El Congreso Nacional, de una cuarentena a otra

Escribe Mariano Hermida

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Entre barbijos y alcohol en gel, luego de chicanas de un lado y del otro, se realizó la reunión de labor parlamentaria en donde el oficialismo y los jefes de bloques de la oposición avanzaron en un acuerdo para que el Congreso vuelva a funcionar, a partir de la semana que viene. La metodología acordada sería mixta: los jefes de bloque estarán presentes en el recinto y el resto de los diputados lo hará de forma virtual.

Queda por definirse la elaboración de un protocolo que establezca en qué condiciones se van a desarrollar las sesiones. Si bien oficialistas y opositores consensuaron que necesitarían aprobar por dos tercios la modificación del reglamento de la Cámara para implementar esta forma de funcionamiento, la oposición quiere ponerle un límite de tiempo a la posibilidad de sesionar de este modo. Sergio Massa señalo que la resolución debería renovarse cada 30 días para evitar “que la situación extraordinaria no se transforme en un hábito”.

El acuerdo, sin embargo, ha dejado heridos en JpC. Previo a la reunión, alrededor de unos 80 legisladores del bloque macrista llegaban desde sus provincias, en lo que denominaron “la travesía por la democracia”, para insistir en hacer una reunión con la presencia de los 257 diputados. Pero otro grupo de 15 diputados, que responden a Emilio Monzó y los radicales del bloque porteño de Evolución, salió a diferenciarse públicamente del ala “dura”, y acompañaron con su firma el pedido de una sesión remota para el jueves 30 de abril. El diario La Nación (28/4) ventiló la reacción del sector de Negri: “Que nos corran con la unidad y jueguen para el enemigo según les convenga no es aceptable. O adentro o afuera, no vamos a llorar por diez diputados ". Esta interna en la oposición ha llevado a que queden suspendidas, por el momento, las reuniones de la mesa chica del espacio macrista.

Los que en nombre del republicanismo reclaman que “funcionen las instituciones” y han caracterizado que en el gobierno se “enamoran del estado de excepción” (Negri en Perfil 23-4), pretenden llevar al Congreso una agenda anti obrera, como es el levantamiento de la cuarentena para los negocios, con la precaución de encerrar a los mayores y a quienes tienen problemas serios de salud. Han adelantado que se opondrán al impuesto, envuelto en prolongado misterio, ‘a los ricos’, pero darán conformidad a los DNU que han eximido a las patronales de los aportes jubilatorios. Es lo que viabilizaría la Comisión Bicameral de Trámite Legislativo, encargado de legalizar los DNU. La Convención Constituyente de 1994, harto elogiada por el ‘progresismo’, ha colocado al parlamento en el asiento de atrás del gobierno por decreto de necesidad, un poder del Ejecutivo. El ‘estado de excepción’ se viene practicando desde más de un cuarto de siglo.

Mientras tanto, repetimos, sigue sin aparecer el famoso proyecto de ley para “gravar a los ricos”, impulsado por los K y según Infobae (28/4) “No se sabe aún si estará incluido” en la agenda parlamentaria cuando se reactiven las sesiones. Este impuesto ‘in pectore’ se ha convertido en pieza de litigio en la negociación de la deuda externa, por una razón tan evidente como oculta – los ‘ricos’ tiene su ‘riqueza’ en títulos de la deuda pública.

La pelea por el funcionamiento del Congreso no tiene nada que ver con los principios democráticos, porque el parlamento se ha convertido estructuralmente en una escribanía – se pronuncia cuando los hechos han sido consumados. Es lo que ocurre cuando vota el Presupuesto, donde figuran los intereses de la deuda en cuya contratación o renegociación no interviene, o en los acuerdos con el FMI, y nunca discute ni vota nada que tenga que ver con el Banco Central. Es el escenario que sirve para esconder lo que se decide en trastienda. Los parlamentos surgieron para arrebata el poder al Ejecutivo o inclusive ejercer el gobierno en forma directa, lo que ocurre ahora es lo contario – se prestan a funcionar como fachada de un poder que no tienen intención y medios de controlar.

El gobierno actual es ejercido por una cooperativa de ejecutivos, que va desde el binomio presidencial a los intendentes pasando por los gobernadores, tanto oficialistas como opositores. La fracción que quiere romper esta cooperativa, una minoría del macrismo y la mayoría de la UCR y el grupo de Carrió, quiere un Congreso presencial para dar mayor resonancia a sus críticas. En el medio juegan los Lousteau, Graciela Caamaño y el ex peronista y ex macrista Monzó. El parlamentarismo ‘a full’ es reclamado por los lobbistas de los fondos internacionales de deuda y de la gran industria y comercio. El oficialismo prefiere que lo haga a medio motor, como ocurre, por otra parte, en otros países donde la división política patronal es acentuada – Francia, España, Italia.

Una expresión de estos conflictos, muy publicitada, pero por poco esclarecida, tuvo lugar cuando AF ofreció un tiempo y un espacio de salida en el marco de la cuarentena. Días antes Rodríguez Larreta meneaba lo contrario: reanudar actividades económicas y encerrar a los viejos con cuatro cadenas para que no murieran con la disolución de la cuarentena. Los viejos eran la bola del juego para zanjar la disputa acerca de ‘reabrir’ la economía. Tanto el intendente de la Ciudad como el Presidente tuvieron que recular sin disimulo, porque la expansión de la pandemia no daban lugar ni a una ni a otra alternativa. Continuar la cuarentena en las condiciones establecidas ha llegado a un punto de choque que también la convierte en inviable. El impasse político no podría ser más claro – los macaneos sobre el funcionamiento del Congreso son una pantalla de aquellas contradicciones y conflictos. La cuestión de la crisis política se va a resolver en otro terreno y con la participación de todas las clases sociales en una lucha abierta.

En definitiva, la reanudación de las sesiones del Congreso de manera presencial, mixta o como fuera, no sacará de este impasse político a la clase gobernante. Mostrará sin atenuantes la incapacidad del parlamento y de todas las instituciones capitalistas para ofrecer una salida a los problemas acuciantes de los trabajadores. Nosotros, el Partido Obrero (T) estamos sin atenuantes por un funcionamiento presencial, pero advirtiendo los intereses capitalistas y golpistas que se escudan detrás de un reclamo parecido. Como demócratas, pero especialmente como revolucionarios y socialistas, ‘preferimos’ los choques abiertos entre las clases, a los sigilosos, atenuados o manipulados. Pero se trata, de conjunto, de una cuestión secundaria – lo fundamental es que la clase obrera profundice la lucha que está librando, para plantarse como fuerza política independiente de todas las bandas patronales. El Congreso no va a parir nada bueno, ni cabe esperar nada de una acción legislativa – podría convertirse en foro golpista, como ha ocurrido en Brasil, Honduras, Paraguay. Esto con una bancarrota económica generalizada y una negociación de deuda para la que los Fernández piden el apoyo del FMI, Merkel, Macron y Sánchez, y el Club de Paris. Todos estos abren la canilla de los subsidios para rescatar capitales, no trabajadores.

Las asambleas y reclamos que proliferan entre los trabajadores de la salud, la ocupación obrera en Bed Time, el paro de los trabajadores de la carne, de los repartidores y el rechazo de las bases de los gremios a aceptar suspensiones con rebajas salariales, marcan como la clase obrera va abriendo un camino propio. Vamos con todo.

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