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Legalización de las drogas, un debate necesario en la izquierda

Escribe Dicla

Tiempo de lectura: 9 minutos

A raíz del debate reabierto sobre la legalización de las drogas, el PTS se posiciona con Berni a favor de una salida banal a la problemática y alejada de cualquier planteo revolucionario en la nota "¿Porque es urgente legalizar las drogas?", publicada en La Izquierda Diario. El gobierno está estudiando un proyecto de despenalización y regulación del consumo de cannabis.

El proyecto del gobierno

Mientras Sergio Berni se posiciona por la legalización de las drogas blandas y duras, Sabina Frederic (ministra de seguridad de la nación) elabora un proyecto de ley con el "acuerdo por la regulación legal del Cannabis". Este organismo nuclea organizaciones sociales y de derechos humanos argentinas que trabajan contra la violencia institucional referida al consumo de drogas. Acordaron un proyecto que contemple un sistema de producción y distribución de Cannabis para satisfacer la demanda existente, solamente para los mayores de 18 años. A su vez, las políticas públicas deben estar dirigidas a el control de la calidad. Se protege la venta de particulares y pequeños grupos y clubes de autocultivo.

Sobre estas premisas se sustenta el proyecto. Si bien se permite cierta venta privada, todavía no se deja en claro si el modelo será más parecido al de Estados Unidos y Canadá, donde el mercado es privado con regulación estatal en el control de calidad, o se asemejara al uruguayo, que le otorga al estado el monopolio de la producción y distribución. Tampoco se aclaran por el momento las condiciones de acceso y si habrá límites de cantidad en la venta y tenencia de esta sustancia. A diferencia de la postura de Berni, Frederic sostiene que su intención es transitar una experiencia con la despenalización y regulación de las drogas blandas, para luego ver los resultados y analizar si hace falta avanzar en la legalización de las drogas duras.

La divergencia entre Frederic y Berni no es casual. Forma parte de la primer gran grieta dentro del frente de todos en torno a la "seguridad". Berni, al frente de la cartera de seguridad del gobierno bonaerense de Kicillof, declaró a CFK como su "Jefa Política" y representa el ala más dura y represiva dentro de la coalición. Él le atribuye a Frederic una "ideología garantista" en materia judicial propia del Zafaronismo. Frederic responde a Alberto Fernández y se muestra como el ala dentro de la coalición que pregona por la "seguridad democrática".

El visto bueno del gobierno para avanzar en el tema de la legalización es otro síntoma de la bancarrota argentina. La legalización de negocios internacionales gigantes como la prostitución y la venta de drogas suelen ser recursos de los estados burgueses para afrontar la crisis económica. En España, el INE (instituto nacional de estadística) realizó un cálculo estimativo sobre el PBI de dicho país en 2010. El cálculo proyectó un crecimiento de la riqueza nacional de entre 1,5% y 3% si la venta de drogas y la prostitución fueran legales en el territorio.

A pesar del carácter impagable de la deuda Argentina, el gobierno pone en su agenda la legalización de las drogas en otro de los tantos intentos por mostrar señales de "reactivación económica" al FMI y los acreedores privados. Lo que se busca con este tipo de pantallas es revertir la situación extremadamente adversa en la que se encuentra la renegociación de la deuda. El fracaso de la reciente misión de Kicillof en Estados Unidos, en la cual el fondo de inversión Fidelity bloqueo la propuesta de reperfilar la deuda provincial, obligando al gobierno bonaerense a pagar sin quita y sin prórroga de plazos, muestra a las claras que maniobras como estas no pueden contribuir en lo más mínimo en sacar a la Argentina del default.

Las drogas y el capitalismo

Si bien el uso medicinal y recreativo de las drogas psicoactivas data desde la edad antigua, es con el surgimiento del capitalismo cuando su uso adquiere una tercer fase ligada al abuso y la dependencia. La revolución industrial y el desarrollo exponencial de la medicina y la farmacéutica están enteramente ligadas a este proceso. Ya en el siglo XIX, los obreros de los países capitalistas europeos más avanzados se veían sometidos a jornadas extensas de trabajo y el auge del mercado del Opio, en ese entonces dominado por Inglaterra, generaba que el acceso a los derivados de esta sustancia fuera de fácil acceso. La proletarización del campesinado en el marco de la sobreexplotación y su concentración en aglomerados urbanos fueron un caldo de cultivo para las adicciones.

Esta nueva fase en el consumo de drogas tiene una relación directa con el modo de producción capitalista. La alteración de las relaciones sociales y el vínculo entre el hombre y la naturaleza, la apropiación de la riqueza producida por una clase dominada por parte de una clase dominante y la existencia de un ejército de reserva de individuos que ni siquiera tienen el derecho a ser explotados, genera distorsiones agudas en ambas clases sociales. El capitalismo potencia enfermedades psíquicas propias de este sistema como la esquizofrenia, la obsesión y las fobias. La drogadicción se enmarca dentro de ellas.

La drogadependencia no solo está relacionada a la sustancia y la personalidad del adicto. Las cuestiones temporales, sociales y culturales tienen tanto peso como los factores anteriores. El entorno familiar y social, la realidad laboral y las condiciones de vida de la persona son claves en este proceso. El adicto es alguien que no tiene la capacidad de elegir su condición. Es alguien que se ha visto forzado a organizar su vida dentro y a través de la dependencia. La drogadicción es la pérdida de autonomía y libertad del individuo respecto a la sustancia y la subordinación de todos los aspectos de la vida humana a ella. Es una de las expresiones más radicalizadas de la alienación en la sociedad capitalista.

Es en este punto donde la fantasía liberal que propagan los defensores de la legalización de todas las drogas choca con la realidad. Considerar a esta una reivindicación progresiva para los oprimidos es no considerar al régimen capitalista como una fábrica de drogadictos. ¿Bajo qué tipo de análisis de carácter Marxista se puede llegar a la conclusión que en el marco de un sistema de explotación social, la clase obrera es una clase libre con capacidad plena de autodeterminar su consumo de drogas?

Militar por esta postura es ser funcional al lobby empresarial que pretende montar un negocio sobre la base de una degradación "regulada" de la juventud. Jamás los socialistas pueden avalar una industria de estas características, ya sea desarrollada en forma privada (Norteamérica y diversos países de Europa) o estatal (Uruguay).

Los socialistas han combatido el consumo de drogas a lo largo de la historia. Trotsky en "Problemas de la vida cotidiana", editado en 1923, planteaba el problema del tabaquismo y alcoholismo en la Rusia soviética. Pero este combate nunca ha sido encarado desde el prohibicionismo, sino a través del debate político con los trabajadores.

La lucha por la despenalización del consumo adquiere un carácter crucial en defensa de las libertades democráticas. La criminalización del consumo es un ataque por parte del mismo estado responsable de la miseria y la descomposición social que deriva en consumos abusivos y adicciones. La salida punitivista tuvo como máximas expresiones la ley seca impulsada entre 1920 y 1933 en Estados Unidos que prohibía el consumo de alcohol y la "guerra contra las drogas" impulsada en 1971 por el presidente Norteamericano Richard Nixon. Este conjunto de medidas reforzó el aparato represivo del estado. Como consecuencia el 22% de la población carcelaria de la época estaba relacionada al consumo o venta particular minoritaria de drogas. La criminalización del consumo es otra herramienta persecutoria y de amedrentamiento de las fuerzas represivas que están íntimamente entrelazadas con el gran delito y el narcotráfico.

El PTS y su "Urgencia" por legalizar las drogas

En la nota "¿Porque es urgente legalizar las drogas?" Publicada en La Izquierda diario, el PTS no realiza ni el menor esfuerzo posible en aportar una salida revolucionaria al consumo de drogas. No solo es una defensa del planteo de Berni de legalizar todo tipo de drogas (ya sean blandas o duras), sino que llama a la juventud a movilizarse para que Frederic y Berni "pasen de las promesas a los hechos". La nota solo se conforma con exigir una política sanitaria para la atención de los consumidores en riesgo.

Uno de los ejes de la argumentación del partido de Nicolás Del Caño y Myriam Bregman se construye sobre la cuestión del narcotráfico. Acá nos encontramos ante una gran concesión al estado burgués. Sostener que una ley de legalización es una medida de combate contra el narcotráfico es obviar dos cosas: El profundo entrelazamiento entre el aparato represivo del estado con el narcotráfico y el funcionamiento del mismo como industria ilegal en el mercado para evadir impuestos. La legalización funciona como una salida para un sector de la burguesía imperialista que prefiere blanquear sus negocios.

El carácter pequeño burgués del planteo está a la vista. Mientras que las drogas de diseño se venden en locales o farmacias a la calle para un sector minoritario de la sociedad más pudiente, en las villas miseria y barrios precarios sigue operando el narcomenudeo de forma ilegal, vendiendo los desechos de la producción. El narcotráfico es un tejido de relaciones sociales de explotación que se da en plena connivencia con los estados nacionales. Jamás se puede abordar el combate contra él sin plantear la lucha por el desmantelamiento del aparato represivo.

Luego de la tragedia de Time Warp en 2016, el PTS presentó un proyecto de legalización en la cámara de diputados. No tienen en cuenta que las condiciones que llevaron a esta masacre se replican en diversos países de Europa bajo el manto de la legalidad. Aquí se trató de un negociado entre el empresario Adrián Conci, la industria farmacéutica y el gobierno de Larreta. En las fiestas electrónicas europeas todo este entramado se replica a la vista del público, con grandes stands de venta de drogas mortales. El carácter "regulado" de las drogas no le impide a este sector de la burguesía hacer negociados sobre la destrucción de la juventud. El enfoque del PTS al abordar la cuestión de las drogas y las tragedias no sorprende. En la nota de opinión "la ética del rugbier y el espíritu del capitalismo" publicada en LID, Octavio Crivaro asocia el asesinato reciente a Fernando Báez Sosa en Villa Gesell únicamente a los valores de clase de los asesinos minimizando los efectos del consumo de alcohol.

El PTS alza la bandera de la legalización de todas las drogas como un derecho de libertad democrática. La deformación del método con el que proceden los coloca a la retaguardia de la lucha contra la criminalización del consumo. Un partido revolucionario al intervenir en un movimiento de masas tiene la tarea de destrabar las contradicciones actuales de las masas y postular una superación. El PTS, por el contrario, toma los elementos más atrasados de la conciencia de las masas y hace de ellos toda una reivindicación de lucha.

Al levantar el consumo de drogas como derecho humano básico de libertad, subyace un supuesto de que el individuo se puede desprender de sus condiciones materiales y ejercer una libertad abstracta y plena. ¡Falso! Un sistema de explotación se desarrolla sobre la base de condicionar la voluntad y la capacidad de acción de los explotados. El consumo de drogas es uno de los elementos de coacción del sistema. La clase obrera jamás podrá hacer un uso libre y autodeterminado de estas sustancias sino es en el marco de su emancipación.

Una salida revolucionaria

Basta de represión y amedrentamiento a la juventud. Despenalización del consumo, tenencia y autocultivo. No al lobby empresarial y el desarrollo de la industria farmacéutica de drogas dañinas para la salud.

El narcotráfico se vale de la existencia de un ejército de reserva sobre el cual recluta su mano de obra. Explota por un lado la incapacidad del capitalismo de garantizar pleno empleo y por el otro la necesidad de la burguesía de mantener a un sector de clase obrera en el desempleo o la precarización absoluta para aumentar su tasa de explotación disminuyendo el salario promedio de los trabajadores. El salario mínimo igual a la canasta básica familiar, el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados sin afectar el salario y el fin de la precariedad laboral son medidas esenciales para terminar con la miseria social en la que estas mafias operan.

El estado es el organizador del gran delito relacionado al narco. Las bandas delictivas actúan en los barrios con la complicidad de la policía responsable de las zonas liberadas. Desmantelamiento del aparato represivo.

La burguesía narco que opera en la ilegalidad fuga sus capitales a paraísos fiscales con la complicidad de los puertos fronterizos. Nacionalización de la banca y el comercio exterior bajo control obrero.

Los partidos que se consideren de izquierda y revolucionarios deben combatir fuertemente el consumo de drogas entre los trabajadores, no desde el prohibicionismo ni la hipocresía desmedida, sino desde el debate político. La clase obrera en su lucha por un gobierno propio tiene la tarea de terminar con el consumo abusivo y dependiente de drogas, removiendo sus causas propias de la estructura capitalista.