ existente”48. Althusser, acostumbrado sólo a auditorios compuestos por estalinistas y reformistas, pudo haber creído en la novedad y/o eficacia de esas palabras.

Y ahora qué?

Con la publicación de este libro tanto el PTS como el Instituto del Pensamiento Socialista Karl Marx se han auto-infligido un golazo en contra. Porque han publicado poco menos que una eulogia de Althusser, un personaje que comenzó por intentar “fabricarle” una filosofía imaginaria a Marx; luego sostuvo que toda la teoría del valor de Marx estaba errada y debía ser abandonada49 y finalmente terminó abjurando del materialismo dialéctico (culpabilizando no solamente a Stalin, sino también a Engels, y degradándolo a una “impostura y monstruosidad” filosófica)50.

Quien sabe, quizás las nuevas publicaciones del IPS nos traigan novísimas celebraciones de post-marxistas como Ernesto Laclau, o quizás hasta rumiaciones anti-marxistas de Von Mises. Después de esta apología althusseriana por parte de Dal Maso/Petruccelli acaso todo pudiera ser posible.

  1. El caso más emblemático fue el de Marta Harnecker, “Los conceptos elementales del materialismo histórico”; Siglo XXI Editores, varias ediciones
  2. Louis Althusser, “Para una crítica de la práctica teórica. Respuesta a John Lewis”; Siglo XXI Editores; pág. 91, 1974
  3. Ibídem; pág.90
  4. J. Dal Maso & A. Petruccelli, “Althusser y Sacristán. Itinerarios de dos comunistas críticos”; pág. 279; Ediciones IPS, 2020
  5. Ibídem, pág. 279
  6. https://twitter.com/chipicastillo/status/1341418193722740742
  7. Léase de Louis Althusser; “El porvenir es largo”; Ediciones Destino, 1992
  8. La famosa invectiva de Milciades Peña contra Jorge Abelardo Ramos en los años ’60 calza acá perfectamente
  9. J. Dal Maso & A. Petruccelli, op.cit.; pág. 27210.
  10. Véase el muy interesante libro de Jederman (pseudónimo), “La ‘bolchevisation’ du parti communiste français”; pág. 66; François Maspero; 1971
  11. Es recomendable el breve artículo de Tom Kemp, “Trotskyist and left-wing critics of the Popular Front” incluido en la compilación hecha de M. Alexander y H. Graham “The French and Spanish Popular Fronts - Comparative Perspectives “; pág. 104 a 115; Cambridge University Press, 1989
  12. J-P. Azema; A. Prost; J-P. Rioux, “Le Parti communiste français de années sombres 1938-1941”; Éditions du Seuil, 1986
  13. Pierre Broué & Raymond Vacheron, “Meurtres au maquis”;Grasset, 1997
  14. Véase el libro de Daniéle Joly, “The French Communist Party and the Algerian War“; Palgrave Macmillan, 1991
  15. La bibliografía sobre este punto es extensa, pero véase recientemente el libro de Henri-Christian Giraud, “L’Accord secret de Baden-Baden. Comment de Gaulle et les Soviétiques ont mis fin á mai 1968“; Éditions du Rocher, 2018
  16. J. Dal Maso & A. Petruccelli, op.cit.; pág. 269
  17. J. Dal Maso & A. Petruccelli, op.cit.; pág. 275
  18. La más pasional de las críticas le corresponderá por siempre a E.P. Thompson, “Miseria de la teoría”; págs.14 a 29; Editorial Crítica, 1981
  19. Aquí Althusser es simplemente tributario de la teorización de Stalin/Bujarin durante el VI Congreso de la Comintern. Para una crítica detallada, véase obviamente el libro de León Trotski “La Internacional Comunista después de Lenin “
  20. Y también habría que decir “chau” a la intensión de Dal Maso/Petruccelli de asociar mínimamente a Althusser (!!) y su contradicción sobredeterminada con la conceptualización en Trotsky de la “ley del desarrollo desigual y combinado” como efectivamente hacen los autores en las página 22 de este libro aquí recensionado.
  21. Breve y bueno, dos veces bueno: véase el corto capítulo “Acerca del método de la economía marxista” incluido en el libro de Roman Rosdolsky, “Génesis y estructura en El Capital de Marx “; pág. 614 a 625; Siglo XXI Editores, 1978
  22. Véase la observación de Pierre Fougeyrollas en, “Contre Lévi-Strauss, Lacan, Althusser”; pág.137; Savelli, 1976
  23. Véase el análisis de Terry Eagleton en, “Ideología - Una introducción”; pág. 187; Ediciones Paidós Ibérica, 1997
  24. Louis Althusser, “Filosofía y Marxismo - entrevista por Fernando Navarro”; pág. 32; Siglo XXI Editores, 1988
  25. Que recordemos, la primera crítica en Argentina del Laclau altusseriano fue la de Pablo Rieznik (a.k.a. Aníbal Romero) en su artículo “Populismo y Marxismo”; revista Internacionalismo N° 4; enero-abril 1982; pág. 64 a 68
  26. Léase el análisis de Ellen Meiksins Wood en su libro “¿Una política sin clases? El post-marxismo y su legado”; pág. 108; Ediciones ryr, 2013
  27. Louis Althusser, “Para una crítica de la práctica teórica”; pág. 102; Siglo XXI Editores, 1974
  28. Rex Mortimer, “Indonesian Communism Under Sukarno - Ideology and Politics”; Cornell University Press, 1974
  29. Louis Althusser, “El marxismo como teoría finita”; en el libro “Discutir el Estado”; pág. 17; Folios Ediciones, 1983
  30. E. Perry & Li Xun, “Proletarian Power – Shanghai in the Cultural Revolution”; Westview Press, 1997
  31. L. Althusser, “Para una crítica de la práctica teórica”; op.cit.; pág. 100
  32. Ibídem; pág. 98 a 99
  33. Daniel Bensaïd, “Les intellectuelles du PCF dos au stalinisme”; periódico Rouge; N° 216; 10/08/1973
  34. J. Dal Maso & A. Petruccelli, op.cit.; pág. 117
  35. Para leer la repercusión periodística de las Memorias escritas por Jean Guitton, véase por ejemplo Diario El País, España, 24/09/1988, hallable en https://elpais.com/diario/1988/09/24/cultura/591055204_850215.html
  36. Léase el breve extracto intitulado “Mi amigo Althusser” de Jean Guitton, publicado en “La Ciudad Futura – revista de cultura socialista”; Número 13-14; Noviembre 1988-Enero 1989, pág.25
  37. J. Dal Maso & A. Petruccelli, op.cit.; pág. 128
  38. Jorge Altamira; “La estrategia de la izquierda en la Argentina”; pág. 134 a 146; Ediciones Rumbos, 1991
  39. Léase su atribulada intervención en: Louis Althusser “¡Por fin la crisis de marxismo!” incluido en el libro “Poder y oposición en las sociedades postrevolucionarias”; pág. 221; Editorial Laia, 1980
  40. Ibídem; pág. 229
  41. Ibídem; pág. 228 a 229
  42. Ibídem; pág. 229
  43. Ibídem; pág. 230
  44. Ibídem; pág. 230
  45. Louis Althusser, “El marxismo como teoría finita”; incluido en el libro colectivo “Discutir el Estado”; pág. 11; Folios Ediciones, 1983
  46. Ibídem; pág. 13
  47. Ibídem; pág. 17
  48. Ibídem; pág. 17
  49. Véase el artículo de Perry Anderson, “An afternoon with Althusser - Summer 1977” incluido en New Left Review 113; Sept/Oct 2018; pág. 65
  50. Louis Althusser, “Filosofía y Marxismo ”; op.cit.; págs. 21 a 22
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