El Hospital regional Penna (Bahía Blanca) frente a la pandemia

Escribe Jorgelina Díaz (obstétrica del Hospital Penna)

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La pandemia que transitamos actualmente puso en evidencia la situación crítica de la salud en nuestro país. Los hospitales provinciales vienen golpeados de tantos años de vaciamiento y falta de políticas públicas, y el Hospital Regional Penna de la ciudad de Bahía Blanca no es la excepción.

Las medidas institucionales que se adoptaron variaron desde el comienzo de la pandemia hasta la fecha. Dependían de lo que iba surgiendo en cada lugar, profundizando una triste realidad que se vive a nivel nacional, la improvisación. De todas maneras, ninguna de estas medidas fue y es suficiente para apaliar lo que atravesamos actualmente los trabajadores de la salud. Por ejemplo, en nuestra ciudad, en el Hospital Regional, recién transitando el día 42 de cuarentena, ante la aparición de nuevos casos entre los trabajadores, se incorporó como nueva medida la toma de la temperatura corporal al ingreso a la jornada laboral. En cambio, lo que nos vienen diciendo desde el día 1 es que debemos “cuidar” los recursos, es decir, loe elementos de higiene, como si fueran más importantes que la vida de los trabajadores. La realidad es que todos los recursos escasean y se mezquinan porque no hay la cantidad suficiente frente a un futuro aumento exponencial de casos.

La medida que propuso el Estado como estrategia, el aislamiento social y preventivo, para preparar a los sistemas de salud para afrontar un recrudecimiento de los casos en Argentina, no se evidencia en la práctica diaria de las jornadas laborales. Los elementos de protección personal son prácticamente autosuministrados por el bolsillo de los propios trabajadores, donados o, por qué no, también improvisados, hechos a base de la tapa de un balde de helado y alguna radiografía vieja o acetato tal vez, si tenemos disponible. Esto es lo que se ve todos los días en las mesas de trabajo de enfermería del hospital, el ingenio obrero puesto en marcha para salvaguardarnos de coronavirus y su impacto ante la falta de medidas e insumos por parte del Estado.

Es cuestión de organización para garantizar nuestra propia vida y la de nuestras familias. Resulta imprescindible la organización por parte de los trabajadores de la salud ante la falta de respuestas de las autoridades. No puede ser un hecho fortuito que, en la ciudad, casi 50% de los casos correspondan al personal de salud y que las autoridades salgan a dar comunicados que culpen indirectamente a los trabajadores. Para ellos, resulta mucho mejor que la sociedad crea que la responsabilidad es individual y no que es la desidia del estado la culpable de no proveer los insumos necesarios para todos los sectores de los hospitales y las capacitaciones totalmente necesarias para enfrentar esta pandemia. Los comités de emergencia que funcionan en algunas instituciones deben tener la mirada y la experiencia de los que se encuentran a diario en el terreno de batalla, es decir los profesionales y no profesionales que hacen que funcionen las guardias de emergencia y los servicios en los hospitales. Actualmente en estos comités no hay ninguna participación de los trabajadores, ni se toma en cuenta su opinión para reorganizar las tareas. Desde hace ya un tiempo nos sentimos totalmente desprotegidos, desvalorizados, con una incertidumbre que crece día a día y por supuesto con salarios de miseria.

La pandemia nos encuentra a los trabajadores en un lugar de exposición en primera línea sin los elementos básicos, ni la organización institucional para afrontarla. El Estado, que es quien nos debe cuidar, está ocupado en salvar las grandes multinacionales y su capital. Esta crisis nos tiene que unir en organizaciones y asambleas para una salida obrera urgente.

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