La apertura de las universidades exige un debate con los estudiantes

Escribe Fede Fernández

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La imposición objetiva del modo virtual -en medio de la pandemia del coronavirus- abrió un terreno de choques, como lo prueban las marchas y contramarchas sobre los calendarios académicos. La polémica, a nivel internacional, es titular de numerosos sitios.

La UBA resolvió comenzar el cuatrimestre presencial en junio. Forma parte de las presiones para levantar la cuarentena, con menoscabo de la salud, pero en función de planes que alteran la relación laboral en perjuicio de los trabajadores, y la académica en función de los intereses del capital ‘tecnológico’. En esto, Barbieri no está solo. La flamante “comisión de seguimiento del COVID-19”, convocada desde el CIN (Consejo Interuniversitario Nacional) y con la participación de los gremios docentes, no-docentes y la FUA (Federación Universitaria Argentina) estableció “pensar colectivamente” las condiciones del regreso a la presencialidad. Por su parte el ministro de Educación, Nicolás Trotta, ha sentenciado de ´inviable´ el calendario y declarado que “hasta que no se encuentre la vacuna” las clases no vuelven. La crisis política envuelve a los todos bloques de la Universidad.

La ausencia de un plan para garantizar la virtualidad educativa no es solo el reflejo del carácter improvisado de la gestión de las universidades. Hay razones políticas de fondo. En primer lugar, las universidades funcionan como “unidades de negocios” con capital invertido que necesitan movilizar. Los compromisos con las empresas que financian las mismas -con recursos muchas veces mayores a los asignados por el presupuesto nacional-, son el condicionamiento principal. La educación, en este régimen social, es un patrimonio del capital financiero y las autoridades cumplen el papel de agentes de esa privatización. El colapso económico que, a nivel país, se utiliza como factor de presión por un levantamiento de la principal medida sanitaria. El colapso educativo está cumpliendo una función similar.

La Universidad debería ampliar su presupuesto para garantizar el proceso educativo virtual. Esto conllevaría a la ampliación de la planta docente -colocando un tope de estudiantes en las comisiones-, y a destinar fondos para la capacitación docente y la adquisición de recursos virtuales, y a un plan de becas para paliar la deserción. Asimismo, la adaptación a la modalidad virtual requiere abrir un debate sobre los programas de las materias y su correspondiente evaluación. Las camarillas, por el contrario, utilizan la excepcionalidad virtual para avanzar en la sobreexplotación docente y reafirmar el perfil de vaciamiento de las carreras.

Tareas

La principal dificultad del movimiento estudiantil para intervenir en este proceso reside en la crisis de sus direcciones. La ´victoria´ que la Franja Morada y el kirchnerismo quisieron presentar cuando se anunció una “liberación de datos móviles” para dominios de internet inexistentes duró menos que un suspiro. Ambas corrientes presionan a los docentes para continuar con el dictado de clases, mientras el gobierno escatima capacitación y recursos.

La intervención de la UJS (Tendencia) a lo largo de esta crisis se concentró en promover la elaboración de pliegos de reclamos y organizar instancias deliberativas. Fue la experiencia en la conducción del centro de Visuales (Universidad de las Artes) donde, además de una asamblea en la facultad, impulsamos una reunión del conjunto de los centros de estudiantes de la Universidad. Este planteo lo desarrollamos en la asamblea en Veterinaria y la comisión directiva de Filosofía Letras, asimismo en la reunión del activismo del terciario Joaquín V. González. En Exactas-UBA, contramano del kirchnerismo que dirige el centro, promovimos la realización de una próxima asamblea del centro.

La UJS (T) ha resuelto una campaña por la convocatoria a asambleas y reuniones por facultades impulsando una coordinación más general del movimiento estudiantil. La participación de la FUA en la “comisión de seguimiento del COVID” se hace sin ningún tipo de mandato, pero plantea un escenario nacional de discusión. Proponemos la elección de delegados en los cursos, donde se discuta la orientación de los respectivos centros y federaciones. Es necesario un pliego nacional de reclamos. Recursos, capacitación y aumento del salario y planta docente son aspectos nodales. La adaptación virtual exige una discusión democrática sobre los planes de estudio y la modalidad de enseñanza. Las universidades, además, tienen que "abrir los libros": explicar dónde están yendo a parar los fondos presupuestarios y ofrecer un verdadero relevamiento de como está ocurriendo la cursada. ¿Cuál es el porcentaje de deserción en estos momentos? Las autoridades guardan el secreto bajo siete llaves.

Para poner en marcha estos objetivos convocaremos a plenarios abiertos en todas las provincias y regionales donde la UJS (T) tenga su actividad. Para salir a escena el movimiento estudiantil necesita sobre todo reagruparse políticamente. La lucha de la UJS Tendencia por recuperar su agrupación y su partido no tiene un gramo de interés particular (o de aparato). Es la pelea por conquistar a la vanguardia juvenil para su verdadera tarea histórica.

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