Devoto: escala el conflicto en las cárceles

Escribe Juan de Pilar

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El viernes 24 se produjo un motín en la única cárcel de la ciudad de Buenos Aires, Devoto, para exigir acciones urgentes y concretas frente a la pandemia del Covid-19.

Esto ocurrió, en primer lugar, como consecuencia de la falta de respuesta a los reclamos de los presos, que ya llevan más de un mes en el contexto de la crisis sanitaria, en el cuadro de hacinamiento que viven desde hace años. En la protesta también se reclamó por el asesinato de dos detenidos, Federico Rey y José Candia, -uno en la unidad N° 23 de Florencio Varela y otro en la Unidad N° 1 de Corrientes-, producto de sangrientas represiones dentro de los penales durante esta semana.

La situación que se vivió en Devoto es parte de una cadena de levantamientos y protestas que se vienen llevando adelante hace más de un mes en el marco de la crisis sanitaria. Los primeros reclamos exigían elementos de protección e higiene, protocolos para el personal del servicio penitenciario y solución al problema principal, que es el hacinamiento por la alarmante superpoblación de las cárceles. Ante la falta de respuestas y con los primeros contagios entre los guardias. y tras confirmarse el primer contagió de un recluso, en el penal de Varela, se organizó una masiva huelga de hambre en varias unidades del país sumando a las exigencias: hisopados para todos, elementos y medios para comunicarse con sus familiares y que se concreten las prisiones domiciliarias a los pacientes de riesgo, a los que se suman los detenidos con condenas cumplidas a la espera de que se les autorice la salida.

“No queremos morir presos”

La toma de pabellones y motines se sucedieron en La Plata, Corrientes, Florencio Varela y Devoto. Hasta ahora, el saldo es de al menos dos reclusos asesinados por balas de plomo por parte del Servicio Penitenciario y la policía, y decenas de heridos en las violentas represiones. También detuvieron a familiares que se acercaban a la puerta de las cárceles a repudiar la represión. La preocupación para las autoridades no es menor: la gran población carcelaria se está organizando detrás un pliego de reivindicaciones en común, unificando las acciones de visibilización del conflicto, con consignas y reclamos. La crisis en el ministerio de Justicia llevo a la remoción de la cúpula del penal de Varela y a más de un centenar de sumarios al personal penitenciario de ese penal, aunque aún sin detenidos por las muertes de Federico y José.

Acuerdos y promesas

Buscando una tregua, las autoridades se apresuraron en redactar un precario acuerdo que expresa un puñado de promesas repetidas. Como novedad, se estableció una mesa de diálogo con los internos. El acuerdo fue firmado dentro del penal de Devoto mientras la policía detenía familiares en la puerta de los penales y reprimía a los presos.

En esa mesa de diálogo, los representantes de los detenidos dejaron claro que este es un problema general que excede los muros de la cárcel de Devoto. Los resultados de las negociaciones fueron la conformación de un grupo de trabajo interdisciplinario compuesto por las partes presentes en la reunión, a excepción de los magistrados, que atienda la situación judicial y administrativa de la población carcelaria con el fin de lograr la liberación o prisión domiciliaria a los presos mayores de 60 años, afecciones crónicas de riego ante el Covid-19, mujeres embarazadas o con hijos, beneficiarios de libertad condicional o asistida, en proceso de salidas transitorias, condenas menores a 3 años, extranjeros con trámites de expulsión y detenidos preventivamente sin condena hace más de 2 años.

Este último ítem es la conquista más significativa, ya que puso en el debate la situación de miles de personas encarceladas durante años sin condenas firmes. Las autoridades se comprometieron a tomar medidas excepcionales contra el hacinamiento y brindar mayores elementos de higiene.

El sistema carcelario es una cruda expresión del régimen actual. La combinación del aumento de la pobreza, el vaciamiento de la educación pública, las zonas liberadas al narcotráfico y el aumento de los aparatos represivos y la persecución dan como resultado cárceles abarrotadas de presos por delitos menores como robos simples y los últimos eslabones de las redes de narcotráfico. En su inmensa mayoría pertenecen a los sectores más pobres de la sociedad.

Cárcel a los responsables materiales y políticos de los presos asesinados.

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