Daniel Orieta, un luchador incansable

Escribe Eduardo Molina

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Hoy me enteré del fallecimiento de Daniel Orieta y es inevitable que nos invada una tristeza muy grande.

Daniel, junto a su madre, Juana Loudeiro, fueron incansables luchadores por la aparición de Miguel Orieta, su hermano, desaparecido en Florencio Varela, y de los 30.000 compañeros desaparecidos durante la última dictadura militar.

Daniel también fue quien una tarde golpeó la puerta de mi casa en Varela, allá por el 86, y a partir de ahí se empezó a forjar otra parte de la identidad militante que hoy somos.

Podría contar muchísimas anécdotas compartidas, como que fue quien me dejó ir a volantear a mis 12 años las puertas de los mercados en plenos saqueos en la híper de Alfonsín. Quien me enseñó a cocinar el engrudo para las pegatinas. Quien me explicó qué era el trotskismo. Quien me dio el primer curso sobre el Estado. Fue con quien hice las primeras pintadas.

Siempre tenía esa conducta y esa mirada de quien está sembrando la semilla del porvenir.

Daniel, el Rafa Prieto, el Colo, el Gallego, todos esos compañeros, toda una generación de revolucionarios en Florencio Varela, son parte de una historia que sólo recabó enseñanzas.

La última vez que nos vimos fue en Mar del Plata, marchando contra la domiciliaria al genocida Etchecolatz. Cuando nos volvimos a ver, nos dimos un abrazo fraterno y nos pusimos a recordar todo lo compartido, y ambos compartimos ese sentir de que estábamos en el mismo camino a pesar de los años.

Será hasta la victoria, Daniel.

¡Por Miguel y por los 30.000! ¡VENCEREMOS!

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