Gaza: la muerte de niños por hambre, arma privilegiada del sionismo

Escribe Olga Cristóbal

Mientras los niños palestinos mueren concretamente de inanición, sus verdugos discuten el futuro de una Gaza arrasada.

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El Ministerio de Sanidad de Gaza y la ONG Save the Children han informado este miércoles las primeras muertes de niños por desnutrición en el norte de la Franja, donde la agencia de la ONU para los refugiados (UNRWA) lleva desde el 23 de enero sin poder distribuir alimentos a causa de la ofensiva militar israelí.

Este castigo criminal, de proporciones bíblicas, es mucho peor que la Nakba de 1948, en opinión del historiador israelí Ilan Pape, que debió abandonar el país en 2008 por sus críticas al sionismo.

La semana pasada Naciones Unidas alertó que medio millón de personas han entrado en la fase “catastrófica” de la inanición y corren riesgo de morir, “sobre todo en el norte, donde la falta de harina está llevando a algunas familias a preparar el pan de pita con el pienso molido que daban a los animales”. Hasta el 65 % de los terneros y el 70 % del ganado vacuno han muerto.

"Casi 1.000 camiones con 15.000 toneladas de comida están en Egipto listos para moverse" -informa la ONU-, pero las fuerzas israelíes bloquean "sistemáticamente" el acceso a Gaza” (LN 28/2).

Antes de la guerra, prácticamente no había desnutrición infantil. Ahora, un 3 % perecerá si no reciben ayuda urgente. En Gaza solo funcionan cinco de los 35 hospitales y un 70 % de los niños padece diarrea. Uno de cada seis niños sufre desnutrición del tipo más letal.

Los sionistas bombardearon depósitos de comida, molinos y panaderías hasta reducir a 15 el centenar que había. Por el paso de Rafah entra menos de un centenar de camiones; antes de la invasión entraban 500, cuando también existían granjas e industrias. En las últimas semanas, fanáticos derechistas tratan de interceptarlos. Israel bombardea a los agentes que acompañan a los camiones y una multitud desesperada por la hambruna asaltó varias veces los pocos que llegan. Ocho relatores de la ONU acusaron el 16 de febrero a Israel de “destruir el sistema de alimentos de Gaza y usar la comida como arma contra la población palestina”.

En octubre, poco después del inicio de los bombardeos, el ministro israelí de Defensa, Yoav Gallant, anunció un “cerco completo” a Gaza de comida, agua, electricidad y combustible. “Combatimos a animales humanos, así que nos comportaremos como tales”, señaló. Ha cumplido su palabra a la vista del planeta entero, con la complicidad activa del imperialismo, de Estados Unidos y Europa.

Las negociaciones

Al mismo tiempo, según confirmaron fuentes palestinas a la agencia Efe, Hamás estudia el último borrador para una tregua, que duraría unos 42 días, coincidiendo con el mes del Ramadán, mes sagrado para los musulmanes. Las operaciones militares cesarían y todos los rehenes israelíes serían liberados a cambio de un número específico de rehenes palestinos, en una proporción de 10 presos por 1 rehén.

Sin embargo, el representante de Hamás en Líbano, Osama Hamdan, reiteró que, "a menos que se detenga la hambruna en Gaza y se ponga fin a la agresión", no habrá tregua, y señaló como cómplice de la guerra al gobierno de Biden: “lo que Israel y Estados Unidos no pudieron imponer sobre el terreno no será logrado a través de maquinaciones políticas, pese a todas las presiones”, advirtió.

Hamás ha reclamado el regreso de los desplazados al norte así como “una cláusula clara” que incluya un cese total de las hostilidades tras una primera tregua temporal, que son los principales obstáculos para alcanzar un acuerdo con Israel (EP 28/2).

Biden es un entusiasta de una tregua durante el ramadán, que empieza el 10 de marzo, “posiblemente para prevenir una explosión de ira en todo el Medio Oriente que amenazaría la coalición de guerra contra Irán reunida por Estados Unidos” (wsw 27/2).

El día después del genocidio

Mientras niños famélicos ya no pueden sostenerse en pie, el imperialismo, Israel y la Autoridad Nacional Palestina (ANP) discuten “el día después”. Para allanar el camino, el lunes 26 renunció todo el gobierno de la ANP ante el repudiado y corrupto presidente Mahmud Abás, un peón del sionismo y jefe de la policía que reprime a los palestinos de la Cisjordania.

El primer ministro de la ANP, Mohamed Shtayeh explicó que la renuncia se produce por el ataque “feroz” a Gaza “y la escalada sin precedentes en Cisjordania, incluida la ciudad de Jerusalén este». La renuncia llega cuando toma temperatura la discusión del plan de posguerra para la Franja de Gaza, más la incógnita sobre quién asumirá el control civil del territorio gazatí.

Shtayeh tiene su propuesta: “Tenemos una necesidad urgente de un consenso interpalestino, con base nacional, amplia participación, unidad de filas y la extensión de la autoridad de la ANP en toda la tierra de Palestina”, afirmó. (Infobae 23/12).

El gobierno de Joe Biden y sus cómplices europeos están bastante de acuerdo y sectores de la ANP han mostrado su beneplácito en que los bombardeos sionistas les permitan regresar a Gaza, de donde fueron expulsados en 2005.

Todos coinciden en que el retiro de Abás es inevitable. A cambio, “podría recibir inmunidad vitalicia para que no se le procese, al igual que su familia y sus colaboradores más cercanos” (ídem).

Tal vez el líder más potable para sustituir a Abas sea el “moderado” Marwan Barghouti, de 64 años, acusado de varios asesinatos y preso en las mazmorras israelíes desde hace 22 años. Hamás pidió este mes su liberación, a cambio de rehenes israelíes, como parte de una propuesta de acuerdo de alto el fuego en Gaza.

Israel lo vetó y trasladó a Bargouthi a una celda de aislamiento fuera de la prisión de Ofer. Barghouti “es una figura capaz de aglutinar a las diferentes familias políticas palestinas. Es de Fatah, es un político, pero también un guerrillero, y sobre todo, es un líder popular forjado en la calle, en la brega de las intifadas, al que Hamás respeta” (El País 27/2).

A su vez, Netanhayu difundió su brutal plan de posguerra. En el plazo más inmediato propone algo que no parece estar logrando: “hacer desaparecer a Hamás y la Yihad Islámica a nivel político y militar, traer de vuelta a los rehenes y eliminar toda amenaza que pueda llegar desde la Franja” (El País).

Según sus planes, dicen Times of Israel y Hareetz, en el futuro las fuerzas armadas israelíes deberían tener "el control total de la seguridad" de Gaza y operar con "libertad ilimitada", como ocurre ahora mismo en Cisjordania ocupada.

Los sionistas controlarían también la nueva carretera que divide la Franja de Gaza en norte y sur, para impedir que los refugiados palestinos que huyeron al sur regresen al norte.

Según Haaretz, se establecería una zona de "amortiguación" entre Gaza e Israel, a la que no podrá ingresar ningún civil. Esto reduciría la ya exigua superficie habitable en la Franja. Israel, además, quiere cerrar definitivamente el paso de Rafah en la frontera entre Gaza y Egipto.

Netanhayu descarta explícitamente la opción de “los dos estados” (El País 25/2) y reserva para Israel el poder de veto ante cualquier iniciativa internacional en ese sentido, a la vez que plantea estrechar la ocupación de Cisjordania y Jerusalén Este.

Por otra parte, el Estado sionista se colocaría fuera de toda legislación internacional ya que “rechaza totalmente los dictados internacionales” sobre un acuerdo de estatus permanente con los palestinos. Jerusalén, Cisjordania y lo que quede de Gaza “no entrarán en discusión. Sus condiciones no se atienen ya a las resoluciones 242, 338 y 425 de la ONU”, que de todos modos Israel ha violado por décadas.

Netanyahu además anunció el cierre de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo (Unrwa) y llevará a cabo un plan de “desradicalización” a nivel religioso, educativo y del ámbito de la beneficencia. La reconstrucción gazatí “solo podrán ejecutarla países a los que Israel dé el visto bueno”.

El plan fue rechazado por la ANP y también por los ministros de ultraderecha que, entre otras cosas, pretenden que la Franja de Gaza sea tomada por colonos israelíes. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, y el de Seguridad Pública, Itamar Ben-Gvir, pretenden directamente el desplazamiento de los palestinos hacia Egipto, fuera de la Franja.

Ted Chaiban, de Unicef, advirtió la semana pasada: “La Franja de Gaza está a punto de ser testigo de una explosión de muertes infantiles evitables, lo que agravaría el ya insoportable nivel de muertes infantiles en Gaza”.

Ese futuro ya llegó, hay que redoblar las movilizaciones y los paros contra la guerra en todo el mundo.

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